Las causas que motivaron el Día Internacional contra la Violencia de Género no desaparecieron

La lucha contra la violencia de género. / Manel Vizoso
La lucha contra la violencia de género. / Manel Vizoso
No desapareció la violencia física, psicológica y sexual, tampoco desapareció la discriminación laboral y salarial y persiste la asimetría en el reparto de las tareas domésticas.
Las causas que motivaron el Día Internacional contra la Violencia de Género no desaparecieron

Tristemente, el Día Internacional contra la Violencia de Género, este 25 de noviembre, tiene que seguir conmemorándose porque las causas que motivaron su implantación no han desaparecido.

No desapareció la violencia física, psicológica y sexual –directa o a través de las redes– que parece incrustada en las entrañas de la sociedad y con frecuencia cae con contundencia sobre muchas mujeres.

Sin duda, la más cruel de las violencias es la muerte que periódicamente sigue causando un machismo irredento que mata con premeditación y ensañándose con las víctimas. Pero hay otras formas de violencia que anulan su personalidad y las van matando lentamente. Es el maltrato diario en forma de aislamiento y marginación social; de amenazas y acoso continuado; de insultos y desprecios; de discriminación, incluso en los ámbitos deportivos; o culparlas de todos los males personales y de todos los problemas familiares.

Es muy inquietante el aumento de las agresiones sexuales en un 9,2 %, según el balance de criminalidad del Ministerio del Interior relativo a los nueve primeros meses del año. También es preocupante que, uno de cada cinco jóvenes varones de entre 15 y 29 años, el doble que hace cuatro años, cree que en España no existe la violencia machista y en torno a la mitad, cuatro puntos más que en 2017, considera que la violencia hacia las mujeres no es un problema grave en la sociedad. Lo dice el barómetro sobre juventud y género de la Fundación Ayuda contra la Drogadicción (FAD).

Tampoco desapareció la desigualdad laboral y salarial. “Sin las mujeres se para el mundo”, decía la pancarta de una manifestación, y es verdad. Pero la sociedad no acaba de lograr la plena equiparación entre hombres y mujeres. Se les paga menos por trabajos iguales; tienen unas carreras laborales más cortas por no poder conciliar la vida laboral y familiar y no ocupan los puestos directivos que su inteligencia y responsabilidad merecen...

Hay también una asimetría en las tareas domésticas, como expresaba el humorista Ricardo en una viñeta en la que dibujó a un hombre que mira para la cama deshecha y dice: “¡Maldita sea!, animé a mi esposa a que fuera a la manifestación del día de la mujer, pero se le olvidó dejarme las instrucciones de cómo hacer la cama!”. Real como la vida misma.

¿Qué está fallando? La ley, dice una mujer maltratada, lleva a la cárcel a muchos asesinos y dicta órdenes de alejamiento, pero no erradica la violencia y el maltrato. “Falla –añade– a sociedade en conxunto, fallamos todos... Necesitase moita educación” en la familia, en la escuela y en la sociedad para prevenir la violencia, proteger siempre a las mujeres que la sufren y perseguir a los maltratadores que la ejercen. @mundiario

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