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MUNDIARIO

Los cambios de paradigmas que acarreará el final de la crisis de la Covid-19

Con la crisis de la Covid-19 hemos llegado a un punto de inflexión general que hará remover nuestra escala de valores en los cinco continentes.
Los cambios de paradigmas que acarreará el final de la crisis de la Covid-19
Una calle de Madrid desierta por el coronavirus. / @javierherce
Una calle de Madrid desierta por el coronavirus. / @javierherce

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Ignacio Sánchez León

Ignacio Sánchez León

El autor, IGNACIO SÁNCHEZ, es consultors y autor de libros y enseñanza superior. Fue periodista financiero y corresponsal en varios países para medios fundamentalmente de habla hispana. Colabora en MUNDIARIO. @mundiario

Como afirmó recientemente Noam Chomsky: “Esta crisis (coronavirus) es el enésimo ejemplo del fracaso del mercado al igual que lo es la amenaza de una catástrofe medioambiental”. Con la crisis del #COVID19 hemos llegado a un punto de inflexión general que hará remover nuestra escala de valores en los cinco continentes y no pocos paradigmas. Pese a la gravedad de la pandemia, podría interpretarse como una segunda oportunidad que se nos concede para dejar de maltratar el planeta y acabar con ciertos dogmas de conducta social.

Entre los cambios de paradigma que resultan más apremiantes alterar, destacan unos cuantos a continuación:

1.- Del consumismo desacerbado al consumo moderado y sostenible. En el lema “menos es más” podemos encontrar un punto de equilibrio y hasta la felicidad. Al derroche actual se le suma la obscenidad de la “obsolescencia programada”, abocándonos a un colapso total por los  residuos que ya representan más de un planeta y medio, y los consiguientes problemas de salud que estamos viendo.  La economía circular puede ser un buen antídoto aunque no único.

2.- De la jornada laboral de 40h a otras más flexibles: tanto presencialismo -al menos en España- ha demostrado ser un fracaso en términos de productividad. La apuesta por unos horarios flexibles y racionales, el teletrabajo, la conciliación, la jornada a tiempo parcial, la jornada partida, compartida, por qué no de 25 horas semanales, pero también la edad de jubilación, las cotizaciones, la revisión de las vacaciones, la reducción de gastos sociales para las empresas… son algunas recetas posibles que en la era digital, artificial y robótica del s. XXI fomentarían además el empleo. Esto requiere un buen puñado de reformas valientes a las que nos vemos abocados y que pongan fín a unas férreas estructuras vigentes más propias del s. XIX

3.- Del vehículo del pueblo (Volkswagen) a inundar el planeta de C02. La movilidad del futuro pasa por definirse de nuevo. Desde luego no puede seguir pasando por un título de propiedad con ficha técnica. Ni siquiera los vehículos eléctricos, porque aunque no expulsen gases contaminantes, sí lo son sus baterías cuando dejen de ser útiles, amén de toda la energía necesaria  para movilizar a un parque de coches aún mayor en el futuro si cabe. El transporte público, compartido, pero también el teletrabajo, las comunicaciones multimedia y videoconferencias se terminarán por imponer pese a las resistencias de hoy en día. Colapsar con vehículos  la entrada de las ciudades, aparte de ser anacrónico es poco saludable, rentable y eficaz

4.- Por la misma razón, se calcula que el 80% de la población mundial vivirá en grandes núcleos urbanos de aquí al 2.050 aproximadamente. Esta tendencia no hará sino agudizar la despoblación y las migraciones. La economía digital y una buena red de conexiones ultrarrápidas son una oportunidad de oro para estrechar el desfase y permitir revitalizar la España vacía, la irrupción de cada vez más emprendedores digitales, al tiempo que se  descongestiona la masificación de las urbes. En este sentido, los actores sociales tendrán que quitarse el complejo de centralizar los centros de poder y optar por estructuras más federales. El equilibrio demográfico podría saldarse simplemente dejando de negar las nuevas tecnologías y apostando por reubicar en el medio rural o capitales de provincia centros de decisión y/o productivos.

5.- Otro paradigma a recambiar: ¿De verdad necesitamos tener tantos funcionarios y políticos? Cualquier comparación con otras democracias mucho más pobladas nos debería hacer sonrojar. De qué nos sirve tener un Parlamento con 350 diputados y 260 senadores (por citar sólo unos pocos) cuando hemos visto plenos a mínimos durante el Covid19 para sacar adelante ciertas iniciativas legislativas. Un mínimo de señorías para apretar un botón son más que suficientes a medida que se abre paso el empoderamiento, la eGovernance (el gobierno digital) y una eDemocracia mucho más participativa.

6.- Las escuelas, reconvertidas actualmente en “centros laborales infantiles” con horarios tan prolongados como los de sus primogénitos, han dejado de ser lo que eran a tenor por los informes Pisa. La ausencia de horarios racionales ha contagiado a la enseñanza. Sin tiempo para el desarrollo infantil y abrumados por jornadas improlongables, deberes, actividades extraescolares, al colapso cognitivo se le suma la indecencia moral de pasar de curso con asignaturas suspendidas. El fracaso escolar no sólo es cosa de los estudiantes, también lo es de tantas reformas educativas fallidas sin consenso curricular  ni orientación pedagógica. Mientras la enseñanza no se erija de verdad en un ramo estratégico para el país, los maestros y educadores obtengan el protagonismo social que se merecen, tanta vocación no puede contener tanto maltrato social al futuro de nuestros herederos.

7.- Un sector público con exceso de colesterol y sin control sanitario como se ha demostrado. Los ámbitos nucleares han de quedar claros de una vez por todas sin admitir más discusión política:  la enseñanza, la sanidad, la vivienda, la tecnología y la seguridad. Ahí deberían concentrarse los dineros  públicos, adelgazando el resto de nóminas poco productivas y reduciendo a la expresión mínima todas aquellas otras estructuras a cargo del erario, en especial una clase política parásita e injustificada a todas luces.

8.- De igual manera que no hemos vacilado ante la epidemia más grave que azota a la humanidad desde el final de la II Guerra Mundial como es el Covid19 y en movilizar  el equivalente al 2% del PIB mundial, igual o incluso mayor prioridad tiene contener de raíz los efectos del holocausto ecológico, ya que se cobra del orden de 200.000 vidas humanas cada año en Europa (20.000 sólo en España) a causa de la contaminación. Y sin embargo, llevamos desde la primera Cumbre de la Tierra en 1972, discutiendo plazos, medidas y porcentajes mientras el planeta sufre sus estragos en forma de plagas, sequías, deshielos, hambrunas, terremotos, huracanes, inundaciones, migraciones y extinguimos lentamente toda clase de especies con vida.

9.- Una buena manera de afrontar el cambio climático podría ser empezando por valorar y asumir los daños ocasionados al “patrimonio natural” (ecosistema) en todas las actividades humanas con impacto ambiental. Desde este medio, ya se ha apelado anteriormente por sustituir el cálculo de la renta de un país por una fórmula nueva. Desde la introducción del PIB tras la Gran Depresión de EE UU en 1932 a consecuencia del Crash del 29, esta nueva etapa bien se merece contabilizar el daño ambiental que tantos efectos nocivos acarrean sobre la salud pública. El PIBe (producto interior bruto ecológico) bien podría ser una propuesta,  al permitir visualizar el daño ambiental ocasionado y asumir todos los  costes de reposición o/y de reparación necesarios. @mundiario