El Ficcionario argumenta a propósito de si el hombre es o no un ser cornúpeto

Detalle del Moisés de Miguel Ángel.
Detalle del Moisés de Miguel Ángel.

La investigación acerca de los apéndices óseos que exhiben algunos animales a cada lado de la frente está vinculada al tratado filosófico sobre la 'res' (cosa) brava, una disciplina con profundas raíces en la cultura micénica cretense.

El Ficcionario argumenta a propósito de si el hombre es o no un ser cornúpeto

En la pequeña iglesia de San Pietro in Vincoli, en pleno centro de Roma, se puede admirar el majestuoso Moisés de Miguel Ángel que, como si de un diablo se tratara, luce cuernos en la cabeza. Por otro lado, en la Royal Mile de Edimburgo se puede contemplar la impresionante escultura verdosa de Hume, con un dedo gordo del pie tan reluciente que casi deslumbra. Y el Ficcionario se queda de estatua.

mhorar. Residir en un lugar durante una hora. Puede ser un tiempo suficiente, si el contrato laboral lo es de media.

mhordaz. Persona que critica de forma ácida pero ingeniosa a los miembros de una horda.

mhortalidad. Número proporcional de defunciones en la huerta respecto del secano. 

mobible. (angl.). Dícese de la Biblia que puede moverse de un sitio a otro.

monhumento. Construcción arquitectónica o escultórica erigida en memoria de David Hume (1711-1776). En su ciudad natal, Edimburgo, lo han representado en una imponente estatua de bronce; vestido con toga romana, exhibe un porte rotundo. Un dedo gordo del pie extraordinariamente dorado y brillante contrasta con la pátina verde dominante: se dice que tocarlo trae buena suerte a los estudiantes en los exámenes. Resulta irónico que tan firme defensor de la racionalidad haya dado pie hoy a tan popular y extendida superstición.

moondano. (angl.). Relativo al mundo lunar.

moontañismo. (angl.). Deporte consistente en escalar las montañas de la Luna. Las cordilleras más importantes del hemisferio visible son los montes Apenninus, los montes Caucasus y los montes Leibniz, donde se halla el pico más alto, con cerca de 10000 m.

morbosso. (angl.). Dícese del jefe que siente atracción malsana por cosas desagradables.

moroccotudo. (angl.). Se dice de lo que es enorme, muy grande, en Marruecos.

morvilidad. Estadística de las personas que contraen la vileza en un sitio y en un determinado plazo de tiempo.

motibar. Incitar a alguien a tomarse unas copas en los locales públicos al uso.

moviliario. Conjunto de muebles de una casa que sufren frecuentes traslados.

mozalvete. Muchacho, de nombre Paulino Portuno, al que se le está diciendo que se vaya.

mudejar. Dejar mudo a alguien al enseñarle un estilo de decoración arquitectónica que floreció en España desde el siglo XIII hasta el XVI, caracterizado por el empleo de la ornamentación árabe sobre elementos del arte cristiano.

muger. Señora que brama como una vaca al enterarse de que su marido le ha puesto los cuernos. Si, por contra, es ella quien tiene el gusto, el señor berreará como un cabrón. La investigación acerca de los apéndices óseos que exhiben algunos animales a cada lado de la frente está vinculada al tratado filosófico sobre la res (cosa) brava. Se trata de una disciplina con profundas raíces en la cultura micénica cretense, aunque los que más orejas y rabos han cortado en la lidia de la cuestión han sido los tratadistas hispánicos. De hecho, sus estudios inspiraron la -para muchos- decisiva cuestión de si, paralelamente, el ser humano también es un ser cornúpeto. Algunos filósofos sensitivos han defendido la opinión de que ningún hombre tiene cuernos, apoyando dicha afirmación en la tranquilizadora evidencia empírica que proporciona palparse cada lado de la frente y no encontrar protuberancia alguna que sobresalga de un modo afilado. Por contra, filósofos de tradición racionalista -desconfiando del dictado de los sentidos- sostienen haber llegado a la inquietante conclusión de que, al igual que los toros, los hombres somos esencialmente animales astados. Argumentan del modo siguiente: "Todo lo que no se ha perdido se conserva. Vd. no ha perdido los cuernos. Luego, Vd. tiene cuernos". Por fortuna, voces más sensatas han demostrado que cualquier generalización en uno u otro sentido es precipitada y errónea, recomendando estudiar cada caso por separado. De este modo, por ejemplo, sabemos hoy que la razón por la cuál a Moisés siempre se le representa con cuernos es debido, muy probablemente, a un error de traducción de San Jerónimo. Según han puesto de relieve los estadounidenses Ian Caldwell y Dustin Thomason en su libro El enigma del cuatro, en el hebreo original de la Biblia, a Moisés se le caracteriza por tener karan ohr panav («un rostro del que emanaban rayos de luz»), lo que San Jerónimo en la Vulgata tradujo por cornuta esset facies sua («su rostro era cornudo»), una interpretación desviada que se justificaría por el hecho de que la palabra «karan» en hebreo puede significar tanto «rayo» como «cuerno». Desconocemos qué es lo que hubiera preferido Moisés que le pusieran, si rayos o cuernos. @mundiario

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