El laboratorio de los griegos

Mujer entre esculturas. / Cotonbro en Pexels
Mujer entre esculturas. / Cotonbro en Pexels
¿Está la sociedad moderna absorbiendo al ser humano moderno? ¿Hemos entregado nuestro crecimiento a las instituciones?
El laboratorio de los griegos

-> Artículo firmado por Nazareth Castellanos y Ezequiel Castellanos.

Noli foras ire (…) interiore homme habitat veritas” (no salgas fuera de ti, en el interior del hombre habita la verdad). Las palabras de San Agustin (siglo V) resultan tan actuales como influyentes fueron para tantas corrientes meditativas posteriores. Pero esa reacción, esa actitud de refugio (o huida) hacia la propia intimidad como respuesta o defensa frente a la tentadora dispersión o distracción que la vida social demanda estaba ya - ¡cómo no! - en aquellos griegos que reflexionaron de manera original acerca de los problemas de los seres racionales.

Las escuelas herederas de aquel desafío de “conócete a ti mismo” socrático pusieron en práctica ese “consejo” de maneras diferentes, según el momento político, situación histórica, personal o recursos. Destacamos tres de aquellas corrientes que se enfrentaron a la cuestión de cómo vivir con dignidad en aquellos mundos (como cualesquiera otros, todos en realidad) que acosaban la independencia individual y que muchas veces no veían con agrado que alguien optara por apartarse del resto de los ciudadanos.

Por una parte estaban los cínicos, vagabundos, anárquicos, dasarraigados, bufones que rechazaban los convencionalismos sociales y llevaban una vida austera de acuerdo con la naturaleza. No pretendían convencer a nadie, de hecho no queda claro que constituyesen una escuela.

Por otra parte los hedonistas, que también se apartaban de la polis y se refugiaban en el jardín a charlar y a dominar las pasiones eliminando los deseos innecesarios. “Pasa desapercibido” era una de sus máximas.

Y finalmente destacamos a los estoicos, parecidos a los hedonista aunque tuvieron su propio desarrollo, defendían una “resignación consciente” a lo que sucediera que no dependía de uno mismo sino del fatum (destino). Podríamos, eso sí, acostumbrarnos y aprender a dominar nuestra respuesta pero sin pasión (a-patía), es decir, sin alegría ni pena.

Autodominio, autosuficiencia, austeridad, o análisis eran algunas de las claves de estos movimientos como respuesta a una vida social que no garantizaba la felicidad, ya que la polis había dejado de ser parte de uno mismo y uno mismo no podía esperar que la polis resolviera sus problemas. De ahí la huida hacia uno mismo.

Podemos caer en el riesgo de educar a seres acostumbrados a recibir la pastilla, tratamiento o formas de ser en vez de buscarla en su foro interno. Decía Pascal que los problemas de la humanidad surgen porque no sabemos estar en casa.

¿Está la sociedad moderna absorbiendo al ser humano moderno? ¿Hemos entregado nuestro crecimiento a las instituciones? La organización social nos ha posibilitado un estado de bienestar jamás soñado, la medicina o programas psico-educativos están más que nunca al alcance de todos y perseguimos que las escuelas incluyan desde primaria protocolos validados y estándar para conocerse a sí mismo. Los beneficios son evidentes, pero podemos caer en el riesgo de educar a seres acostumbrados a recibir la pastilla, tratamiento o formas de ser en vez de buscarla en su foro interno. Decía Pascal que los problemas de la humanidad surgen porque no sabemos estar en casa.

En el año 2012 la Universidad de Harvard llevó a cabo un proyecto bautizado con valentía como “la mente sobre la materia”. En dicho experimento lo voluntarios se sometían a una serie de situaciones estresantes o desagradables. Solo algunos de ellos estaban entrenados para reflexionar sobre su propia conducta ante tal mal trago. Aquellos que no encontraban refugio o huida a la propia intimidad, que diría San Agustin, sufrieron las consecuencias biológicas de una situación angustiosa. Los que concentraron su atención en el propio estado experimentaron una respuesta fisiológica y psicológica diferente. Cínicos, Hedonístas o Estoicos invitan a conectar con la soledad que ofrece la naturaleza, a aceptar la situación impuesta y a reflexionar. Pero sobre todo invitan a habitar el propio ser frente a un entorno que esta cerca de sobrepasar la frontera de ser invasivo para ser castrante.

Aprender de quienes saben, decía Kavafis. La investigación psico-biológica está aportando hoy una visión más integrada u holística del ser humano que hace tan solo diez años. Hemos dejado atrás el imperialismo genético y la lucha contra la enfermedad para dar paso a la salutogénesis, el estudio de los factores que causan salud, física y mental. Entre ellos no sólo están los obvios y más que citados en los medios como la dieta, ejercicio físico o gestión del estrés, sino también está la reflexión, la importancia del búsqueda de sentido, de comprensión y de reflexión. Podría ser ahora momento de volver la vista atrás y recuperar - ¡cómo no! - lo que ya se sabía en Grecia.  Estas corrientes de pensamiento helénico fueron durante siglos despreciadas o mal entendidas por la moral cristiana que dominaba el pensamiento medieval o moderno. Se tachó a sus seguidores de degenerados, concupiscentes hasta que fueron reivindicados como pensadores “autónomos” frente a la imposición de un buen general, una moral universal o un pensamiento único.

La maquinaria experimental científica vuelca datos a un ritmo vertiginoso, océanos de información que hay que convertir en conocimiento. ¿Podría la filosofía, de la mano de la ciencia esta vez, ser una brújula que nos indique cómo volver a casa? @mundiario

El laboratorio de los griegos
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