¿Por qué se llama España?

Bandera de España. / facebook.com
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Hispania es la traslación latina del acrónimo ibérico: ES · PAN · ῆA (Todas las cosas) aunque Roma con la locución His Pania la entendía mejor como (Esa grande) y que justamente es un sinónimo de Magna, dicho ahora en perfecto latín.

¿Por qué se llama España?

Verán, mucho nos pueda sorprender el nombre de España siempre se vocalizó de este modo y esto tiene una razón ortográfica y fonética que a continuación les explico con todo detalle. Me hago cargo de que esta afirmación les deje perplejos, no puede ser de otro modo; voy a transmitirles una epistemología que ha estado inédita durante miles de años.

Miren, de la denominación España se ha dicho que deriva del nombre Hispania dada por romanos. No obstante, los historiadores han admitido que el nombre no es una palabra que proceda del latín y los etimólogos se encuentran desconcertados. Por un lado saben que la voz Hispania no es latina y  por otro conocen que cuando se referían a la península ibérica lo hacían llamándola de este modo. La teoría más extendida es que: “«Hispania» proviene del fenicio i-spn-ya” según cita Wikipedia, pero me consta que esta teoría se asumió sin la debida comprobación y al carecer de los adecuados conocimientos y correcta alfabetización en nuestra lengua ibérica.

En primer lugar sería bastante incongruente sino una ofensa y sin precedente para los romanorum tomar propuesta fenicia viniendo de los acólitos de sus grandes enemigos púnicos y nombrar en su administración una Magna Hispania. No es razonable en términos históricos y tampoco lo es en los ámbitos lingüísticos, máxime cuando averigüé que Hispania es la traslación latina del acrónimo ibérico: ES · PAN · A (Todas las cosas) aunque Roma con la locución His Pania la entendía mejor como (Esa grande) y que justamente es un sinónimo de Magna, dicho ahora en perfecto latín. Sea como fuere que otras naciones escribieran o vocalizasen el topónimo, lo cierto es que para nuestros antepasados el término nunca dejó de ser /España/. Son los autores y es su ineludible dejo.

¿Cómo? Lo explico mejor, es que nuestra lengua la vemos escrita con caracteres latinos y por lo tanto suponemos que fue razonada igualmente en latín pero en realidad fue pensada de otro modo. Fueron nuestros ibéricos quienes la construyeron basándose en una filosofía del lenguaje dialectal griego. Así que luego, durante la romanización tomó el aspecto romanizado a ras para España, año, Iñesta, etc. Nadie mejor podría saberlo, modestamente comprendí que mi segundo apellido y que como sabrán es Iñesta era el modo fijado de escribirlo en castellano, mientras que Iniesta era la traslación latina castellanizada. Verán, la escritura ibérica se reservó a las principales instituciones ibéricas que punteaban en distintos soportes a su alcance, en especial sobre metales pero asimismo no dejaba de ser la lengua vernácula de nuestros pueblos autóctonos, aunque la pretendieran ilustres lenguas extranjeras. Y es que las letras son representaciones gráficas de una lengua que es hablada. Sencillamente surgía natural y la mantuvieron viva desde una milenaria tradición oral de padres a hijos. Esa lengua ancestral es la misma que más tarde adoptaría una tardía apariencia latina y que se llamó romance. Y ellos no tenían letras doppia “dobles” pero se considera que cuando aparecía por ejemplo Anno, lo que se hacía era poner tilde sobre una “n” y obviar la otra. No era exactamente así pueda parecerlo, cabe señalar que Anno nunca fue castellano sino latín y pudiera sorprender pero el hecho es que en la península siempre se ha dicho Año. El nacimiento de nuestra peculiar letra “ñ” es connatural a nuestra fonología ibérica.

Pero para que se entienda algo tan complejo en toda su extensión, expondré por caso que nuestra preposición “con” en castellano antiguo se escribía: co֘ . No hay doble “n” y la que supuestamente tuviera tampoco está, en cambio añade un acento propio. De hecho, tanto es así que nosotros decimos España y es claro que Hispania no tenía dos. Permitan que les anuncie que esa explicación y aceptada hasta nuestros días no es válida. Los castellanos antiguos no ponían una tilde sobre una “n” y obviaban la otra pero ¿qué ocurría si como presunta precedía a la vocal “i”? Pues ¡asombroso! Era la “i” la que se convertía en consonante. Lo que vemos en el término España no es una “N” con virgulilla sino una “I” con acento circunflejo y que adopta la forma: “”. En términos generales nuestra vendría a ser la letra homóloga de la letra griega conocida como ήτα περισπωμένη.

Y el caso que nos ocupa es extraordinario porque es el resultado de una grave confusión: La letra “ñ” no se trata de la consonante “n” con virgulilla como se tiene por más cierto, sino de otro carácter distinto y producto de una vocal “i” consonantizada. Proviene de una antiquísima conjunción ibérica que como lexema significa suma o total. Pero... ¿suma de qué? Pues justo de la vocal “i” más el acento circunflejo dado que originalmente no era la palabra España sino la frase -Es Pan ῆa-. La razón fundamental para el desacierto es que este elemento al sonar como una consonante nasal (sonora) palatal [ɲ] se presumió que en castellano el caracter (n) abolido permanecía y en cambio no se advirtió de que se trataba de la correlativa / î / con un acento ibérico. No entro a ponderar los entresijos de esa omisión, sólo constato que es la prueba de que nuestro idioma es ibérico y que no únicamente se caracteriza por un peculiar yeísmo sino también por un insospechado ῆeísmo. La Ñ (î) es una evidencia léxica de la identidad ibérica del idioma español.

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