La digitalización del empleo y el cambio en nuestras costumbres de trabajo

Trabajo online.
Trabajo online.
Actividades de trabajo que básicamente necesiten una capacidad cognitiva básica como, por ejemplo, funciones administrativas, verán disminuir considerablemente su demanda a medida que la digitalización del empleo se vaya instalando entre nosotros.
La digitalización del empleo y el cambio en nuestras costumbres de trabajo

La actual pandemia del coronavirus no ha hecho sino acelerar una tendencia de nuestros hábitos de trabajo que, no obstante, ya había comenzado su imparable tendencia en los últimos años y que está destinada a asentarse entre nosotros, independientemente del contexto pandémico que vive el mundo estos días y de sus consecuencias en los modelos de trabajo (con la implantación del teletrabajo como claro ejemplo de ello). Pero los cambios para el futuro inmediato no vendrán necesariamente marcados por el actual escenario socio-sanitario – aunque este pueda acelerarlos – sino que será una nueva “revolución industrial” la que va a situarnos muy pronto ante un nuevo modelo de costumbres laborales. Hablamos de la digitalización del empleo a niveles y perfiles muy diversos.

Se avecina un importante cambio en la demanda hacia elementos como la creatividad, la toma de decisiones, el pensamiento crítico o un complejo procesamiento de la información que nos situarán en apenas una década en una situación en la que un buen número de posiciones podrían verse abocadas a prácticamente desaparecer por falta de demanda. Actividades de trabajo que básicamente necesiten una capacidad cognitiva básica como, por ejemplo, funciones administrativas, verán disminuir considerablemente su demanda a medida que la digitalización del empleo se vaya instalando entre nosotros. Todo ello implicará la imperiosa necesidad de adaptación, incluyendo la de los actuales modelos educativos, adecuando la formación a un particular énfasis en las diferentes competencias relacionadas con las matemáticas, la ciencia, la ingeniería y la tecnología.

El impacto de la digitalización de nuestros empleos

Indudablemente, no será esta la primera o única transformación a la que nuestras sociedades se han visto abocadas en lo relativo a nuestros modelos de trabajo. En los últimos dos siglos y pico, los modelos productivos han experimentado al menos cuatro grandes cambios (o revoluciones industriales) hasta llegar al modelo actual. En estas primeras décadas del siglo XXI, la paulatina incorporación de la tecnología al centro de la actividad en cualquier empresa y sector de la producción está dando ya paso a la llamada “cuarta revolución industrial”, esto es, la tecnología se incorpora de pleno al mismísimo núcleo de la actividad productiva en nuestras sociedades, transformación llamada a cambiar nuestras propias vidas. Ya hemos comenzado a conocer y relacionarnos con un número de las llamadas tecnologías emergentes. Sin embargo, aún desconocemos todo su verdadero potencial y los sustanciales cambios en las formas de consumir, relacionarnos y, claro está, trabajar.

Si en su momento de la historia, la implantación de importantes novedades en la producción como los telares a finales del siglo XVIII o la producción en serie a comienzos del siglo XX llevaron implícitas la redefinición de nuestros modelos de trabajo, la transformación digital ya en curso también se apresta a una redefinición si cabe más importante y de mayor calado en la sociedad gracias al llamado Internet de las Cosas, los discos duros, la Inteligencia Artificial o el Big Data. Todo ello influirá cada vez más en que tenga menos sentido la rutina en nuestra actividad laboral, ganando mucho más terreno la flexibilidad en horarios, la auto-gestión y liderazgo de los propios empleados de una empresa, así como la adaptación a objetivos laborales concretos para cada uno de nosotros. Asimismo, las oficinas se preparan ya a evolucionar hacia un modelo híbrido en el que el trabajador pueda tener la opción de trabajar desde casa combinándolo con trabajar en la oficina. Transformación esta última que, de hecho, está ya de actualidad y en pleno proceso de implantación gracias a la pandemia del Covid-19.

La digitalización y la posible pérdida de empleo

En el inédito escenario que planteará la gradual digitalización de nuestro modelo productivo y - en consecuencia - de nuestros empleos, son algunas las voces que plantean la alarma ante la posible destrucción de un número significativo de puestos de trabajo. Y ello es innegable, pero también asistiremos en los próximos años y décadas a la creación de nuevos empleos. A lo largo de nuestra historia, los trabajadores han visto amenazados sus trabajos con la llegada de cambios en la producción o el consumo. Ya ocurrió en el siglo XIX con la llegada de las primeras máquinas industriales a las fábricas. Y en el siglo XX, la producción en cadenas de montaje también supuso la necesaria readaptación laboral de un importante número de trabajadores. Más recientemente, la llegada de la hoja de cálculo creó al principio pavor entre un buen número dd profesionales que veían amenazados sus puestos laborales.

Pero si algo nos ha enseñado la historia es, precisamente, que todos estos cambios desembocaron al final en la adaptación de los trabajadores al nuevo contexto laboral. Además, se produjeron gradualmente significativas mejoras en las condiciones laborales como consecuencia de la automatización de ciertos procesos que el trabajador debía acometer anteriormente de forma manual. La historia, pues, ha demostrado que al final acaba siempre triunfando la continua adaptación del trabajador en una transición de continuo aprendizaje. Ni que decir tiene que ello se antoja también fundamental con la nueva revolución digital ya en curso. Solo de esta forma y con una continua cultura de “reciclaje” laboral podrá tener sentido a medio y largo plazo esta nueva revolución industrial en pleno siglo XXI.

Cualquier posible empleo abocado a desaparecer como resultado de la digitalización de nuestros trabajos dará pie a la creación de nuevas especialidades laborales. En dicho sentido, cobrarán particular importancia aquellos nuevos puestos resultado del estudio y dominio de facetas relacionadas con la robótica, la Inteligencia Artificial (AI en sus siglas en inglés) y el volumen de datos que manejen las empresas (el llamado Big Data). Por último – y en aras de completar este esfuerzo colectivo de adaptación – se antoja vital el que las universidades sepan ofrecer la adecuada formación que cubra la actual carencia de perfiles profesionales en ciertos ámbitos de las tecnologías de la información y la comunicación. Es por ello que las propias empresas deberán trabajar codo con codo con la Universidad para anticipar con antelación el tipo de perfiles laborales que la nueva revolución digital irá demandando en los próximos años.

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