Confesiones verdaderas de un verdadero cascarrabias

Autopista de los buitres, un viaje a la izquierda eterna

Es simplemente la nueva religión de los “izquierdistas de autopista”, una cofradía de iluminados que han decidido que el carril izquierdo es suyo por derecho divino.

Una carretera llena de coches. / Mundiario.
Una carretera llena de coches. / Mundiario.

Pocas cosas despiertan la rabia más primaria, más paleolítica, más visceral que ver la autopista plagada de coches clavados a la izquierda como si hubieran encontrado ahí el nirvana. No hay tráfico. No hay atasco. No hay curva. Pero ahí están: una procesión de automóviles empeñados en ocupar el carril izquierdo como si lo hubieran heredado de su abuela o como si hubieran plantado una bandera que dice “aquí me quedo porque sí”. Y mientras tanto, tú —alma pura, respetuosa de las normas y de las buenas costumbres— circulas por el carril derecho, solo, con más espacio a tu alrededor que en una playa nudista de Groenlandia en pleno enero.

¿Qué clase de conspiración cívica es esta? ¿Un experimento sociológico? ¿Una secta? ¿Una nueva corriente de pensamiento? ¡No! Es simplemente la nueva religión de los “izquierdistas de autopista”, una cofradía de iluminados que han decidido que el carril izquierdo es suyo por derecho divino.

CAPÍTULO I: EL EVANGELIO SEGÚN SAN IGNORANTE

El primer mandamiento del "izquierdismo vial" es: "No adelantarás, pero tampoco cederás". Hay quien, ante la visión del carril derecho completamente vacío, siente un vértigo atroz, como si fuera un abismo. Se aferran al carril izquierdo con la misma fe ciega con la que uno se agarra a la astrología para justificar que hoy tiene mal humor porque Mercurio está en conjunción con Orión. “Voy bien así”, se dirán, como quien se niega a ir al médico porque, al ir “ya se le ha pasado solo”.

Los hay incluso que se molestan si los adelantas por la derecha. Como si los estuvieras ultrajando, profanando su carril sagrado al tener un coche de no sé cuántos caballos (no sé si es con uve). “¡Eso no se hace!” claman con el ceño fruncido y el dedo medio listo para despegar. Pero, ¡amigo mío! ¿Qué otra opción queda cuando su majestad del volante ha decidido que su 2008 azul eléctrico se ha mimetizado con el asfalto y forma parte del paisaje?

CAPÍTULO II: DARWINISMO EN EL CARRIL IZQUIERDO

En el mundo de la conducción moderna se impone una ley darwiniana tergiversada: el más lento sobrevive… si se posiciona estratégicamente en el carril izquierdo. Ahí, esa especie mutante de automovilista se convierte en un depredador pasivo: no caza, pero impide que los demás cacen. Su estrategia es simple: frustrar, contener, desquiciar.

La fauna es diversa:

El “justiciero a 110”: ha decidido que, aunque el límite sea 120, él te va a educar. Te bloquea el paso, no por maldad, sino por vocación docente.

El “filósofo contemplativo”: va lento porque está reflexionando sobre el sentido de la vida… o sobre si dejó la plancha encendida.

El “fóbico al volante”: no mira los espejos, no siente el claxon, no reacciona a las luces. Podrías sobrevolarlo en helicóptero con una pancarta de neón y ni se enteraría.

Y luego está el “adelantador eterno”, que inicia un adelantamiento en 2023 y lo termina en 2025. Se aproxima a un camión a 111 km/h, acelera a 112 km/h y ahí se queda… durante 4 kilómetros. Es probable que tenga un calendario azteca en el salpicadero para medir el tiempo de adelantamiento. Tú, mientras tanto, envejeces dos años, tu coche quema medio depósito y desarrollas una úlcera del tamaño de un volcán ardiente.

CAPÍTULO III: LA METÁFORA DEL JAMÓN

Conducir detrás de uno de estos individuos es como ir al supermercado y ver que alguien se planta delante del jamón ibérico para mirar el catálogo de yogures. No va a cortar jamón. No quiere jamón. No entiende de jamón. Pero no se aparta. Se ha colocado ahí, ha extendido su aura y ha proclamado: “Este espacio ahora es mío”.

Y no hay poder humano que lo mueva. Ni intermitentes, ni ráfagas, ni plegarias. Y tú, mientras tanto, aprietas los dientes, frunces el ceño y piensas en la humanidad con un desprecio digno de Schopenhauer.

