La despedida de Bergoglio: ¿cómo era la vida del argentino detrás de la sotana papal?

El papa Francisco en México. / Presidencia de México
El primer pontífice latinoamericano vivió con sencillez, resistió los embates del kirchnerismo y evitó visitar su país natal para no convertirse en un arma política.

Jorge Mario Bergoglio nació en Buenos Aires en 1936 y, antes de convertirse en el papa Francisco en marzo de 2013, vivió una vida marcada por la sobriedad y el compromiso social. Fue arzobispo de Buenos Aires durante quince años, y su estilo de vida se caracterizó por la humildad: vestía con sencillez, cocinaba su propia comida y viajaba en transporte público. Desde su despacho en la curia porteña, recibió a figuras del mundo político, sindical y empresarial, y cultivó una imagen de administrador meticuloso, reservado y eficaz.

Pese a su perfil austero, Bergoglio también fue una figura política influyente. Su relación con los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner fue tensa, en parte por sus críticas constantes desde el púlpito. Fue señalado de forma despectiva por sectores del kirchnerismo como un “peronista de derecha” y acusado de haber mantenido vínculos cuestionables durante la dictadura militar de Jorge Rafael Videla en los años setenta. Aunque negó cualquier simpatía partidaria y defendió su inocencia ante la justicia, sus detractores lo acusaron de no haber hecho lo suficiente para proteger a los sacerdotes y a las personas perseguidas. Las sombras de aquellos años lo acompañaron hasta su elección como papa.

El cambio fue radical. Con su elección en 2013, se convirtió en el primer pontífice latinoamericano, el primer jesuita y el primero en adoptar el nombre de Francisco, en honor a san Francisco de Asís. Desde ese momento, el mundo presenció un liderazgo profundamente pastoral, abierto al diálogo y orientado a reformar una Iglesia golpeada por escándalos y desconectada de las realidades sociales contemporáneas.

Durante sus años en el Vaticano, Bergoglio impulsó una renovación en el lenguaje y la práctica eclesial. Se acercó a los marginados, promovió una Iglesia "en salida" y priorizó temas como el cuidado del medio ambiente, la inclusión de las diversidades y la justicia social. Su encíclica Laudato si’ (2015), centrada en la ecología integral, es considerada uno de los documentos más innovadores y relevantes del pensamiento religioso moderno.

Francisco también procuró mayor participación de las mujeres dentro de las estructuras eclesiales, aunque sin alterar el dogma sobre el sacerdocio masculino. Reformó estructuras financieras vaticanas, enfrentó resistencias internas y pidió perdón en nombre de la Iglesia a las víctimas de abusos sexuales cometidos por el clero. Su estilo personal, cercano y muchas veces informal, contrastó con el de sus predecesores y lo convirtió en una figura de resonancia global, más allá de la fe.

Pero su pontificado no estuvo exento de controversias. Desde Argentina, cada gesto o palabra suya fue interpretada con mirada política. Fue cuestionado por no visitar su país natal y por las señales que enviaba (o no enviaba) a los diferentes gobiernos. En su última etapa, incluso fue duramente atacado por el entonces candidato presidencial Javier Milei, quien, una vez en funciones, viajó al Vaticano para estrecharle la mano como si nada hubiera pasado. El gesto, cargado de simbolismo, mostró la capacidad de Francisco para recibir los avances diplomáticos de quienes antes lo habían denostado.

En lo personal, su historia también fue marcada por la enfermedad y la resiliencia. A los 21 años perdió parte de un pulmón por una grave neumonía, y en febrero de 2025 volvió a enfrentar complicaciones respiratorias que derivaron en su internación. Finalmente, falleció el 21 de abril en la Casa Santa Marta, su residencia vaticana.

Francisco será recordado por haber acercado la Iglesia al mundo real, no tanto por cambiar dogmas, sino por reorientar prioridades. Su legado no se mide solo en reformas administrativas o gestos simbólicos, sino en haber dado voz a los que antes estaban en los márgenes del discurso eclesial. Fue un papa que supo escuchar a los que no podían hablar. @mundiario