La grieta digital que dejó sin aviso a miles de mujeres en Andalucía

Más de 2.300 mujeres andaluzas no fueron avisadas de resultados no concluyentes en sus mamografías tras un fallo en el sistema informático del programa de cribado. Una decisión política y una gestión deficiente dejaron a miles sin respuesta ni seguimiento médico.
Biopsia líquida de cáncer de mama. / SINC
Biopsia líquida de cáncer de mama. / SINC

En los últimos meses, la gestión del programa de cribado de cáncer de mama en Andalucía ha revelado una herida profunda en el sistema sanitario público: más de dos mil mujeres no fueron informadas a tiempo de que sus mamografías mostraban resultados no concluyentes. No es solo una cifra, es una fractura en la confianza hacia un sistema que debería proteger la vida y no dejarla en espera.

El problema comenzó cuando se decidió que ya no serían los profesionales sanitarios quienes comunicaran directamente a las pacientes, sino un sistema informático gestionado por la empresa NTT Data. Esa automatización, que pretendía agilizar procesos, acabó convirtiéndose en un muro de silencio. Lo que debía ser un puente entre la tecnología y la salud pública terminó siendo un laberinto donde los avisos se perdieron en la cola digital.

Esta crisis no es un accidente aislado, sino el resultado de una cadena de decisiones políticas y técnicas tomadas sin suficiente control ni seguimiento. Como un edificio sin mantenimiento, la estructura se agrietó justo por donde más duele: la atención a las personas vulnerables.

Privatización, descontrol y falta de vigilancia

La Junta de Andalucía insiste en que la empresa solo “mantiene la aplicación operativa”, pero la cuestión va más allá. ¿Quién supervisaba que el sistema realmente cumplía su función? ¿Quién controlaba los protocolos de aviso? El problema no fue solo tecnológico, sino de gestión. Delegar parte de la comunicación sanitaria a una empresa externa sin garantizar la trazabilidad del proceso fue, como mínimo, una imprudencia administrativa.

El debate sobre la privatización de servicios públicos no puede reducirse a un eslogan ideológico. Cuando la salud se digitaliza sin control, la responsabilidad se diluye entre contratos, licencias y correos electrónicos sin respuesta. El fallo no está en la tecnología en sí, sino en la ausencia de supervisión humana. La informática puede agilizar, pero nunca sustituir la empatía ni la obligación ética de comunicar un diagnóstico a tiempo.

El aprendizaje que no puede esperar

Detrás de cada protocolo hay personas, y cada retraso en la comunicación puede cambiar un destino. Lo ocurrido debería ser una llamada de atención sobre cómo se gestiona la sanidad pública y sobre la necesidad de auditar no solo los sistemas, sino las decisiones que los sostienen.

Las auditorías anunciadas por la Junta son un primer paso, pero no bastan si no se acompasan con una revisión de fondo del modelo de gestión. No se trata solo de destinar más recursos, sino de garantizar que los mecanismos funcionen y que las alertas no caigan en saco roto. La prevención del cáncer es una carrera contrarreloj, y en esa carrera el tiempo es vida.

Cuando el sistema olvida a sus pacientes, no falla una máquina: fallamos todos. La confianza en la sanidad pública se reconstruye con transparencia, con seguimiento y con la certeza de que nadie quedará atrapado en un error informático. La tecnología puede ser una aliada, pero nunca debe convertirse en la excusa de la deshumanización. @mundiario

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