Melchor, Gaspar y Baltasar: la leyenda de los Reyes Magos

Melchor, Gaspar y Baltasar.
Melchor, Gaspar y Baltasar.

Los asuntos de política internacional que aquellos hombres trataron fueron puramente de paz y amor. Los más ricos manjares, evoca este autor en su nuevo artículo para MUNDIARIO.

Melchor, Gaspar y Baltasar: la leyenda de los Reyes Magos

Los asuntos de política internacional que trataron Melchor, Gaspar y Baltasar fueron puramente de paz. Aunque también de amor. Pero antes habrían de pasar por las inhóspitas soledades de los caminos, hasta llegar a Belén de Judá. Pese a que lo más sobresaliente de esta historia  de la adoración de los Reyes Magos, es que encarna el hecho más singular acaecido en la vida privada de Jesús.

Para nuestra inteligencia, diríase que se trataba de un hecho insólito, pero, a decir verdad, que en un tan pequeño y lejano rinconcito del mundo conocido llamado Belén de Judá flotara ya en el aire, de santos y de sabios, un prodigio antes aún no conocido de que naciera Jesús, ¿significaba acaso que ya estaba presente, en el corazón de aquellos sabios, el nacimiento de Jesucristo? Es casi seguro que fuera así. De modo que con el aire de alegre misterio en los ojos, partieron los tres Reyes Magos de Oriente.

Del legendario Egipto, de la vieja y monumental Grecia y de la semisalvaje India salían los predestinados -oro, incienso y mirra- partieron de Europa, Asía y África los embajadores Melchor, Gaspar y Baltasar. Aunque es verdad que Dios hubiese podido elegir a muchos emisarios más, sería luego del todo imposible la presencia de tanta gente en Belén, un pueblo tan pequeño.

Gaspar había nacido en Grecia. Era hijo de Cleantes, el ateniense, en cuya ciudad gozaba de gran prestigio. Inició su viaje embarcando en las costas griegas y, tras mucho navegar, llegó finalmente a Antioquía. Tras cruzar Emasa y Bostra, hasta Damasco, para   continuar luego el viaje a través del desierto.

Melchor era hindú. Había nacido en las entrañas de la misteriosa y exótica India. No puede decirse sin embargo que el áspero y largo camino lo hizo sobre una alfombra de rosas, ni tampoco fue más fácil que el de sus compañeros. Aunque se da por seguro que su camino fue más corto que el de sus  compañeros, no obstante hubo de cruzar  Kabul, Yezh, Labul, Ispahan y Bagdad.

El tercer rey, Baltasar, procedía de Alejandría. Era príncipe y sacerdote egipcio. Este último rey completaba trilogía de los Reyes Magos d Oriente. Y aunque es posible que fuese el que más cerca se hallara de Belén, tuvo no obstante que cruzar Suez, Kufilewh, Ammón, Moab, etcétera.

Tras largos días de difícil camino, llegó la hora del encuentro, en un punto del desierto. Allí instalaron tiendas de campaña; comieron y  conversaron, dichosos y agradecidos por ser elegidos para tan importante misión. Y pese que hablaban distintas lenguas, el milagro de Dios hizo que se entendiera como si conversaran con sus propios hermanos. Cada cual contó su propia historia, a modo de presentación: Melchor versó sobre el Ramayana y el Mahabharata, libros que, como todos sabemos, reflejan la vida religiosa y cultural del subcontinente indio, así como buena parte del resto de Asia. También recordó los grandes Snastras, que eran libros de órdenes sagradas, y recitó pasajes del Up-Amgas. Los temas elegidos por Gaspar se relacionaban con la antigüedad de su pueblo, así como de los grandes forjadores de su historia. Baltasar enumeró alguno de los dioses que adoran en su país: Ras, Isis, Phat…

Los asuntos de política internacional que aquellos hombres trataron fueron puramente de paz: Paz y amor, amor y poesía. Los más ricos manjares.

Melchor, Gaspar y Baltasar: la leyenda de los Reyes Magos