León XIV y su primera misa: continuidad con Francisco, pero con un tono propio
La homilía inaugural en la Capilla Sixtina deja entrever los primeros matices de un pontificado que, aunque bebe del legado de Bergoglio, marca ya un estilo más ceremonial y firme frente a los desafíos contemporáneos de la fe cristiana.
La elección del cardenal estadounidense Robert Francis Prevost como el Papa número 267 de la Iglesia Católica ha traído consigo una mezcla de continuidad y renovación. En su primera misa como León XIV, celebrada en la Capilla Sixtina un día después del cónclave, el nuevo Pontífice ha dejado claro que, aunque sigue los pasos de su antecesor, el Papa Francisco, no pretende ser una mera copia. Su homilía, marcada por la defensa de la fe frente a una sociedad que la ridiculiza, ha sentado las bases de un pontificado que se presenta más combativo en lo doctrinal y más solemne en las formas.
León XIV ha comenzado su papado dirigiéndose a los cardenales que lo eligieron con un mensaje de agradecimiento cargado de simbolismo. Hablando en inglés, su lengua materna, y luego en italiano, el nuevo papa ha mostrado un gesto de cercanía cultural al tiempo que ha subrayado su compromiso con la Iglesia universal. Su primera homilía ha girado en torno a una idea clara: el testimonio alegre de la fe cristiana en un mundo que cada vez la considera más ajena.
A diferencia del tono pastoral, casi fraternal, de Francisco en sus primeros mensajes, León XIV ha optado por una expresión más analítica y crítica. Como Francisco, ha pedido continuar la misión de “dar testimonio de la fe gozosa” en un contexto en el que “la fe cristiana se retiene en un absurdo, algo para personas débiles y poco inteligentes, contextos en los que se prefieren otras seguridades distintas a la que ella propone, como la tecnología, el dinero, el éxito, el poder o el placer”.
Y ha afirmado con determinación que, precisamente por eso, “la misión es más urgente”. Esta lectura del mundo moderno como un terreno hostil, pero necesitado de fe, remite a una visión más clásica de la Iglesia como faro frente a las tinieblas del relativismo.
Estética papal: vuelta a los símbolos
Más allá del contenido, los gestos también han hablado. León XIV ha recuperado en su primera aparición pública la muceta roja, la estola papal y la cruz dorada, signos litúrgicos que Francisco había dejado de lado deliberadamente como muestra de sencillez evangélica. Este cambio de estilo no es baladí. Indica que León XIV podría adoptar una imagen más institucional del papado, más vinculada a la tradición litúrgica y a la representación del ministerio como un servicio visible, no solo espiritual.
Esta diferencia también se percibió en su ubicación durante la misa: eligió predicar desde un lateral de la Capilla Sixtina y no desde el altar, pero lo ocupó después para dar la comunión. Es un equilibrio entre respeto al rito y gestos de humildad, que podría marcar el tono medio de su pontificado.
De Francisco a León XIV: dos caminos que se cruzan
Aunque el nuevo Pontífice ha citado varias veces al Papa Francisco —dstacando su insistencia en la “fe gozosa” y en la centralidad del testimonio—, también ha comenzado a dibujar su propia hoja de ruta. Frente al tono inclusivo y la apertura pastoral de Jorge Mario Bergoglio, León XIV se ha mostrado más firme en su diagnóstico de la crisis de fe y más enfático en la necesidad de conversión y compromiso.
Francisco inició su pontificado con una visita a la pequeña isla italiana de Lampedusa, puerta de entrada a la UE en mitad del Mediterráneo, en defensa de los migrantes, lanzando un mensaje claro sobre sus prioridades: los pobres, las periferias y la misericordia. León XIV aún no ha revelado su primer destino, pero se especula con que pueda ser Turquía, con motivo de los 1.700 años del Concilio de Nicea, el primero de la cristiandad.
La misa de inicio del Pontificado será el 18 de mayo, cuando León XIV recibirá el anillo del pescador y tomará oficialmente el relevo de San Pedro. En ella, se espera una presencia destacada de líderes internacionales y un despliegue ceremonial que marcará una diferencia con la sobriedad deliberada con la que Francisco inauguró su ministerio en 2013. Será este domingo al mediodía cuando Prevost rezará la oración del Regina Coeli, desde la Logia central de la Basílica de San Pedro, el Ángelus y dará una bendición a los fieles.
Además, el hecho de que el nuevo papa se instale en el Palacio Apostólico —a diferencia de la elección de Santa Marta por parte de Francisco— confirma una preferencia por el esquema institucional más tradicional del Vaticano, aunque temporalmente habite en la sede del Santo Oficio mientras terminan las obras.
Un pontificado en construcción
León XIV ha llegado tras un cónclave breve, pero intenso. Su elección, en apenas 24 horas y media, refleja un consenso sólido entre los cardenales que veían en él una figura de continuidad con reformas mesuradas, cercana a Francisco, pero capaz de reafirmar ciertos elementos del catolicismo más tradicional.
La Iglesia, que ha atravesado una década de apertura, sin rupturas, pero con gestos profundamente simbólicos bajo Francisco, entra ahora en una nueva etapa. León XIV no reniega de su antecesor, pero tampoco lo imita. Su estilo, más sobrio en lo personal pero más solemne en lo institucional, podría suponer un reequilibrio entre la pastoral de proximidad de Bergoglio y la autoridad doctrinal que muchos reclaman ante los desafíos contemporáneos.
Al final de su homilía, el Pontífice ha hablado de la obligación y el “compromiso irrenunciable para cualquiera que en la Iglesia ejercite un ministerio de autoridad” de “desaparecer para que permanezca Cristo, hacerse pequeño para que Él sea conocido y glorificado, gastándose hasta el final para que a nadie falte la oportunidad de conocerlo y amarlo”. “Que Dios me conceda esta gracia, hoy y siempre, con la ayuda de la tierna intercesión de María, Madre de la Iglesia”, pidió León XIV. @mundiario