Cataluña detecta cuatro nuevos casos positivos de peste porcina africana
La alerta ya no es hipótesis: es realidad. Cataluña ha confirmado cuatro nuevos casos de peste porcina africana (PPA) en la sierra de Collserola, exactamente en el mismo radio de vigilancia donde, el 26 de noviembre, aparecieron los dos primeros jabalíes muertos por el virus. El hallazgo, a un kilómetro del campus de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), no solo refuerza la existencia de un foco activo, sino que sitúa a España ante el mayor desafío sanitario para su sector porcino en tres décadas. El país, primer productor de la Unión Europea y tercer gigante mundial, observa con inquietud cómo una enfermedad capaz de arrasar una granja en cuestión de días vuelve a cruzar su frontera epidemiológica.
Lejos de interpretarse como una expansión incontrolada, las autoridades catalanas consideran que estos nuevos hallazgos dentro del perímetro ya acordonado prueban que el plan de contingencia está funcionando. No hay cadáveres dispersos ni un salto geográfico que haga pensar en un brote diseminado; al contrario, todo apunta a un núcleo localizado que, con rapidez y disciplina, se intenta encapsular antes de que llegue al ganado doméstico.
La maquinaria científica no ha tardado en activarse. El IRTA-CReSA, el centro de referencia catalán en sanidad animal, detectó los casos en cuestión de horas gracias a un sistema de vigilancia que opera desde 2019 las 24 horas del día. Las muestras ya han sido enviadas al Laboratorio Central de Veterinaria de Algete —como marca el protocolo nacional—, aunque nadie duda de los resultados catalanes. La PPA, conocida coloquialmente como La Pepa por los veterinarios, es demasiado seria como para dejar margen al escepticismo: fiebre fulminante, tos, hemorragias y una mortalidad cercana al 100%.
El conseller de Agricultura, Òscar Ordeig, ha reiterado lo que el sector teme y lo que la Administración reconoce: el impacto económico será grande. Muy grande. La simple detección de casos ha activado un bloqueo preventivo de exportaciones. Japón, México y Reino Unido han prohibido la entrada de carne española, mientras que China —cliente estratégico— ha optado por una restricción más quirúrgica que afecta únicamente a la provincia de Barcelona. El matiz es una tabla de salvación: solo el año pasado, España exportó a China porcino por valor de casi 1.100 millones de euros.
El cierre territorial, un cerco para frenar la expansión
El Govern catalán ha establecido un cierre de seis kilómetros alrededor del punto de Cerdanyola donde aparecieron los primeros jabalíes. Dentro de ese perímetro, que abarca 12 municipios —de Sabadell a Sant Cugat, de Ripollet a Terrassa—, se han activado medidas estrictas para impedir la dispersión del virus. En un radio mayor, de hasta 20 kilómetros y 64 municipios, queda prohibido circular en bicicleta, cazar y pescar. Basta una suela contaminada, una rueda embarrada o un vehículo sin desinfectar para transportar la enfermedad varios kilómetros.
Los próximos días marcarán la diferencia entre un susto controlado y un golpe que podría tardar años en cicatrizar. Ordeig lo ha adelantado: si el foco se contiene con rapidez, será posible renegociar la reapertura de mercados. Si no, el cierre comercial podría prolongarse y desencadenar un efecto dominó en toda la cadena agroalimentaria. @mundiario