Alta velocidad en auge: la liberalización ferroviaria dispara la demanda

Récord histórico en los trenes de alta velocidad: los viajeros se disparan un 77% respecto a 2019, gracias a precios bajos y más opciones.
Trenes de Ouigo, Renfe e Iryo. / RR. SS.
Trenes de Ouigo, Renfe e Iryo. / RR. SS.

En solo cinco años, los trenes de alta velocidad en España han pasado de ser un lujo nacional a convertirse en un fenómeno de masas. Casi 40 millones de personas optaron por este medio de transporte en 2024, un récord absoluto que representa un 22% más de viajeros que el año anterior y un 77% más que en 2019, según el Informe anual del sector ferroviario de 2024. ¿La clave? La liberalización del sector, la llegada de nuevos operadores y una guerra de precios que ha democratizado el acceso a un modelo de movilidad más rápido, más sostenible y, ahora también, más competitivo.

Esta transformación no ha sido casual. Si hace apenas un lustro Renfe operaba en solitario, hoy conviven en las principales rutas compañías como Ouigo, Iryo o Avlo, que han inyectado competencia, creatividad comercial y nuevas formas de viajar. Como resultado, trayectos como el Madrid-Barcelona han rebajado un 35% sus precios, mientras que en el Madrid-Valencia la caída ha sido del 42%. Y la respuesta ciudadana no ha tardado en llegar: todos los corredores con competencia batieron récords de ocupación en 2024.

Lo que estamos presenciando es una reconfiguración estructural del modelo de transporte en España. La alta velocidad no solo ha ganado viajeros, sino que ha arrebatado cuota al avión en todos los trayectos, consolidando una transición ecológica que parecía inalcanzable hace una década. Hoy, el 82% de los desplazamientos entre Madrid y Barcelona se hacen por tren, frente al 65% antes de abrir el mercado. El avión, cada vez más, queda relegado a quien enlaza con un vuelo internacional o no tiene otra opción.

Y ese cambio de hábitos tiene impacto directo en el planeta. Según Renfe, los trayectos cubiertos por AVE y Avlo evitaron en 2024 la emisión de más de 769.000 toneladas de CO₂. Una cifra superior a la de 2019, gracias a la mayor sustitución del avión y la carretera por el tren. No es solo eficiencia energética, es una victoria climática. Y sin necesidad de grandes discursos: bastó con ofrecer precios razonables y frecuencias suficientes.

Cuando la competencia mejora el país

La liberalización de la alta velocidad es uno de los escasos ejemplos donde una apertura del mercado ha beneficiado al usuario sin perjudicar al servicio público. Renfe, lejos de desaparecer, defendió cuotas de mercado que oscilaron entre el 50% y el 73%, mientras que las nuevas compañías han aportado frescura, innovación y, sobre todo, estímulos para no dormirse. El Estado, por su parte, ha mantenido su apuesta por las Cercanías y la Media Distancia con subvenciones que siguen teniendo efecto.

Pero no todo son buenas noticias. Mientras el tren de pasajeros avanza, el transporte de mercancías por ferrocarril continúa en retroceso. La cuota es ridícula: apenas un 4%. Renfe Mercancías pierde terreno, y los datos son peores incluso que en 2020, el año más negro de la pandemia. El Ministerio de Transportes intenta corregir el rumbo con las llamadas autopistas ferroviarias, pero la transformación aquí será más lenta. Y, si no se invierte con valentía, puede que no llegue a tiempo.

Lo que nos enseña este auge de la alta velocidad es que la gente responde cuando se le dan alternativas reales. No hacía falta imponer peajes ni prohibiciones para reducir vuelos: bastaba con ofrecer un tren barato, frecuente y cómodo. Aun así, los grupos ecologistas reclaman ir más allá. Como en Francia, donde ya se han prohibido los vuelos cortos con alternativa ferroviaria inferior a dos horas y media. ¿Por qué no en España? @mundiario

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