Un accidente de autobús en La Gomera deja un saldo de un muerto y hasta 11 heridos
Una vez más, un suceso trágico vuelve a situar a La Gomera en el mapa, pero no por su espectacular belleza natural ni por el valor ecológico de su parque nacional, sino por una noticia luctuosa: el accidente de un autobús que ha dejado una mujer fallecida —una turista catalana de 73 años— y once personas heridas. El incidente ha ocurrido en una de las arterias principales de la isla, la GM-2, a la altura del kilómetro 3. En cuestión de minutos, la tranquilidad de una jornada insular se vio sacudida por la llegada de ambulancias, un helicóptero medicalizado, y la consternación de los vecinos y visitantes.
A pesar de la rápida actuación de los servicios de emergencia, lo ocurrido reabre un debate incómodo pero necesario: ¿están nuestras carreteras preparadas para un transporte regular de pasajeros en islas montañosas como La Gomera? ¿Qué margen real existe para la prevención cuando la combinación de curvas cerradas, cambios de rasante y un turismo creciente desafía constantemente los márgenes de seguridad?
El accidente, protagonizado por un vehículo del transporte público del Cabildo insular, no solo deja víctimas humanas, sino también interrogantes políticos y logísticos. La GM-2, que atraviesa el corazón del Parque Nacional de Garajonay, es una carretera modernizada pero exigente. No se trata de un trazado negligente, pero sí de uno que requiere una atención constante y un protocolo adaptado a sus características geográficas.
Por otra parte, no es menor el hecho de que la fallecida sea una turista. La movilidad turística en las islas Canarias representa una pieza clave del engranaje económico regional, y cualquier incidente de esta naturaleza golpea la imagen de seguridad de los destinos. La implicación de visitantes extranjeros o peninsulares añade presión a las administraciones públicas para demostrar diligencia y compromiso con la seguridad.
Casimiro Curbelo, presidente del Cabildo, ha informado del acompañamiento psicológico al viudo de la fallecida y del establecimiento de líneas telefónicas para familiares. Son gestos que muestran humanidad en medio del drama, pero no deben ocultar la necesidad de repensar aspectos estructurales del transporte insular: desde la revisión técnica de las flotas de guaguas hasta la adaptación del personal conductor a las singularidades del terreno.
Una fallecida, tres heridos graves, cuatro moderados y tres leves en el vuelco de una guagua en #LaGomera
— 112 Canarias (@112canarias) May 13, 2025
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Más allá de la anécdota o del titular puntual, lo ocurrido esta mañana en La Gomera debe servir como catalizador de una conversación más amplia sobre la gestión del riesgo en zonas rurales de alta densidad turística. La belleza natural no debe ser excusa para la desatención ni para el fatalismo. Precisamente porque estas islas son frágiles —en su naturaleza y en su infraestructura—, requieren una política pública a la altura de esa complejidad.
En momentos como este, lo urgente es atender a los heridos, consolar a las familias y esclarecer los hechos. Pero lo importante, lo que trasciende a esta jornada, es asumir que cada accidente en la red viaria insular revela un problema mayor: el reto de garantizar una movilidad segura en entornos que combinan desafíos físicos con presiones humanas. Mientras no se aborde esta realidad con visión a medio y largo plazo, seguiremos escribiendo artículos que mezclan drama, impotencia y preguntas sin responder. @mundiario


