¿Después de los premios Goya, la cultura debe ser democrática o despótica?

Clara Lago y Dani Rovira.
Clara Lago y Dani Rovira.

La cultura siempre presenta una difícil disyuntiva: hacer lo que gusta y divierte al pueblo o lo que se supone que es lo mejor para él aunque él no lo sepa.

¿Después de los premios Goya, la cultura debe ser democrática o despótica?

La cultura siempre presenta una difícil disyuntiva: hacer lo que gusta y divierte al pueblo o lo que se supone que es lo mejor para él aunque él no lo sepa.

Este sábado tuvo lugar la ceremonia de entrega de los premios Goya, galardones de la Academia del cine español para premiar las mejores películas nacionales a criterio del que entrega los premios. Acaparó todos los Goyas más importantes la película La Isla Mínima que no cabe duda de que es una gran película fuera de los cánones de la típica comedia de enredo que hasta hace poco nos representaba. Bien dirigida, bien montada, bien interpretada y con el ritmo, fotografía y sonido adecuado al ambiente que se pretendía crear. Nada que objetar aunque la magnífica Relatos Salvajes fue tratada como hispana por ser una coproducción argentina pues en caso contrario probablemente hubiese acaparado muchos mas galardones.

Esta fue la opinión de los expertos en cine y que coincide con la de los críticos también expertos en calificar películas, pero el público se había decantado ampliamente en taquilla por Ocho apellidos vascos, récord de recaudación en el cine español y ni siquiera nominada a mejor película.

¿Estamos engañados los millones de espectadores que la hemos visto y hasta repetido? ¿O están engañados los expertos que saben lo que tiene calidad frente a la ignorancia del público? Difícil eleccion porque si analizamos en alguna revista especializada la calificación de los críticos y expertos, nos encontramos con unanimidad sobre películas como Birdman, Sueño de Invierno o Isla Mínima, ocupando los primeros lugares, pero si nos vamos a ver la recaudación nos encontramos que el público ha preferido ver Dios mío ¿pero que te he hecho?, que ellos han colocado en la diecinueve posición, o que Annie, clasificada en el puesto veintinueve, es la que más ha recaudado esta semana.

Hasta que nada que objetar, los expertos dicen lo que quieren y los espectadores ven lo que les gusta. El problema surge cuando los productores, los empresarios del cine, piden ser subvencionados, financiados y tratados con el IVA como un bien cultural que son, porque eso ya es decisión del pueblo soberano y de sus representantes, y ese pueblo está manifestando claramente que el cine que les gusta no es precisamente el que necesita subvención y ayudas. Reaparece el viejo enfrentamiento entre democracia y el despotismo ilustrado.

Probablemente si el Goya se hubiese dado por votación democratica habria ganado Ocho Apellidos Vascos pero quizás para que un pueblo se haga culto es necesario educarlo, formar su sensibilidad. Poca gente es amante de la ópera, la música clásica o la buena literatura, de forma expontanea, sino que ha sido necesario desarrollar su conocimientos hasta lograr que tengan una capacidad crítica. Lo que gusta a mucha gente es el fútbol porque sabe lo suficiente para criticarlo, pero las cosas que requieren esfuerzo en su conocimiento, es mas complicado y normalmente sus seguidores son minorías destinadas a crecer. No parece lógico que hubiese desaparecido la obra de Van Gogh o El Quijote solo porque la gente de su época no estaba preparada para valorarlo.

El tema es complicado y no se puede dar una solución fácil porque el pueblo es soberano guste o nó a todo el mundo. Es difícil aprobar la subvención a una minoría cuando no se da para unas gafas necesitaras para ver, o para arreglar la dentadura, o para curar enfermedades o paliar sus efectos, ni siquiera para residencias de ancianos o tanatorios, por citar algo evidente

Como creo que no soy Sócrates y por lo tanto debo dar una conclusión, diré que no nos debemos quedar atrás en cultura y debemos hacer caso a los expertos, a esos déspotas ilustrados que se han formado tanto para saber que nos conviene y para dejar testimonio a las generaciones venideras, así que La Isla Mínima es sin duda la mejor película de una gala que por cierto fué la mejor de los últimos años, aunque yo vuelva a ver Ocho apellidos vascos a para reírme un poco en estos tiempos de incertidumbre.

¿Después de los premios Goya, la cultura debe ser democrática o despótica?
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