José Manuel Lara, dueño del coloso Planeta, quería ser como yo

José Manuel Lara, presidente del Grupo Planeta, falleció en Barcelona a los 65 años.
José Manuel Lara, presidente del Grupo Planeta, falleció en Barcelona a los 65 años.

El dueño del imperio Planeta confesó al final de su vida a su íntimo amigo Juan Eslava Galán que deseaba "dejarlo todo y quedarse solo con una pequeña editorial".

José Manuel Lara, dueño del coloso Planeta, quería ser como yo

El dueño del imperio Planeta confesó al final de su vida a su íntimo amigo Juan Eslava Galán que deseaba "dejarlo todo y quedarse solo con una pequeña editorial".

El pasado sábado falleció en Barcelona, a los 65 años, uno de los mayores editores del mundo: José Manuel Lara Bosch, dueño del imperio Planeta, un grupo que integra a más de cincuenta sellos editoriales (grandes, medianos y pequeños), pero que también es accionista mayoritario de canales de televisión (Antena 3 y La Sexta), de la cadena de radio Onda Cero o del periódico La Razón. El volumen de negocio alcanza los 2.000 millones de euros y da trabajo a más de 5.000 personas (en empleos directos por todo el mundo).  Estas cifras, para un modesto editor como yo, parecen estar hablando de otra galaxia, incluso de otro oficio. Pero no. Hablan de un editor. Del que llegó a ser el sexto editor/editorial del mundo.

Lara Bosch era el segundo hijo del fundador de Planeta, José Manuel Lara Hernández, que había creado la editorial en la Barcelona franquista de 1946. Un hombre hecho a sí mismo, que había sido carpintero, pintor y bailarían antes de editor. Se sinceraba diciendo que no era un gran lector, y solía justificar su enorme éxito empresarial exclamando: “Yo soy más de libros que de letras”. Gran frase, sin duda.

Del hijo, estos días se está hablando bastante en los medios de comunicación. En la línea habitual de los obituarios y panegíricos. Me fijé especialmente, el pasado domingo, en las palabras de un amigo íntimo suyo, el prolífico escritor andaluz Juan Eslava Galán, que había sido premio Planeta en 1987 con “En busca del unicornio” uno de los mayores best-seller de aquellos años. Recordemos que el Premio Planeta, después del Premio Nobel de Literatura, es el galardón más dotado del planeta (valga aquí  la redundancia): 601.000 euros para el ganador. Fue Lara padre quien lo había puesto en marcha ya en los años 50.

Juan Eslava explicaba, de una manera muy sencilla, el éxito de este enorme grupo multimedia: “Tiene muy claro su objetivo: facilitar contenidos culturales a quien le interese”.  Sin duda, aparte de esto, el éxito está en hacer que le interese a muchas personas. Pero lo que más me sorprendió  gratamente fue lo que contó después. Al parecer, Lara Bosch  lo que deseaba en los últimos años de su vida era dejarlo todo y quedarse sólo con una pequeña editorial. “Para volver a sentir él olor de la tinta —confesaba a su amigo—, corregir las pruebas de imprenta, y poder diseñar yo mismo las portadas de los libros”. Esto me gustó. Pues, después de todo, y con todo, el coloso Lara quería ser un modesto editor. Como yo. Y esto me ha hecho llevar la semana con mayor aliento del habitual.

José Manuel Lara, dueño del coloso Planeta, quería ser como yo
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