Cliff Martínez: un músico que describe las fronteras y su crisol de contrastes

Foto de Yougo Jeberg
Fotografía de Yougo Jeberg.

En bandas sonoras como Traffic, el artista Cliff Martínez describe la incertidumbre de las fronteras entre países, un crisol de constrastes a través de una música envolvente.

Cliff Martínez: un músico que describe las fronteras y su crisol de contrastes

En bandas sonoras como Traffic, Cliff Martínez describe la incertidumbre de las fronteras entre países, un crisol de contrastes a través de una música envolvente.

 

Lo difícil que resulta que la música de una banda sonora tenga vida por sí misma, que la calidad de sus temas construya un relato propio al margen de la película. En el caso de Traffic, Cliff Martínez lo consigue a través de una compleja búsqueda de atmósferas y texturas envolventes que nos trasladan a espacios insólitos, oscuros, inexistentes quizás en la propia realidad que su música confunde con el limbo, con carreteras abandonadas que desembocan en barrancos sepultados bajo el polvo.

Y es ese efecto imaginativo lo que define la música de Cliff Martínez desde un lirismo soberbio, acusado por la impronta de Brian Eno y de compositores de música contemporánea como Ligeti o Gorecki. Todo es insinuante en esa banda sonora y la destacada película de Soderbergh, con su trama de narcotráfico y su cromatismo evocador, queda solapada en algunos momentos por esta música que es capaz de incorporar su particular visión de las cosas, de seducirnos valientemente para que produzcamos nuestra realidad imaginada.

En mi caso, se trata de un mundo desolador, inscrito en la noche, a las afueras de una ciudad. Unas gentes que caminan por los arcenes buscando el maná, cargados con unos hatillos, rezando para que la policía no los encuentre y los deporte en el mejor de los casos. Una definición precisa, dentro de esas atmósferas tan sugerentes, del choque de culturas, de los límites traumáticos que suponen las fronteras. Horizontes invadidos por los fantasmas de los ancestros y por chacales, cuyos ojos incendiados una y otra vez penan entre los túmulos de arena. Pese a la dureza del mensaje de esas músicas evocadoras, existe una preciosista elegancia en esa búsqueda de sonidos acústicos y electrónicos a cargo de Cliff Martínez con el fin de denunciar el mal que se aloja en esa belleza congénita que subsiste siempre en esos paisajes desérticos de la frontera.

  Niebla, lejanía y carreteras para expresar esa lírica sin contención, sin vitalismo, llena de estímulos elegiacos que este músico nos traslada sin reserva. Para que soñemos mientras los bruñidos reflejos sobre las arenas quieren decirnos algo. Quizá, terrible.

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