El cambio climático encarece los seguros: la factura de los fenómenos extremos en España
El cambio climático dejó hace tiempo de ser un concepto abstracto para convertirse en una fuerza que erosiona la vida cotidiana. Ya no se trata solo de temperaturas récord ni de imágenes de ríos secos o bosques calcinados: también está impactando en un terreno silencioso pero decisivo, el de los seguros. Una encuesta del diario El País sostiene que en España, donde las tormentas de granizo, las olas de calor y las danas han dejado huellas devastadoras, el precio de las pólizas comienza a tensarse. Aunque el sistema nacional de reaseguros mitiga las subidas, la amenaza de que los fenómenos extremos encarezcan cada vez más la cobertura es real y creciente.
Los números son elocuentes. Agroseguro, la entidad pública que protege al campo español, registró en 2023 indemnizaciones históricas por valor de 1.241 millones de euros debido a la sequía. En paralelo, el Consorcio de Compensación de Seguros ha debido hacer frente a inundaciones, erupciones volcánicas y temporales con rachas de más de 120 kilómetros por hora. La siniestralidad aumenta y, con ella, las primas de los seguros de hogar, vida y agrarios. Y aunque el impacto aún es moderado, los expertos advierten de que esta tendencia ha venido para quedarse.
En Estados Unidos, algunas aseguradoras ya han dejado de cubrir viviendas situadas en áreas de alto riesgo por incendios o huracanes. España, de momento, se salva gracias a un modelo único en Europa, donde todos los asegurados aportan una pequeña parte que permite que nadie quede fuera. Pero, ¿hasta cuándo podrá resistir este muro de contención? La pregunta planea con fuerza en un país que encadena años de sequías severas, incendios descomunales y granizadas atípicas.
El ciudadano medio, quizás sin ser del todo consciente, se encuentra en el centro de una ecuación cada vez más frágil: el precio que paga hoy por su seguro de hogar o de coche está condicionado por fenómenos que antes parecían improbables y que ahora son casi rutina. Lo extraordinario se ha convertido en norma, y el sector asegurador lo refleja con tarifas que poco a poco empiezan a escalar.
El modelo español: una barrera que contiene la tormenta
El sistema español de seguros climáticos es la envidia de Europa. Gracias al Consorcio y a Agroseguro, millones de pólizas se blindan contra fenómenos extremos a un coste reducido. Apenas 7 euros anuales por cada 100.000 asegurados en vivienda sirven para cubrir daños por inundaciones, terremotos o erupciones volcánicas. Esa fórmula mutualizada permite que, de momento, no existan zonas excluidas de cobertura, algo impensable en otras latitudes.
Sin embargo, las aseguradoras reconocen que la presión es creciente. El aumento de la frecuencia e intensidad de eventos extremos, sumado a la inflación, tensiona las primas al alza. “Los incendios, inundaciones y riadas se han vuelto más frecuentes e intensos debido al cambio climático”, resume Rafael Manchón, del grupo PIB.
El campo, el gran termómetro del riesgo climático
Si hay un sector que mide con precisión quirúrgica el impacto del clima es el primario. En España, agricultores y ganaderos son quienes más sufren los efectos de la sequía, las heladas y el pedrisco. En 2023, solo las tormentas de granizo afectaron a 600.000 hectáreas aseguradas. Aun así, Agroseguro mantiene estable el precio de las primas gracias a su modelo de mutualización. Un alivio temporal, porque los datos indican que los episodios de sequía y calor extremo no harán sino multiplicarse en la próxima década.
Aunque el efecto en los seguros de vida aún es limitado, la tendencia es clara. Olas de calor que agravan patologías respiratorias y cardiovasculares, incendios que arrasan explotaciones agrícolas o tormentas que dañan viviendas empiezan a entrar en las cuentas de las aseguradoras. Algunas compañías ya reconocen ajustes discretos en sus tarifas. El cambio climático, poco a poco, se traduce en números que pesan sobre las familias.
España resiste mejor que otros países, pero no es inmune. La lógica es sencilla: cuanto más frecuentes sean las catástrofes, mayor será la siniestralidad y, en consecuencia, más caras las pólizas. Si la sociedad no actúa sobre las causas profundas del cambio climático, los seguros —ese colchón silencioso que protege hogares, vidas y cultivos— se convertirán en un lujo progresivamente menos asequible. @mundiario



