Loliña, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía...
"He aquí mi versión personal de la novela que conocí en un momento tortuoso. Esta es la relación que he mantenido con un popular personaje", escribe la autora en la introducción a este relato.
"He aquí mi versión personal de la novela que conocí en un momento tortuoso. Esta es la relación que he mantenido con un popular personaje", escribe la autora en la introducción a este relato.
Ya no puedes columpiarte en su regazo, ahora jura con la mano en tu pecho que te portarás bien. Te creías los cuentos y su final feliz y sigues triste, eras la alegría de la casa pero jugabas a cuidar de tus muñecos desde que perdiste tus dientes de leche. Traste y juguetona, obedecías a todos sus deseos por un puñado de gominolas. Te bastaba con dormir la siesta para huir de ese mundo de mentira, cada día el televisor te abría las puertas. Todos sus castigos te parecían oportunos para con tu melancolía, sin embargo podías timbrar en casi todos los portales y encontrar un amigo.
El colegio fue tu mejor comienzo, con lo fácil que es pensar y lo duro que es decirlo. ¿No querías ser mayor? Aquí tienes tu miedo, he aquí lo soñado, genuina aventurera. Todo avanzaba, todo se hacía grande, pero llegó un día en que dejaste de mirar la hora. En las vacaciones perdías la noción del tiempo, ahora hay recuerdos que te atormentan. Tu sensación de hastío es como un largo verano, como una ensalada de tomate que detestas. Tú estudiabas, los demás aprendían: cuando tú tenías prisa, ellos te miraban al pasar.
Amores fugaces han recorrido tu desarrollo, pero sólo hay un hombre en tu vida y sigues siendo la única que nada en sus sábanas. Querida, pequeña, pizpireta en apuros… ¿Quién te llamó Loliña? Berberechita salada, cachito de pan. Tu mirada se pierde asombrada en el gentío y esos ojos brillan como el sol de mediodía y anochecen para dar un sí.
Parece ahora que todos se van a morir y hay un trauma en tu nombre y sombras en tus ojeras. Recuerdas aquella tarde lluviosa en que los pies te resbalaban en tus zapatos y se rifaba un beso. Aquel beso corrió de boca en boca. Aquel día fue la sentencia que te dejó sola.
Rápida como las brasas, aceptaste toda invitación, pero en tu momento no tuviste a dónde ir… Caliente, ardiente, casera, te quemaron como a las brujas y escondiste la cabeza entre tus manos. Tus sentidos te torturan más que la gente, aunque nadie como mamá cuando se enfada. A veces les deseas una bomba, te conformas con que no se enteren. Juegas a seducir pero llegas a un punto en que tienes miedo y, entonces, se enfadan como mamá.
No sabes nada de la vida porque nadie te lo ha dicho. El secreto que no desvelaste te acosa en los espacios cerrados. Si bien te criaste en la calle, tus sueños cruzaban la pantalla. Cumpliste tantos años como promesas, abandonaste aquello que te hacía daño y ahora no tienes nada.
Loliña era una estrella, es una artista. Escuchaba las críticas de los mayores y se reservaba el uso de la razón. Hay una llama en tus entrañas que tira paredes y planta jardines, pero, de momento, deja que se hayan equivocado. Tú cometiste muchos errores… ¿No es la historia de este mundo un desastre? ¿Te entendió Dios cuando no sabías lo que estabas pensando? Sigue esperando por ti aquel chico, siguen hablando de ti.
Eras el divertimento de todos, un frágil juguete. La muñeca chochona que sortea la tómbola a viva voz para que todos se enteren hasta que te sonrojas de la vergüenza.
Nadie lo veía venir, y es que tú no sabías qué hacer sino desaparecer… Una niña perdida; te has convertido en aquella furcia de la que te burlabas.
No estabas preparada para el sexo, no eres consciente de lo que sigues haciendo… Pero les gusta. Y a ti te vale que les guste, anhelas ser querida por todos porque no alcanzas a decidirte. Acabarás mal, y eso que todo se ha acabado. Te parece que los gustos enseñan educación y lo que ven los demás es que enseñas mucho. Pero has dado una lección al mundo cuando rechazaste a todos los chicos por tu amiga. Ella se ha casado, ellos se ríen de ti.
Creías que sabías de todo pero te escondías de los hombres. Te seduce el olor a vino de un tabernero, el ejercicio de un atleta. Ahora estás desesperada, sea por lo que sea que aún no sabes. Esa duda te ayuda a seguir, pero nunca acertarás: llegas tarde. No tienes nada más que ofrecer que tu cuerpo y tu miedo. Ello te hace atrayente, pero así no conocerás el amor… No es como lo imaginabas, no es íntimo.
¿Quién te asusta? No querías que nadie te tocara, pero tu piel es sensible a la retina. Y te engaña papá, y te miente tu hermana. Todo el mundo se enterará de tus pecados si no juras que no dirás tonterías al nuevo chico, que te has vuelto una picarona desde que dices tacos. Su mirada ensangrentada siempre te teñirá de desgracia, mi Lo-li-ña.