Cataluña deja atrás la peor sequía del siglo: adiós a las restricciones en Barcelona

La Generalitat ha anunciado el fin de la alerta en el sistema Ter-Llobregat, que abastece a casi seis millones de personas, y el levantamiento de restricciones en más de 200 municipios.
El pantano de Sau supera el 63% de su tope. / RR SS.
El pantano de Sau supera el 63% de su tope. / RR SS.

Después de 1.600 días de preocupación por la falta de agua, Cataluña ha alcanzado un punto de inflexión en su crisis hídrica. La consejera de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica, Sílvia Paneque, anunció este sábado la salida de la fase de alerta del sistema Ter-Llobregat, que abastece a Barcelona, Girona y sus áreas metropolitanas. La medida, que se hará efectiva tras su oficialización en la reunión semanal del Govern el martes, pone fin a las restricciones impuestas desde noviembre de 2022 y permite la recuperación de actividades cotidianas como el riego de jardines privados o el lavado de vehículos.

La imagen del embalse de Sau, con el agua cubriendo nuevamente el icónico campanario de su pueblo sumergido, se ha convertido en el símbolo de una recuperación impulsada por las lluvias de marzo, las más intensas en los últimos 25 años. En apenas un mes, las reservas de las cuencas internas catalanas han pasado del 32% al 64% de su capacidad, un cambio que deja atrás la peor sequía en 200 años, según confirmó Paneque.

El levantamiento de la fase de alerta implica el fin de la reducción del consumo en sectores como la agricultura (25%), la ganadería (10%) y la industria (5%). Adicionalmente, las fuentes ornamentales de las ciudades volverán a funcionar tras dos años y medio de inactividad. Sin embargo, las autoridades han decidido mantener las desaladoras operando al 90% de su capacidad para seguir almacenando agua y reforzar los acuíferos, una estrategia preventiva ante posibles periodos de escasez en el futuro.

Situación de alerta

Pese a la mejora, algunas zonas de Cataluña continúan en situación de alerta. El acuífero del Fluvià Muga, que abastece a 22 municipios del Empordà, ha pasado de la fase de excepcionalidad a la de alerta, lo que supone un alivio progresivo de las restricciones. No obstante, localidades como Figueres o Cadaqués, dependientes del embalse de Darnius-Boadella, seguirán bajo limitaciones.

El impacto de la sequía ha sido profundo, llegando a amenazar el abastecimiento de Barcelona y forzando al Govern de Pere Aragonès a activar en marzo de 2024 la fase de emergencia, con medidas sin precedentes en el consumo doméstico e industrial. Esta crisis aceleró la implementación de un plan de transición hídrica que busca reducir la dependencia de la lluvia para 2028, con inversiones en desaladoras y plantas de regeneración de agua.

El agua también fue un punto clave en el debate político, reabriendo la discusión sobre un posible trasvase del Ebro y condicionando la negociación de los Presupuestos autonómicos. La negativa de los Comuns a proyectos como el complejo turístico Hard Rock en Tarragona, debido a su impacto en el consumo hídrico, contribuyó al fracaso de las Cuentas y a la convocatoria de elecciones anticipadas.

No bajar la guardia

En Barcelona, la normalización del suministro ha permitido reactivar la reforestación urbana. Hasta ahora, el Ayuntamiento ha plantado 3.285 árboles y 3,9 hectáreas de vegetación, recuperando un 40% de la masa verde perdida por la sequía. Se prevé que para 2026 se hayan repuesto un total de 7.500 árboles y restaurado 8,2 hectáreas de vegetación afectada.

Paneque aprovechó su discurso en el pantano de Sau para agradecer la gestión de sus predecesores y subrayó la importancia de no bajar la guardia. "La mejora de las reservas no debe alejarnos de la hoja de ruta del Govern en materia de agua", advirtió, recordando que la comunidad debe prepararse para futuras crisis hídricas derivadas del cambio climático. Para ello, se prevé la ejecución de obras para la captación de agua y la mejora de infraestructuras, con el objetivo de incrementar en 31 hectómetros cúbicos las reservas disponibles.

El fin de la peor sequía de la historia reciente de Cataluña representa un respiro para sus habitantes y sectores productivos, pero también deja una lección clara: la necesidad de una política hídrica sostenible y resiliente frente a los retos climáticos del futuro. @mundiario

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