A FONDO

Cómo la CIA dio caza al Che Guevara en Bolivia, con su propio manual

La paradoja de un revolucionario atrapado por sus propias tácticas en la selva boliviana.
El objetivo del Che era  establecer focos revolucionarios en el corazón de Sudamérica. / RR SS.
El objetivo del Che era establecer focos revolucionarios en el corazón de Sudamérica. / RR SS.

Ñancahuazú, Bolivia, 1967. En lo profundo de la selva boliviana, un hombre con barba, fusil y sueños continentales libraba su última batalla. Ernesto “Che” Guevara, símbolo universal de rebeldía, caía en una emboscada que llevaba su propia firma. La paradoja fue brutal: las mismas tácticas que diseñó para vencer al enemigo fueron utilizadas por sus perseguidores para derrotarlo. Detrás de la épica guerrillera, se desplegó una guerra de inteligencia quirúrgica donde la CIA, estudiando sus pasos con paciencia, lo venció con sus propias armas.

EL MANUAL QUE LO TRAICIONÓ

En 1961, Guevara publicó La Guerra de Guerrillas, una obra que codificaba su experiencia revolucionaria en Cuba. Allí propuso una metodología para la insurrección rural basada en pequeños focos armados, apoyo campesino, movilidad extrema, descentralización táctica y la moral como combustible ideológico. El libro fue rápidamente traducido, circulado y estudiado por movimientos de izquierda en todo el mundo... pero también por los servicios de inteligencia occidentales.

“El Che nos enseñó cómo cazarlo”, confesó años más tarde Félix Rodríguez, agente cubanoamericano de la CIA que participó directamente en su captura. “Solo tuvimos que invertir la lógica”. Y eso fue exactamente lo que hicieron.

La Agencia no se limitó a ese manual. También examinó Pasajes de la Guerra Revolucionaria —donde Guevara narraba sus vivencias en la Sierra Maestra— y estudió su papel en la represión de las guerrillas anticomunistas en la Sierra del Escambray (1960-1965), en Cuba. En aquella campaña, el Che aplicó duras tácticas de contrainsurgencia: infiltración, sabotaje logístico, presión psicológica y cercos de aniquilación. Paradójicamente, esas mismas lecciones fueron replicadas por la CIA y el ejército boliviano en la jungla donde el Che encontraría la muerte.

Portada del libro La guerra de guerrillas, de Che Guevara,  una obra de 1961 que codificaba su experiencia revolucionaria en  Cuba. / RR SS.
Portada del libro La guerra de guerrillas, de Che Guevara, una obra de 1961 que codificaba su experiencia revolucionaria en Cuba. / RR SS.

OPERACIÓN FANTASMA: EL SUEÑO CONTINENTAL

La incursión de Guevara en Bolivia no fue una aventura improvisada. Fue parte de un plan mayor diseñado por la inteligencia cubana y aprobado por Fidel Castro: la “Operación Fantasma”. El objetivo era ambicioso: establecer focos revolucionarios en el corazón de Sudamérica, en puntos estratégicos que permitieran irradiar la insurgencia hacia Argentina, Perú, Chile y Brasil. Bolivia, por su posición geográfica y debilidad institucional, fue seleccionada como el epicentro de esa estrategia.

Guevara llegó al país con identidad falsa y se instaló en la zona de Ñancahuazú, donde comenzó a organizar una columna de combatientes compuesta por cubanos, bolivianos y algunos extranjeros. Al principio, las emboscadas tuvieron éxito contra un ejército boliviano poco entrenado. Pero el entusiasmo inicial dio paso rápidamente a una cadena de errores, traiciones y descoordinación que minaron la iniciativa revolucionaria.

El Che y su grupo guerrillero en la selva boliviana. / RR SS.
El Che y su grupo guerrillero en la selva boliviana. / RR SS.

LA JUNGLA VIGILADA

Uno de los primeros reveses fue político: el Partido Comunista Boliviano, dirigido por Mario Monje, se negó a subordinarse al liderazgo del Che. Las fricciones entre los combatientes cubanos y bolivianos hicieron tambalear la cohesión del grupo. Pero el golpe decisivo vino desde el terreno: los campesinos, que Guevara esperaba convertir en aliados, se convirtieron en informantes del ejército. No por convicción ideológica, sino por miedo, recompensas o simples deseos de sobrevivir.

