Érase una vez una chica que quería ser buena, pero a la que su envidia se lo impedía

Quería ser buena -había sido educada para serlo-, pero no era capaz, no porque no lo deseara, sino por una sola razón que se lo impedía: la envidia.

Famosa foto de Sophia Loren mirando a Jayne Mansfield con envidia.
Famosa foto de Sophia Loren mirando a Jayne Mansfield con envidia.

Érase una vez una chica que quería ser buena, ella había sido educada para serlo, pero no era capaz, no porque no lo deseara, sino por una sola razón que se lo impedía: la envidia.

Poco a poco y con el paso de los años, se le ha ido enquistando aún más en su carácter. Y lo peor de todo no es que ella se amargue la vida. No. Es que ¡es contagioso! Su gente más cercana ha acabado siendo como ella: odiando a todo el mundo por la tontería más intrascendente.

En realidad, todos los que, en algún momento, nos hemos cruzado con ella sabemos que somos la diana de sus dardos envenenados, y si no lo hemos sido ya, lo seremos. Estoy segura.

Hay quien se enfada y le llama falsa o cínica. Yo no. Yo me atrevo a llamarle envidiosa o, incluso, avariciosa. Quiere todo lo que no tiene, cualquier cosa, por ridícula que sea.

Y no, tampoco me voy a enfadar, no voy a ser como ella, en todo caso puedo sentir lástima por todo lo que se está perdiendo, a pesar de que presume de todo lo que realmente carece. ¡Y todo lo que se va a perder! Porque ese quiste irá creciendo y, a la vez, pudriendo la capacidad de ver cosas positivas en la gente, todo el que no sea ella, claro.

No nos engañemos: todas las personas tienen algo bonito. Unos más y otros menos, pero nadie es la bolsa llena de basura que dice ella cuando se pone a vomitar descalificativos hacia cualquier despistado que pase a su lado, simplemente, quizá, porque es más alto que ella, o más gracioso.

Incluso, a pesar de lo que opino, ella también tiene cosas positivas.

Ojalá yo tuviera ese empeño que la caracteriza en descuartizar con la lengua a cualquiera para, por ejemplo, hacer deporte. ¡No habría quien me parase! Dejaría por fin el “sofing”. O para aprender alemán. ¡Ahora sería prácticamente bilingüe!

La envidia, si es sana, puede ayudar mucho a alcanzar metas, a llegar a hacer cosas que, quizás, antes nunca te hubieras planteado poder llevar a cabo.

Sin embargo, si es de la mala, y no decides cortar con ella de raíz, cada vez irá a más y acabarás por hacer daño a todos los que quieres, corriendo el serio peligro de acabar solo – un final muy triste, en mi opinión – A no ser que ya los hayas contagiado, entonces la cosa sí que es grave… ¡que la envidia es peor que la gripe A!

Y ya lo tengo dicho… ¡hay que ser feliz! Que la vida está difícil y no merece la pena desperdiciar el tiempo en estropear el día de los demás.

¡Que no hay cosa más bonita que hacer sonreír a alguien! Cuesta menos trabajo y es mejor para todos. @reipardorguez

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