Pocos artistas han impresionado y conmovido como el pintor Francis Bacon

Gusta la pintura de Bacon porque estimula, golpea y azota el esfuerzo de comprensión de la naturaleza humana, de su constitución, de su grandeza y de su miseria.

Francis Bacon, pintor.
Francis Bacon, pintor.

Pocos artistas han impresionado y conmovido como Francis Bacon. El  pintor irlandés  (Dublín 1909 – Madrid 1992) expresó con su pintura como ningún otro en el siglo XX, la tragedia y el dolor de la propia existencia del ser humano, la tragedia de la vida en sí misma. En Bacon, la vida y el sentimiento de la propia existencia provocan un sentimiento violento y trágico, que provoca náuseas. Es ese estado propio del hombre europeo de la edad moderna, y quizá de hoy en día.

Es esta interpretación del sentimiento de la vida humana que trasciende y destila su obra, lo que verdaderamente me apasiona de Bacon. Esa mezcla explosiva de energía y de desesperación vital, cercana a la locura. Quien no ha vivido y experimentado alguna vez esos sentimientos, en algún largo y oscuro invierno de su periplo vital. Para un amante de la lógica como el que suscribe, Bacon es de especial importancia por cuanto sirve de contrapeso en cada instante que uno se recrea delante de cualquiera de sus obras. Su gran carga subjetiva, es capaz de conmover lo más profundo de la sensibilidad del que la observa, de remover sus entrañas, de descargar la tensión. Es una carga de profundidad en lo más hondo del alma humana, que refleja el dolor de la propia existencia.

La mayor dimensión de la obra de Francis Bacon a lo largo del siglo XX se debió precisamente a que su pintura carecía de todo realismo, desde el punto de vista de que no estaba vinculada a ninguna representación de alguna apariencia real, o a ninguna vivencia real en sí misma. Gusta la pintura de Bacon porque estimula, golpea y azota el esfuerzo de comprensión de la naturaleza humana, de su constitución, de su grandeza y de su miseria, de su funcionamiento y sobre todo de su forma de sentir. El artista pinta a partir de la vida misma, desde su desgarrada existencia. La existencia proviene de todos los sentidos y las fuerzas del propio ser humano, de sus entrañas, y no solamente de la percepción visual.  Para Bacon el juicio de su propia obra era drástico e inmediato, impulsivo, carente de cualquier referencia objetiva que no sea el criterio estético inmediato. Es esta forma de enjuiciar su propia obra lo que le lleva con frecuencia a destruirla, a abandonarla, a una despiadada selección natural basada en los sentimientos, en las emociones, excluyendo completamente la teoría que pertenece al sistema racional y Bacon pretende no solo alejarse, sino destruir la racionalidad.

Conmueve y conmociona en lo más profundo del ser humano. Nadie como él ha expresado la tragedia del individuo inmerso en una sociedad que se mueve a una velocidad vertiginosa, abocada a un progreso que deshumaniza, que aparentemente nos mejora constantemente la vida, pero que no es así. La sociedad actual en la que vivimos, cada vez peor. Violencia, ansiedad, angustia, deseo, envidia, desesperación, degradación, corrupción, inmoralidad, envilecimiento…deshumanización. La existencia es a veces como un cuadro de Bacon, descarnada y visceral, sin tiempo para ver atrás, sin que las circunstancias permitan vivirla como se merece.

Solo nos queda a veces reconciliarnos con nuestra propia existencia, con nuestra propia desgracia, con nuestro propio dolor. Sentirnos más humanos por medio del arte. La expresión artística es como un descanso, un momento para repostar el combustible mental hacia nuevos logros y conquistas, un momento de alegría metafísica, un momento de amor por la existencia. Como un faro, alzado sobre los oscuros cruces de caminos del mundo, diciendo "Esto todavía es posible".

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