El de Lucía es el último caso de acoso escolar llevado al límite en España

Lucía, la adolescente murciana de trece años que acaba de suicidarse colgándose de su litera, es el último caso de acoso escolar llevado al límite en España.

Una imagen de acoso a una niña / RR SS
Representación de una niña sujeta a acoso. / RR SS

El mundo es un inmenso patio de recreo donde unos cuantos malotes campan a sus anchas repartiendo collejas al resto. Se trata de esas personas que disfrutan con su rol de poderío sobre los demás, aquellas que sienten una excitación macabra cuando consiguen esclavizar psicológicamente al otro y cuyo nivel de ensañamiento es proporcional al estado de sumisión de su víctima.

Como una espantosa araña haría con un insecto, su objetivo es ir doblegándola poco a poco, despojándola de su voluntad para aniquilar toda capacidad de autodefensa y, finalmente, cebarse en ella. No hace mucho, por poner un ejemplo, una pandilla de alemanes logró satisfacer sus más perversos deseos de supremacía cargándose a unos cuantos millones de judíos.

En muchos hogares, la familia entera teme a la bestia que llega por la noche a casa repartiendo terror pero que, sin embargo, sonríe a los vecinos en la calle

Las oficinas, los supermercados o los comercios están salpicados de este tipo de monstruos que acorralan al empleado o empleada de turno mientras sufre en silencio su particular infierno; en muchos hogares, la familia entera teme a la bestia que llega por la noche a casa repartiendo terror pero que, sin embargo, sonríe a los vecinos en la calle; y, en los institutos o colegios, bajo un gesto angelical, también estas alimañas se alimentan de la vulnerabilidad de aquellos compañeros incapaces de hacerles frente.

El horror es cuestión de raza, la nuestra, y no entiende de edades, ni de sexo, ni siquiera de estratos sociales. De hecho, Lucía, la adolescente murciana de trece años que acaba de suicidarse colgándose de su litera es el último caso de acoso escolar llevado al límite en España. Perseguida e insultada desde el colegio por sus agresores, la cría ya había intentado tirarse a las vías del tren movida por la desesperación más absoluta.

Me pregunto qué demonios sentirán ahora sus verdugos después de conseguir su esplendorosa hazaña, qué castigo les espera y si los representantes de la ley serán capaces de convertirse en cómplices de dicha atrocidad tejiendo hilos para que esta repulsiva tela de araña nunca se rompa.

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