León XIV y las sombras del Sodalicio: ¿una campaña de desprestigio o denuncia auténtica?
En vísperas del cónclave que eligió al cardenal Robert Prevost como nuevo Pontífice bajo el nombre de León XIV, comenzó a circular un dosier anónimo con acusaciones de encubrimiento de abusos sexuales que supuestamente habrían tenido lugar en la diócesis peruana de Chiclayo, cuando Prevost era obispo. El momento elegido para su difusión y la falta de pruebas sólidas ya habían despertado sospechas sobre la intención detrás de estas denuncias.
La acusación principal sostiene que en abril de 2022, tres hermanas se reunieron con Prevost para denunciar abusos sexuales cometidos por dos sacerdotes en 2004, cuando ellas eran menores. Según el documento, el entonces obispo les habría dicho que no podía investigar eclesiásticamente los hechos sin una denuncia ante las autoridades civiles. Sin embargo, las víctimas habrían encontrado el caso prescrito en el fuero penal. El mismo informe también le atribuye haber encubierto otro caso durante su tiempo como superior de los agustinos en Chicago, sin ofrecer evidencias adicionales.
El Vaticano, advertido con antelación sobre la circulación de estos rumores, condujo una investigación interna a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe. La conclusión fue tajante: no existía conducta reprochable por parte de Prevost. Pese a ello, el informe se filtró justo cuando su nombre resonaba como uno de los candidatos más viables para suceder a Francisco, lo que refuerza la tesis de una operación política.
Para los periodistas peruanos Pedro Salinas y Paola Ugaz, las denuncias no sólo son falsas, sino que responden a una estrategia orquestada desde el núcleo del Sodalicio de Vida Cristiana —una organización religiosa disuelta en enero de 2025 por el propio Francisco tras una investigación del Vaticano por abusos sexuales, psicológicos y comportamientos de secta—. Ambos periodistas, que destaparon dicho escándalo en 2015 y desde entonces han sufrido campañas de acoso y procesos judiciales, aseguran que Prevost fue uno de sus principales aliados en la lucha por la verdad y la justicia para las víctimas.
Salinas, en particular, ha sido tajante al respecto durante una entrevista con el medio Religión Digital, especializado en temas eclesiásticos. “Las denuncias contra Prevost son absolutamente falsas y fueron promovidas por sectores ultraconservadores de la Iglesia para deslegitimarlo. No hay sustento documental ni testimonios sólidos”. Además, afirma que fue gracias a la mediación de Prevost que lograron presentar directamente al Papa Francisco las pruebas que llevaron a la intervención del Sodalicio.
Por su parte, Paola Ugaz destaca que Prevost no sólo les brindó apoyo, sino que tomó decisiones difíciles, como la destitución de un influyente obispo vinculado al escándalo. “Fue empático, comprometido con las víctimas y cumplió lo que prometió. Por eso, esos sectores que normalizan la deshumanización le han jurado la guerra”.
Desde la diócesis de Chiclayo, donde Prevost ejerció hasta 2023, siempre se negaron las acusaciones. A pesar de ello, estas resurgen cíclicamente, siempre en momentos críticos para su carrera eclesial, como cuando fue nombrado prefecto del Dicasterio para los Obispos o ahora, al ser elevado al papado.
Es cierto que el pasado reciente de la Iglesia está lleno de omisiones dolorosas frente a los abusos, pero no todos los señalados merecen la misma condena. En este caso, la evidencia apunta más a una operación de descrédito político-religioso que a una verdadera búsqueda de justicia. La paradoja es que quien apoyó y acompañó a las víctimas ahora es señalado por los mismos sectores que encubrieron o minimizaron sus denuncias durante años.
La figura de León XIV, lejos de representar una continuidad con el silencio cómplice de otros tiempos, parece encarnar una voluntad firme de reformar la Iglesia desde dentro. Si bien el escepticismo es comprensible ante un historial institucional problemático, también lo es reconocer cuándo las acusaciones se utilizan como herramienta de manipulación.
El desafío que ahora enfrenta el Papa León XIV no es sólo interno. Tendrá que lidiar con una Iglesia polarizada, una curia plagada de intereses encontrados y una red de sectores que aún ven en la transparencia un peligro para sus intereses. Pero si algo ha demostrado su trayectoria, es que no le tiembla la mano ante los abusos ni se aparta de las víctimas.@mundiario

