Carta abierta a Salvador Sostres: ¿Son solo para los hombres los grandes restaurantes?

Salvador Sostres / Veo
Salvador Sostres / Veo
"Los grandes restaurantes son para personas que saben serlo. De hecho, si fuera un concepto masculino, solo para hombres, tú tendrías el acceso restringido", le dice Tzane G. Lago a Sostres.
Carta abierta a Salvador Sostres: ¿Son solo para los hombres los grandes restaurantes?

Salvador:

Algunos hombres y no todos, gracias a Dios, deberían de dejar de escribir gilipolleces. Como el artículo de Salvador Sostres en la versión digital de El Mundo. Y mucho menos cobrar por ello. Ni ellos son felices ni nos dejan serlo a nosotras. En este tipo de artículos es poco frecuente ver o distinguir a hombres de verdad, de esos que lucen más de dos dedos de frente. El hacerlo para llamar la atención o para quejarse de algún trastorno en lo que a la relación propia con las mujeres se refiere es un concepto de machismo recalcitrante. Las  actividades principales en cualquier ámbito son compartir. Las mujeres, y los hombres en los restaurantes, hacen todo lo posible por disfrutar y para que tú en principio te comas lo que te dejen; lo de no beber, y contar tus copas según tú de forma desagradable de describir, depende de tu opción para quedar a cenar con alguien, que por lo poco que se te conoce no deben de ser muchas.

Compartir no es una estrategia. Compartir es un acto de dos, si tú no quieres, solo es necesario conocer tan triste elección. La cuestión es compartir, efectivamente…  y qué tiene de malo? Nadie se enfada a no ser que tengan que sufrir tus actitudes de niñato mal criado, el acto de desamor viene cuando alguien es capaz de ver tanta mierda mientras come.

No quieres compartir tú. Quieres comer tú. Quieres comer porque te gusta comer, porque disfrutas comiendo, porque eres muy feliz  sentado en un gran restaurante, y comiendo todo lo que puedas comer. Me ahorraré el adjetivo. Aparentas muchos complejos, y seguro que si fuera a través de pulsar un botón ya te habrías quitado tu triste papada, estés o no en un gran restaurante. Algunos, como algunas mujeres son esclavos de lo que les da la gana. Habla de ti, de cómo te gusta el acto físico de comer, el acto intelectual de comer, el acto celebrativo de comer y de cómo sientes un gran afecto y agradecimiento a las personas que cocinan para ti y tienen la bondad de servirte. Disculpar todo eso, bajo el amparo de una posible estafa por hacer la mitad de gasto me parece ya el súmmun del ridículo. A ti te gustará pagar, porque es el único acto en el que te debes sentir importante. Pagar no es de valientes, pagar es el acto de compartir un intercambio de bienes. Compartir. Yo comparto mi comida, y al tiempo tú compartes tu dinero conmigo. Siempre hay un precio cuando alguien cree que todo está en venta.

El hecho de que una mujer tenga una opinión sobre tu plato debería de ser una opción más para conocerla, el reproche aparece cuando tú lo asimilas como tal, si ella piensa que no te conviene comer eso, es porque ve un posible ataque cardíaco que a veces y dependiendo del personaje sería lo que más le convendría. Poner a la mujer como al ser que censura cualquier actividad es simplemente el reflejo de que algo no va muy bien en tu interior y no me refiero al colesterol. Si tu plato es tu patria, líate con la carta y hazle el amor al tenedor, sin que nadie interrumpa esa intimidad entre tú y tu plato. Decir que interrumpimos sin respeto a nada me parece la generalización propia de alguien que ya debería de tener algunos conceptos claros.

Actitudes molestas, son éstas, y también muy machistas, la de quejarse, con el argumento de que "no dejáis que seamos libres…" Lo que es una indigencia es que exista la posibilidad de que tú escribas tus neuras amparándote en que el resto de los hombres piensan igual. No se trata de quejarse sino de vivir. Vivir y dejarse de tantas chorradas.

Los grandes restaurantes son para personas que saben serlo, de hecho si fuera un concepto masculino, solo para hombres, tú tendrías el acceso restringido.

La aversión la sientes tú, tú eres quien debe de tener el termostato averiado, ese que indica dónde estás, y con quién…

Quiero decirte también que si alguna, en lo que para ti es un desastroso final, te ha dicho que tenía sueño, seguramente lo ha hecho porque, después de ser testigo de todo tu 'empapuzamiento', sumado al alcohol ingerido y tu personalidad, has empezado a decir tantas tonterías que es mejor retirarse antes de que empiece alguien a pensar que eres peor de lo que ya suponían. Así que dale las gracias. Mejor levantarse e ir a dormir la mona.

Lo que en el fondo te sucede es que tienes envidia de los grandes restaurantes donde existen parejas felices por compartir o saber ser y ver en el otro lo mejor que les ha ocurrido. Envidia de lo felices que los ves. Esa felicidad tan de otros, y que  no controlas ni tiene nada que ver contigo. Al no poder vencerla, quieres destruirla, porque te sientes prescindible e inseguro. ¡Ah, la franca verdad que escondes! Qué lejos queda de cualquier comprensión femenina o masculina.

Grandes restaurantes solo para personas, personas libres, que son las que saben disfrutar. No definas más  tu modelo de ocio, y tus locales exclusivos, a los que juro por mi santa madre que nunca iría por el miedo de encontrarme alguien como tú.

Carta abierta a Salvador Sostres: ¿Son solo para los hombres los grandes restaurantes?
Comentarios