Un juego de dados deja un saldo mortal en la Universidad Estatal de Tennessee
Dos jóvenes se enzarzaron en una pelea a puñetazos en el recinto universitario, y de repente uno de ellos sacó una pistola y abrió fuego.
Dos jóvenes se enzarzaron en una pelea a puñetazos en el recinto universitario, y de repente uno de ellos sacó una pistola y abrió fuego.
Acaba de ocurrir otro tiroteo más en una universidad norteamericana. Pasó en la Universidad Estatal de Tennessee en Nashville, el jueves 22 de octubre, tarde en la noche. Esta vez no se trató –como en tantos otros casos– del ya típico joven con trastornos mentales que irrumpe en el plantel armado hasta los dientes y la emprende a balazos contra cualquiera que se le ponga por delante. En esta ocasión, el tiroteo se produjo tras una discusión por un juego de dados.
Según los testigos, la discusión degeneró en una pelea a puñetazos, y de repente alguien sacó un arma y abrió fuego. La balacera dejó muerto a un joven de 19 años –que no era estudiante de la universidad– y varios heridos.
Don Aaron, vocero de la policía local, dijo que fue “un incidente aislado de disparos en un patio” de la universidad y que las autoridades creen que en ningún momento hubo otros estudiantes en peligro en el centro docente. O sea, que si una persona está en un recinto universitario con una pistola y comienza a disparar, solo los que están a su alrededor están en peligro. Los demás pueden seguir con su rutina habitual mientras retumban las detonaciones en las cercanías. La explicación del vocero policial raya en el disparate. Precisamente unas estudiantes que pasaban por el patio y que no tenían nada que ver con el incidente, resultaron heridas de bala, por suerte levemente.
Varios estudiantes filmaron la pelea con sus celulares, hasta que comenzaron los disparos y huyeron a la desbandada. Nuestra sociedad se ha hecho tan adicta a la violencia que la filma en lugar de tratar de evitarla.
Los fanáticos de la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos –que según ellos da a los ciudadanos el derecho de tener y portar armas– podrán decir que no son las armas las que matan, sino la gente, o cualquier otro desatino que se les antoje. La Asociación Nacional del Rifle, principal defensora del negocio de las armas –o dicho de otra manera, del negocio de la muerte– en los Estados Unidos, podrá decir la majadería irresponsable que le parezca. Pero lo cierto es que si el agresor en la Universidad Estatal de Tennessee no hubiera tenido una pistola, la pelea posiblemente no habría pasado de una reyerta a puñetazos. No habría sido más que un espectáculo grosero y violento para que los presentes lo filmaran en sus celulares y luego lo exhibieran, como ya es costumbre, en unos medios sociales plagados de atrocidades.