Para algunos, por el hecho de ser mujer, ya eres un peligro al volante

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El activista y cómico saudí Hisham Fageeh.

En plena conducción, asoman la cabeza, te dan luces largas o hacen sonar el claxon con recochineo si has cometido sin querer alguna torpeza o, todavía peor, si no la has cometido.

Para algunos, por el hecho de ser mujer, ya eres un peligro al volante

En plena conducción, asoman la cabeza por la ventanilla, te dan luces largas o hacen sonar el claxon con un recochineo especial si has cometido sin querer alguna torpeza o, todavía peor, si no la has cometido. 

 

Entre muchos de los despropósitos que las mujeres tenemos que oír por el simple hecho de serlo es que somos un peligro al volante. En un país como España, supuestamente evolucionado, moderno y paritario, todavía, a día de hoy, hay algún individuo que te escupe lindezas del tipo: “Pero mira que sois torpes!”, “¡Quién os regalaría el carnet”, “Mujer tenías que ser”. Utilizan el plural como un arma arrojadiza donde no es la persona la que mete la pata sino el conjunto del género femenino el cual merecería ser castigado con la retirada del carnet por los siglos de los siglos. En plena conducción, asoman la cabeza por la ventanilla, te dan luces largas o hacen sonar el claxon con un recochineo especial si has cometido sin querer alguna torpeza o, todavía peor, si no la has cometido. El otro día, sin ir más lejos, en una rotonda tuve que aguantar la estupidez de un chaval que, adelantándome en moto por la derecha, me recriminó con un comentario machista que no fuera más deprisa. El caso es que yo había disminuido la marcha porque un perro se había cruzado delante y, obviamente, no iba a pasarle por encima. Aunque si no hubiera habido can, la cosa no habría cambiado mucho: no suelo tomarme el entramado urbano como un circuito de rally, por muy “machota” que así pudiera parecer a ojos del susodicho.

De ahí que admire tanto la valentía de las mujeres saudíes que le han echado ovarios a la imposición que les prohíbe conducir. Rebelarse contra el entramado político, religioso y social que las ha relegado desde hace siglos al ostracismo más absoluto, demuestra que el valor no se mide por lo fitipaldi que seas al volante. Hay que ser mucho más hábil e inteligente que toda esa panda de intolerantes para revolucionar las redes sociales como lo han hecho ellas y poner en tela de juicio esa absurda convención que no tiene ninguna base. Pero quizás valore todavía más actuaciones como las del cómico y activista saudí Hisham Fageeh que, en un hilarante y divertido vídeo, critica a los de su mismo género en  un país que no está para gaitas. Y es que esos son los hombres que a mí me gustan: los que se visten por los pies en esta cansina guerra de sexos.

Para algunos, por el hecho de ser mujer, ya eres un peligro al volante
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