Mirando al firmamento la Tierra parece una pequeñísima mota de polvo

La Vía Láctea.
La Vía Láctea

Miramos al firmamento: vemos la Vía Láctea, una enorme galaxia en la que se encuentra el sistema Solar, el Sol, con planetas como la Tierra y satélites como la Luna.

Mirando al firmamento la Tierra parece una pequeñísima mota de polvo

Miramos al firmamento: vemos la Vía Láctea, una enorme galaxia en la que se encuentra el sistema Solar, el Sol, con planetas como la Tierra y satélites como la Luna.

I. La Vía Láctea es un conjunto de estrellas como el Sol (entre 200.000 y 400.000 millones de estrellas) que tiene un diámetro de 1 trillón de Kms. Además, La Vía Láctea forma parte de unas 40 galaxias llamadas Grupo Local, tal vez muchas de ellas habitadas. No es lógico pensar que somos los únicos seres vivos en el cosmos, en las galaxias. Dentro del Grupo Local la galaxia más grande es Andrómeda y la segunda es la Vía Láctea. Esto nos da una primera idea básica de lo que estamos viendo en el firmamento en una noche clara de verano, en el campo, lejos de las grandes ciudades, para que sus luces nos dejen ver bien. Miramos al cielo y vemos una enorme mancha lechosa, es la Vía Láctea,  “Camino de leche” para griegos y romanos.

Mirando al firmamento la Tierra parece una pequeñísima mota de polvo dentro de las 40 galaxias que no están a nuestra vista. El ser humano vive en un universo donde galaxias, sistemas solares, planetas y satélites giran sobre si mismo y unos en torno a otros en un equilibrio perfecto, una precisión milimétrica. Ningún planeta, ni estrella se desvía de su órbita; un funcionamiento preciso, más perfecto que un reloj de precisión. ¿Qué pasaría si se produce un desequilibrio? Tenemos menos importancia de lo que pensamos.

Los pueblos bárbaros Suevos, Alanos o Vándalos que vivían en centroeuropa entre los ríos Rhin y Danubio, siguieron su expansión hacia el sur de Europa siguiendo la Vía Láctea. Querían saber lo que señalaba el fin del Camino de las Estrellas. Para los peregrinos que llegan desde Europa es el “Camino de Santiago”

La Vía Láctea señala el Finisterrae gallego, lugar, según la mitología griega y romana, desde donde partía el barquero con el alma del difunto, al que se había puesto dos monedas en los ojos para pagar el viaje. Los Vikingos creían que la Vía Láctea llevaba al Valhalla, lugar de destino del alma de los muertos.

Vemos que el concepto de alma (lo que sigue después de la muerte) se da en otras culturas no cristianas como los bárbaros y vikingos.

En los tiempos que corren muchos habitantes del planeta viven un enorme desasosiego. Los 4 jinetes del Apocalipsis: la guerra, la peste, el hambre, o la muerte no abandonan los continentes.

Algunas sentencias negativas que se escuchan sobre la vida:

> Pasamos por este valle de lágrimas desde el nacimiento a la muerte.

> Cada uno debe saber llevar su cruz.

> El que ama el peligro perecerá en él.

> La muerte es la liberación, el descanso eterno.

II.- Vida interior y meditación. El alma se relaciona con la vida interior. El ser humano debe sobreponerse al desasosiego. Cada uno debe desarrollar sus tres lados del triángulo vital: la actividad ocupacional (el trabajo), la actividad física (por ejemplo el deporte, andar) y la actividad cultural (mediante por ejemplo la lectura). La falta de trabajo crea estrés, ansiedad, desasosiego. En los países occidentales no encontrar trabajo produce fobia, una aversión obsesiva, cierto temor irracional. Parece que una persona ya no sirve si no recibe contestación a sus numerosos curriculums enviados.

Ante la falta de trabajo y sin abandonar su constante búsqueda, es necesario sustituir esa sensación de intranquilidad y de fracaso con actividades paralelas. Se puede conseguir la tranquilidad fomentando la vida interior, enriqueciendo la vida interior, desde un punto filosófico:

> Se empieza por analizar lo que representa el mundo y la humanidad; una insignificante mota de polvo que forma parte de la galaxia Vía Láctea.

> Se reflexiona sobre el alma, que pervivirá en otra dimensión y de otra forma.

> Se toma un mayor contacto con la naturaleza. Son dignos de admirarse los elementos naturales: el río, la pradera, el bosque, las plantas etc.

> Se fomenta más la lectura, la música, los documentales.

> Se recomienda hacer ejercicio físico; andar es muy conveniente.

De esta manera se tomará conciencia de lo simple que es la existencia, de no apegarse demasiado a los excesivos bienes materiales que aquí se quedarán.

III.- Ante los problemas que nos embargan, ante el temor y preocupaciones, ante la debilidad, la vida dañada por el fatal mundo necesita ayuda para conseguir la alegría del corazón, la luz. Hacer el mal es espantoso; el mal se queda en la conciencia, remordiendo; el mal daña al alma que vivirá en el más allá.

Un alma dañada por los actos del cuerpo contra el prójimo, sin arrepentimiento, puede ser juzgada, sentenciada y condenada y enviada, por ejemplo, a un agujero negro por toda la eternidad, fuera del universo estelar, de la luz que ilumina el firmamento, de las aguas y las tierras. Llevando una vida responsable el alma atesorará en el corazón objetivos nobles; luego descansará feliz con la luz. Vida interior y meditación también se pueden analizar bajo el prisma de la religión. Un ejemplo lo tenemos en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio” que concluyen con la frase” ¿Que le aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?”.

Mirando al firmamento la Tierra parece una pequeñísima mota de polvo
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