¿Cómo se hace para asimilar que sus ojos se van a cerrar para siempre?

En ocasiones, la compañía más fiel.
En ocasiones, la compañía más fiel.

¿Cómo se hace para asimilar que, después de cincuenta años con una persona a la que quieres con todo tu corazón, sus ojos se van a cerrar para siempre?

¿Cómo se hace para asimilar que sus ojos se van a cerrar para siempre?

Ya accedo al pasillo a través de aquella puerta metálica como si estuviera entrando en mi casa. Las chicas me saludan con una sonrisa “¡Buenos días, guapa! Hoy ha pasado buena noche” Eso ya me hace sonreír a mí. Tengo un marido viejo, cascarrabias y, sobretodo, terco. Con todo, incluso con las ganas de vivir. Él quiere respirar, ¡y respira! Y quiere quedarse solo, y así sea…:

-Lolita, ni se te ocurra quedarte. Juro que, como lo hagas, pido el alta voluntaria. Cuídate tú, vete a darle de comer a Andrés y mañana aquí voy a estar, esperándote.

Andrés es nuestro perro… pobre, desde que estamos en el hospital pasa mucho tiempo solo y está triste.

Cuando éramos jóvenes íbamos a bailar a las verbenas… con el tiempo, salimos a pasear por el pasillo arrastrando el soporte del gotero.

Cincuenta años juntos y ahora te escapas sin mí. Día a día te noto con menos fuerza, más cansado… Aún así, cada día, sacas una sonrisa al verme llegar y te incorporas en tu cama para darme un beso. Eres un viejo gruñón, pero también eres el más cariñoso de todos los pacientes del pasillo de cuidados paliativos.

Tantos años trabajando de maestra, enseñando a varias generaciones de la misma familia… y ahora no sé cómo afrontar estar pérdida que se me viene encima. ¿Cómo se hace para ir asimilando que, después de cincuenta y cuatro años con una persona a la que quieres con todo tu corazón, sus ojos se van a cerrar para siempre?

Además del agravante de dos hijos que no vienen a casa ni por Navidad por el mal genio de su padre… Saben que se está yendo y no vienen a verlo. Sé que no es un hombre fácil, pero daría la vida por ellos… y aún así, el pobre Andrés está más apenado que ellos.

Por lo que decidí hacer trampas, aprovecharme de que soy mayor y, por eso, la gente es más transigente conmigo. Sé que está más que prohibido, pero las chicas de la planta hicieron que no se daban cuenta y yo me hice la vieja loca. Metí a Andrés en mi bolso, es un perro de raza pequeña – no llega a los tres kilos – y crucé la puerta del pasillo.

Al entrar en la habitación lo posé en la cama, fue hacia su dueño, le lamió la cara y se quedó allí, muy quieto, mientras él le rascaba entre sus orejones.

-Lolita, nos van a denunciar…

-Calla, que es un secreto…

Ambos sabían que era una despedida. Un perro que pesa como cualquiera de mis hijos cuando nacieron fue capaz de despedirse de mi marido y demostrarle cuánto lo quiere. Ellos, sin embargo, hombres hechos y derechos, ni una llamada han hecho.

¡Y a Andrés también le grita! Él también sufre sus cambios de humor, pero en seguida se da cuenta cuando ha pasado la tempestad y vuelve a él moviendo su rabito, convencido de que, ahora sí, va a recibir una caricia.

Yo a mi Andresito no lo cambio por nada ni nadie… que se acerca una época difícil y sólo nos vamos a quedar el uno al otro, cuando ya tu terquedad no valga y sea el momento de partir. @reipardorguez

¿Cómo se hace para asimilar que sus ojos se van a cerrar para siempre?
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