El Camino de Santiago se afianza como el primer itinerario cultural europeo

Monumento al peregrino, en Santiago de Compostela.
Monumento al peregrino, en Santiago de Compostela.

Una gran mayoría de los gallegos peregrina a Santiago en Año Santo, bien de forma colectiva con alguna organización o bien de forma individual, en ambos casos a menudo andando.

El Camino de Santiago se afianza como el primer itinerario cultural europeo

Una gran mayoría de los gallegos peregrina a Santiago en Año Santo, bien de forma colectiva con alguna organización o bien de forma individual, en ambos casos a menudo andando.

MUNDIARIO inicia una serie de artículos que pretenden ayudarle a conocer mejor el trayecto por el Camino Francés a través de Galicia. Después se hará una breve semblanza del arranque en Europa de las vías más importantes del Camino en Francia, su enlace en los Pirineos con las vías en España, el recorrido por las Comunidades Autonómicas, y los otros Caminos de Santiago. El Camino de Santiago se afianza como el primer itinerario cultural europeo.

 

Para muchos de los habitantes de Galicia, Santiago de Compostela queda cerca, conocen bastante bien la ciudad, la catedral, el sepulcro del Apóstol y otros monumentos importantes. Últimamente hay un gran interés por conocer los diversos trayectos del Camino de Santiago a través de la comunidad, y más concretamente del Camino Francés. Otros se sorprenden por la gran avalancha de peregrinos  andando que cada día de Año Santo, sobre todo, llegan a Compostela.

Previamente empezamos con el objeto de este análisis: un puntual recorrido desde O Cebreiro límite de Galicia con la Comunidad de Castilla-León, hasta la finalización en Santiago. Si el lector se propone recorrer el Camino Francés desde los Pirineos, necesita  veinte días libres y un entrenamiento a buena marcha, basado en recorrer cuarenta kilómetros diarios durante siete días seguidos.

En el caso de no disponer de tantos días libres, fruto del llamado mundo organizado, puede hacerlo por partes durante varios años, o bien, un buen proyecto para conocer el Camino sería recorrerlo motorizado desde los Pirineos a O Cebreiro, visitando las más importantes joyas que el arte nos ha dejado por todo el recorrido, y desde O Cebreiro, a pie , recorriendo la Galicia del interior, su estructura rural, su verde paisaje, su arte y sus  vivencias.

Los orígenes.- Desde la prehistoria los hombres se desplazaban hacia el occidente llegando a Finisterre, el fin de la Tierra. Es un hecho constatado en la antigüedad, la llegada de gentes proce­dentes de Europa. Los pueblos centroeuropeos se habían fijado en un hecho llamativo que ocurría en las noches claras. En el cielo apare­cía marcado un rumbo mediante millones de estrellas. Es la Vía Láctea una constelación de la que forma parte el sistema solar. Una mancha lechosa, "El Camino de las Estrellas", señalando el occidente y debiendo significar algo. Algunos pueblos quisieron venir a averiguarlo, a contemplarlo con los ojos.

Los primeros en llegar a Finisterre fueron los Celtas o Saefes, "Serpientes" como se llamaban ellos. Eran un pueblo Indoeuropeo asentados en el corazón de Europa, en el nacimien­to de los ríos Rhin, Danubio y Ródano. Se pusieron en marcha siguiendo el rumbo marcado en el cielo por El Camino de las Estrellas, llegando a Galicia el año 600 antes de Jesucristo. Aquí se establecieron aportando sus tradiciones y cultura. Los celtas no dominaron la escritura. No dejaron ningún texto escrito, pero sobre ellos nos hablan Ptolomeo, Avieno, Plinio y Strabón, entre otros, los geógrafos clásicos. Los celtas consideraban que el espíritu de los muertos partían hacia otro mundo desde Finisterre, el punto más occi­dental de Europa, considerándole un lugar sagrado, señalado por El Camino de las Estrellas, entonces empezaron a peregrinar hasta allí para ver la morada de los muertos. Tenían más de cien dioses, como ríos, montes, árboles, fuentes, colocando piedras altas en el cruce de los caminos donde les adoraban. La Iglesia Católica tomó este hecho para convertirlo en "Cruceiros".

Posteriormente llegaron otros pueblos. Por mar lo hicie­ron los fenicios, asombrándose al ver entrar el Sol en el océano. En Finisterre elevaron un altar para adornar al Sol, "El Ara Solis".

En el año 136 a.d.C. entraron los romanos en Galicia. Llegaron para buscar los minerales que había en la tierra, el oro, conquistando el mítico país descrito por los geógrafos clásicos Dión Casio y Paulo Osorio: “donde estaba el Finiste­rre, en el que habitaba el pueblo celta, dividido en tribus, una de las cuales los Nerios, vivían en Finisterre, llamado por los romanos "Promontorium Nerium", "allí donde el Sol tenía su casa". Describían así la puesta de Sol:  "Cada día en el Noroeste de la península, el Sol se mete en el océano, produciendo un ruido, un chirrido, como si metiésemos un hierro candente en el agua". Muchos antiguos recorrieron el mundo para ver este fenó­meno. Los romanos establecieron allí la capital política de la zona, Dugium, actual Duyo. Llegaban de las nuevas ciudades fundadas por Augusto: Brácara (Braga en Portugal), Lucus Augusti (Lugo), Astúrica (Astorga). Llegaban a través de las nuevas vías, las calzadas. Una de ellas era la XIX, desde Astúrica a Lucus, mandada construir por el Emperador Claudio (41-45 a.d.C), continuando después hasta Iria Flavia, la ciudad más importan­te de Galicia. Otras calzadas iban de Pamplona a Briviesca y de Briviesca a Astúricas. (Continuará).

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