Longevidad récord, dependencia en aumento: el reto demográfico que ya está aquí
Los números no mienten, pero tampoco hablan solos. Detrás de cada estadística sobre el envejecimiento de España se esconde una historia colectiva: la de un país que ha aprendido a vivir más, pero que aún no ha resuelto cómo vivir mejor. La longevidad, que durante décadas fue símbolo de progreso, empieza a mostrar su doble filo: más años de vida no siempre significan más años de salud, autonomía o bienestar.
Hoy, casi 10 millones de personas de 65 años o más residen en España, lo que representa el 20,4% de la población total. De ellas, más de 650.000 superan los 90 años y un 6,1% ha cruzado ya el umbral de los 80. Las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) son tan claras como inquietantes: en 2045, los mayores podrían superar los 15,9 millones de habitantes, el 29,2% de la población. Un país donde tres de cada diez personas estarán en la vejez, y donde el reto no será solo sostener el sistema de pensiones, sino reinventar el modo en que entendemos el envejecimiento.
El informe Un perfil de las personas mayores en España 2025, elaborado por el CSIC, dibuja un retrato tan admirable como desafiante. España está entre los países más longevos del mundo, con una esperanza de vida que alcanza los 83,77 años —86,3 en mujeres y 81,1 en hombres—, pero el tiempo ganado a la muerte se pierde, muchas veces, frente a la enfermedad o la dependencia. Más de la mitad de los mayores de 85 años conviven con enfermedades crónicas, y un 10,9% de los mayores de 65 tiene limitaciones graves en su vida diaria.
El demógrafo Julio Pérez Díaz, coordinador del estudio, lo resume con una frase que debería encabezar la agenda pública: “El reto no es solo cuántos años vivimos, sino cuántos de ellos transcurren en buena salud”. Una advertencia que suena urgente en un país donde el proceso de “sobreenvejecimiento” se acelera con la llegada a la vejez de los baby boomers, esa generación que transformó la sociedad y que ahora pondrá a prueba la capacidad del Estado para cuidar a sus mayores.
La dependencia, el talón de Aquiles del bienestar
En 2024, uno de cada cuatro hogares con personas mayores contaba con miembros en situación de dependencia, pero solo el 38,4% recibía ayuda a domicilio. La financiación pública ha aumentado, sí, pero más de 530.000 hogares siguen teniendo necesidades sin cubrir. La consecuencia es doble: un sistema de cuidados tensionado y familias que asumen, en silencio, el peso de una vejez frágil.
Salud, estilo de vida y desigualdad
El informe también pone el foco en los hábitos de vida. Casi la mitad de los hombres mayores y más de un tercio de las mujeres tienen sobrepeso; el sedentarismo afecta al 38,5% y la actividad física regular apenas alcanza al 42,5% entre los mayores de 65 a 69 años. “El mantenimiento de un peso saludable, la práctica regular de ejercicio físico y la ausencia de tabaco son los pilares de un envejecimiento activo”, recuerda el investigador Diego Ramiro Fariñas, coautor del informe.
Pero no todos parten del mismo punto. Las diferencias de ingresos, nivel educativo o territorio siguen marcando quién puede envejecer con más calidad de vida. El riesgo de pobreza entre los mayores se sitúa en el 16,9%, con una brecha de género persistente: un 18,9% de mujeres mayores frente a un 14,4% de hombres.
Una nueva vejez digital y resiliente
A pesar de los desafíos, hay señales de esperanza. El 70,5% de los mayores de 65 a 74 años utiliza Internet a diario, lo que refleja una brecha digital que se estrecha. Las tecnologías se han convertido en aliadas para comunicarse, informarse y mantener la autonomía. Es la muestra de que la vejez del siglo XXI no será pasiva, sino conectada, más consciente y más exigente.
España envejece, sí. Pero también tiene la oportunidad de liderar un nuevo modelo de longevidad, donde la vejez no sea sinónimo de enfermedad o dependencia, sino de plenitud y participación. El verdadero éxito de vivir más no será contarlo en años, sino en la calidad con que los vivamos. @mundiario