La CIA, por su parte, intensificó su presencia en Bolivia. Agentes de inteligencia y asesores militares, como Félix Rodríguez y el coronel Edward Lansdale, coordinaron una estrategia de contrainsurgencia de alta precisión. En paralelo, un grupo de Boinas Verdes del ejército estadounidense entrenó al recién formado “Destacamento 8” boliviano, una unidad de élite especializada en guerra irregular. Su misión era clara: cazar al Che.

Las técnicas aplicadas en la Sierra del Escambray, en Cuba, por los revolucionarios —infiltración campesina, interrupción de rutas de abastecimiento, manipulación informativa, terror psicológico y cerco final— fueron ahora empleadas en su contra.

En pocas semanas los asesores militares norteamericanos, entrenaron al Destacamento 8 boliviano, especialmente creado para aniquilar la guerrilla del Che. / RR SS.
En pocas semanas los asesores militares norteamericanos, entrenaron al Destacamento 8 boliviano, especialmente creado para aniquilar la guerrilla del Che. / RR SS.

LOS DIARIOS DEL CHE: CRÓNICA DEL DESASTRE

Los diarios que Guevara escribió durante su campaña boliviana —recuperados tras su muerte y publicados por el gobierno cubano— ofrecen una crónica descarnada del colapso. Allí se percibe un comandante cada vez más desorientado, aislado y frustrado.

“El campesinado no nos ayuda... hay hostilidad y miedo”, escribió el 21 de abril de 1967. Más adelante, anotaría: “Nos delatan constantemente. Es como si supieran nuestros pasos.” Y así era. Las redes de informantes, incentivadas por las fuerzas de seguridad, reducían cada vez más su margen de maniobra.

La guerrilla fue siendo encapsulada, debilitada por la desnutrición, la enfermedad y la constante persecución. Las deserciones se multiplicaron. El cerco se cerraba.

EL CHE CONTRA SU REFLEJO

Cada uno de los pilares de la estrategia guevarista fue sistemáticamente desmontado. El foco guerrillero, concebido como una llama expansiva, quedó aislado en un terreno cada vez más hostil. La movilidad táctica fue restringida gracias a la vigilancia constante y la inteligencia precisa. El apoyo popular, clave en su doctrina, se transformó en una red de vigilancia civil. La moral del grupo fue erosionada por el hambre, las traiciones internas y la ausencia de resultados tangibles.

El 8 de octubre de 1967, Guevara fue finalmente cercado en la Quebrada del Yuro. Herido y sin capacidad de fuga, fue capturado por el Destacamento 8. Al día siguiente, tras una breve deliberación, fue ejecutado en la escuela de La Higuera, por orden del alto mando boliviano, con el aval de la CIA. Su cadáver fue expuesto como trofeo, aunque con el tiempo se convirtió en una reliquia revolucionaria.

DESPUÉS DEL CHE: LA DESILUSIÓN ARMADA

La muerte del Che Guevara fue un golpe demoledor para la izquierda latinoamericana. No solo por su valor simbólico, sino porque marcó el fin del modelo foquista como vía rápida para la revolución. A partir de entonces, muchas guerrillas se replegaron, otras radicalizaron su violencia, y algunas se transformaron en entes parasitarios de los conflictos sociales.

En ciertos países, como Colombia, los movimientos insurgentes derivaron en estructuras criminales vinculadas al narcotráfico. En otros, como Nicaragua o El Salvador, los triunfos revolucionarios fueron seguidos por décadas de autoritarismo o cooptación institucional. Incluso Cuba, matriz del proyecto guevarista, terminó consolidando un régimen vertical, burocrático y profundamente alejado del idealismo romántico de los años 60.

EPÍLOGO: LA PARADOJA DEL MITO 

El Che se convirtió en un símbolo y su foto recorrió el mundo. / RR SS.
El Che se convirtió en un símbolo y su foto recorrió el mundo. / RR SS.

Ernesto Guevara fue derrotado en lo militar, pero no en lo simbólico. Su imagen —recogida en la célebre fotografía de Korda— trascendió la historia para convertirse en emblema. Fue absorbido por la cultura de masas, convertido en póster, camiseta, tatuaje. Un ícono sin contexto, muchas veces desprovisto de su complejidad ideológica.

Sin embargo, el análisis frío de su final permite una lección más profunda: el Che fue vencido por su propio reflejo. Su legado táctico, convertido en manual de caza, terminó volviéndose contra él. La selva boliviana no fue solo una trampa militar, sino una tumba política para el sueño del foco revolucionario.

Así, el hombre que enseñó al mundo cómo hacer la revolución, enseñó también, sin quererlo, cómo apagarla. @mundiario

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