El Gaokao: "Estudiar hasta que te sangren los ojos"
Amanece en Beijing. Mientras la ciudad se despereza, un silencio inusual rodea la Escuela Secundaria Número 4. No se oye el bullicio habitual de la mañana. En su lugar, policías custodian las calles, desviando el tráfico. Padres, con el ceño fruncido y las manos sudorosas, aguardan tras las cintas de seguridad. No es una escena de emergencia, sino el primer día del Gaokao, el examen de acceso a la universidad en China. Dentro de las aulas, 10.94 millones de estudiantes libran la batalla académica más crucial de sus vidas, un maratón de dos a tres días que puede decidir su futuro.
El Gaokao (高考, abreviatura de "Examen Nacional de Ingreso a la Educación Superior") es mucho más que una prueba. Es un rito de paso nacional, un fenómeno cultural y la encarnación de un sistema meritocrático extremo. Para bien o para mal, es la principal vía de movilidad social en el país más poblado del mundo.
LA MÁQUINA DE PREPARACIÓN: “ESTUDIÁBAMOS HASTA QUE NOS SANGRABAN LOS OJOS”
La preparación para el Gaokao no comienza meses, sino años antes. Zhang Wei, un estudiante de 18 años de la provincia de Hebei (famosa por sus "fábricas de Gaokao"), describe su último año de instituto como "una carrera de resistencia militar".
"Nos despertábamos a las 5:30 de la mañana. Corríamos al aula para gritar consignas de motivación y luego estudiábamos hasta la 1 de la madrugada. Teníamos exámenes todos los días. Era un ciclo interminable de estudiar, examinarse, repetir", relata Zhang, con visible agotamiento aún meses después. "Mis padres alquilaron un apartamento cerca de la escuela para cuidarme. Mi madre dejó su trabajo. Toda su vida giraba en torno a mi estudio. La presión era inmensa, a veces sentía que no podía respirar".
Su testimonio no es único. La cultura del "chiku" (吃苦), que significa "soportar la amargura", es central. Los estudiantes interiorizan que este sufrimiento temporal es el precio para un futuro brillante. Las escuelas emblemáticas como Maotanchang se han hecho famosas por su régimen casi monástico, aislando a los estudiantes en un entorno donde solo existe el estudio.
EL DÍA D: UN PAÍS EN PAUSA El Día D
Durante los días de examen, China se paraliza. Las obras de construcción se detienen, se establecen desvíos de tráfico masivos alrededor de los centros de examen y las policías locales ofrecen servicios gratuitos de transporte para los estudiantes que puedan llegar tarde.
Li Juan, madre de una estudiante de Shanghai, espera bajo una sombrilla, aguardando a que su hija salga de la primera prueba: idioma Chino. "No he dormido en dos días. He preparado todos sus alimentos favoritos para asegurarme de que esté bien nutrida. He rezado en el templo. He hecho todo lo que una madre puede hacer. Ahora, solo queda esperar", comenta, con una mezcla de ansiedad y esperanza. "Este examen lo es todo. Determinará la universidad a la que vaya, el trabajo que tendrá, incluso con quién se casará. Es una cadena".
Dentro del aula, la seguridad es comparable a la de una prisión de máxima seguridad. Detectores de metales, cámaras de vigilancia omnipresentes, y papeles especiales antifulgor para evitar fotografías. El riesgo al hacer trampa es altísimo y las consecuencias, draconianas: prohibición de presentarse al examen de por vida.
EL PESO DE UN FUTURO: “MI PUNTUACIÓN ERA EL PASAPORTE PARA SALIR DE MI PUEBLO”
Para los estudiantes de zonas rurales, la apuesta es aún mayor. Chen Yixing, ahora estudiante de ingeniería en la prestigiosa Universidad de Tsinghua, proviene de una remota aldea de la provincia de Sichuan.
"Donde yo nací, las opciones eran trabajar la tierra, emigrar a la ciudad para ser obrero de la construcción o aprobar el Gaokao", explica Chen. "Mi abuelo me decía: 'El conocimiento puede cambiar tu destino'. Esa frase era mi motivación. Cuando estaba cansado de estudiar a la luz de una lámpara de keroseno, me la repetía. Saqué la segunda mejor nota de mi distrito. Fue la noticia más feliz en mi familia en generaciones. No era solo mi logro, era el de todos".
Su historia refleja la promesa central del Gaokao: la equidad. En teoría, da igual si eres rico o pobre, de la ciudad o del campo. Tu destino lo decide tu puntuación. Es esta promesa de movilidad social la que justifica, para muchos, la brutal presión del sistema.
LAS CRÍTICAS Y EL FUTURO: ¿A QUÉ PRECIO?
Sin embargo, el sistema no está exento de feroces críticas. Muchos educadores argumentan que el Gaokao fomenta la memorización mecánica y ahoga la creatividad, el pensamiento crítico y las habilidades prácticas. La salud mental de los adolescentes se resiente, con documentados casos de ansiedad severa, depresión y, en trágicas ocasiones, suicidio.
La estudiante Zhang Wei lo corrobora: "Varios de mis compañeros tenían que tomar pastillas para dormir o para la ansiedad. No éramos nosotros mismos. Éramos máquinas de estudiar. A veces me pregunto si vale la pena definir a una persona por un solo examen".
El gobierno chino es consciente de estos problemas y ha iniciado reformas para hacer el sistema más flexible, incorporando otros criterios además del examen. Pero cambiar una institución tan profundamente arraigada es una tarea titánica.
EL VEREDICTO FINAL
Un mes después de los exámenes, los resultados se publican online. Es un momento de euforia para algunos y de profunda decepción para otros. Las puntuaciones se comparan frenéticamente con los umbrales de admisión de las universidades. Para los que no logran la nota deseada, el camino es difícil: resignarse con una universidad menor o enfrentarse a un año más de infierno para repetir el examen.
Para Zhang Wei, la puntuación fue buena, pero no lo suficiente para la élite. "Estoy contento. Iré a una buena universidad en Tianjin. Mi familia está orgullosa. Ahora, por primera vez en años, puedo respirar y pensar en quién soy más allá de una nota".
La tasa general de aprobación —es decir, el porcentaje de estudiantes que consigue entrar a algún tipo de educación superior tras realizar el examen— ha aumentado notablemente durante las últimas décadas:
En 2018 fue del 81%.
En 2019 ya era del 88% y en 2020 superó el 90%.
En 2021 alcanzó el 92,9%.
En 2022 bajó ligeramente al 85%, con 10.145 millones de estudiantes aceptados sobre 11.93 millones que se presentaron.
Esto significa que, actualmente, entre el 85% y el 93% de los examinandos logran una plaza en algún tipo de educación superior, dependiendo del año y de las condiciones del sistema educativo.
Al final, el Gaokao es una historia de contrastes: sacrificio y oportunidad, tradición y modernidad, presión colectiva y sueños individuales. Es un microcosmos de la China moderna, donde el peso de la historia y la feroz ambición por el futuro se encuentran en los pupitres de millones de jóvenes, dispuestos a jugárselo todo a una sola carta. @mundiario


