Hasta las imágenes más bellas, vistas en un espejo cóncavo, rayan el absurdo

Aguafuerte Hasta la muerte, de Goya.
Aguafuerte Hasta la muerte, de Goya.

¿Qué hay tras la máscara de frescura de las personas que aparentan no haber roto un plato en su vida y se pasean por la vida tejiendo telarañas por doquier?  Relato.

Hasta las imágenes más bellas, vistas en un espejo cóncavo, rayan el absurdo

¿Qué hay tras la máscara de frescura de las personas que aparentan no haber roto un plato en su vida y se pasean por la vida tejiendo telarañas por doquier...? Relato.

I

Nada quedó de aquellas últimas eclosiones que hacían previsible la  hecatombe, el final act.

Aquello fue lo suyo, desde el principio o desde el indeterminado instante en que se convirtieron en actores improvisados de un género propio, a caballo entre el vodevil y el esperpento.

Era muy dado a la perversión lingüística de sentimientos, a letanías de amor que sonaban distorsionadas y se leían como reflejadas en espejos cóncavos. 

Valle Inclán se sentiría  orgulloso de ambos, tan capaces de tornar absolutamente todo en grotesco, ya que, hasta las imágenes más bellas, vistas en un espejo cóncavo, rayan el absurdo.

Había quien,con ironía, le apodaba como "actor de buen final". Así era.

De tales comienzos, tales finales, porque el azar o la necesidad juegan a encadenar sucesos improbables que vinculan a extraños por espacios variables de tiempo.

Apareció rídiculamente ataviado con una máscara de extroversión artificialmente inducida, esa que otorga licencia para el descaro y la insolencia. Se coló en una fiesta inexistente cimentada a base de improvisación. 

¿Qué hay tras la máscara de frescura de las personas que aparentan no haber roto un plato en su vida y se pasean por la vida tejiendo telarañas por doquier? 

Un mundo.

Ni él, ni su desaliño, ni sus formas se ajustaban al casting de la obra, pero se hizo con un papel principal, invadiendo todo cuanto tenía al alcance, moldeando a su antojo el escenario, como seguramente llevaba haciendo desde antes, desde entonces y hasta el instante en que el telón y las máscaras, caen.

II

Aquella visión constituía una de las más grotescas, sin duda. Una imagen de las que permanece en la retina y que continúa viéndose en postefecto al cerrar los ojos.

La gélida percepción visual de los entresijos de la farsa. 

Un actor de tercera, completamente ebrio, que había manoseado el lenguaje de los sentimientos en una lengua que veneraba a través del ultraje.

Trataba de interpretar la escena de un amor genuino que quería hacer público mediante alardes, capa sobre capa de la ocultación.

Creía ingenuamente que era él quien escribía el guión de la historia, desde su ambigua posición en el centro de la carretera, y que podía dar saltos de página de un lado al otro de la misma. 

En medio de toda aquella inmundicia, la trama iba desvelando otros oscuros secretos de armario.

Hasta las imágenes más bellas, vistas en un espejo cóncavo, rayan el absurdo
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