CAPÍTULO IV: URBANISMO SALVAJE SOBRE RUEDAS

¿Qué nos lleva a este caos moral y mecánico? ¿Qué trauma colectivo hemos compartido para que la autopista se convierta en una jungla donde el que molesta gana y el que respeta pierde?

La respuesta es compleja, pero sospecho – yo sospecho de todo - que tiene raíces en el urbanismo emocional. El coche ya no es solo un medio de transporte; es una extensión de la arrogancia. Y como todo ego, tiende a hincharse y a expandirse, como dicen que hace el universo. El carril izquierdo es su trono. Y una vez instalado ahí, ¿cómo esperar que alguien descienda al vulgar carril derecho como si fuera uno más?

Para el “izquierdista perpetuo”, el carril derecho es para perdedores, camiones y monjas en Fiat Panda. Ellos no. Ellos son pilotos de Fórmula 1 reencarnados en padres de familia con un Peugeot diésel. Para colmo te pitan hasta la locura si osas adelantar a un camión que va en tu carril, a pesar que esté a más de 300 metros de tu trasero. En su mente, cada minuto que pasan ahí es una épica, una batalla, una declaración de principios, a pesar de que no tenga ni puñetera idea de lo que es un principio..

CAPÍTULO V: LA RESISTENCIA DEL BUEN CONDUCTOR

Y ahí estás tú, héroe trágico y anónimo de la autopista. Tú, que haces uso del carril derecho como si aún existiera el civismo. Tú, que te indignas como Catón el Viejo en pleno Senado al ver ese desfile de caraduras rodantes. Tú, que maldices en cinco idiomas, tres dialectos y una lengua muerta mientras el carril izquierdo sigue siendo la pasarela de los campeones de la desidia.

No estás solo. Somos legión. Somos los últimos conductores con ética, los que señalizan, miran por el retrovisor y entienden que la circulación no es una guerra sino un pacto social. Aunque...¡para lo que nos sirve!Pero cada día, ese pacto se resquebraja ante la invasión de los lentos invencibles, los ocupadores crónicos, los campeones del estorbo.

EPÍLOGO: PROPUESTAS UTÓPICAS PARA UN FUTURO IMPOSIBLE

A pesar de que no nos van a hacer ni p**o caso,Sí, podríamos lanzar una campaña educativa. Repartir folletos. Hacer anuncios con voces melosas y jingles pegajosos: “El carril izquierdo, solo para adelantar”. Pero a estas alturas, eso es como intentar enseñar macramé a un rinoceronte blanco.

Propongo otras medidas:

Que el coche detecte si estás más de dos minutos sin adelantar por el carril izquierdo y te expulse al arcén con un airbag lateral correctivo.

Que la DGT cree una patrulla de élite llamada “Los Desatascadores”, equipada con megáfonos, sanciones inmediatas y, por qué no, un poco de vergüenza pública.

Que se instale un marcador luminoso sobre el vehículo, tipo “status de videojuego”, que indique si estás adelantando o simplemente fastidiando.

Y si todo eso falla, que al menos se nos permita —por una vez al año— montar una catapulta legal en el coche. Un solo lanzamiento, bien merecido, hacia el descampado de los inútiles reincidentes.

NO ES ODIO, ES JUSTICIA POÉTICA

No, no odiamos a los conductores que se aferran al carril izquierdo. Y, si acaso fuese odio, sería muy cortito. Los despreciamos cordialmente, los consideramos una anomalía evolutiva, un fallo en el sistema operativo de la convivencia vial. Pero más que nada, los sufrimos.

Porque si tú vas por la derecha, bien, tranquilo, correcto, y ves por el retrovisor que esa hilera interminable insiste en ir por la izquierda… no es rabia lo que sientes. Es traición. Es absurdo. Es existencialismo mecánico.

Es como si la humanidad hubiera decidido que las normas son una sugerencia, la empatía una superstición y el carril derecho una leyenda urbana. Pero no. El carril derecho existe. Yo lo he visto. Tú lo habitas.

Y en medio de esa autopista convertida en diván de psicoanalista, solo queda acelerar, respirar y pensar: "Quizá el problema no es la conducción, sino el conductor".

Y maldita sea, qué razón tienes al enfadarte. Como un servidor hace. @mundiario


 

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