Relatos de barriadas josefinas: Los cuentos de mi tía

Atardecer.
Atardecer.

Abriendo los ojos y sosteniendo la respiración, escuchabamos impávidos las historias de la segua, el padre sin cabeza y el cadejos.

Relatos de barriadas josefinas: Los cuentos de mi tía

Oscura la noche y alrededor de mi tía, un puñado de chiquillos, abriendo los ojos y sosteniendo la respiración, escuchabamos impávidos las historias de la segua, el padre sin cabeza y el cadejos. Yanicia, Solana, Anakarina, Marinho y Calani, éramos los habituales en aquel pretil que tanto recordamos.

Cerca de las diez, hora de partir, lejos de casa y teniendo que pasar por donde asustan, los predios de Teddy, el enorme pastor alemán que no me daba tregua, siempre listo para correr detrás de uno, sin nadie que me ayudara más que mis piernas flacas, para llegar en una sola pieza. Agitado a más no poder, celebraba el momento de ganarle otra vez.

Relatos de barriadas josefinas: Los cuentos de mi tía