El abuso sexual en el mundo audiovisual: un secreto a voces

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Harvey Weinstein. / RR SS

Las actrices Eva Marciel y Noemí Ruiz relatan su visión y experiencia respecto a los abusos dentro del sector

El abuso sexual en el mundo audiovisual: un secreto a voces

Hace unas semanas la revista The New Yorker destapó tres casos de denuncias a Harvey Weinstein, uno de los productores de mayor éxito de Hollywood, por violación. Angelina Jolie o Gwyneth Paltrow son algunas de las actrices que han desvelado que Winstein intentó abusar de ellas cuando daban sus primeros pasos en la profesión. A raíz de las denuncias, The Weinstein Company, fundada por el propio productor, decidió prescindir de sus servicios. Sin embargo, no son casos aislados, sino un comportamiento de abuso que se repite en muchos otros lugares. En España, por ejemplo, actrices como Aitana Sánchez-Gijón, Carla Hidalgo o Leticia Dolera, entre otras, han confesado haber sufrido situaciones incómodas a lo largo de sus carreras.

“El machista no nace, se va haciendo poco a poco, desde los primeros años de su vida con lo que ve y lo que oye a su alrededor. El entorno escolar y la familia influyen en sus comportamientos violentos, que se van desarrollando durante la vida de adulto, y buscan mujeres que acepten este tipo de comportamientos de superioridad”, advierte Luz Andreu, psicóloga del Instituto Valenciano de Psicología y Salud.

Por otra parte, Andreu sostiene que no es necesario que se produzcan tocamientos o insinuaciones para que una situación de esas características pueda ser considerada como acoso sexual. “Es suficiente con que la persona agredida se haya sentido incomoda con esa situación, vejada o intimidada. Cuando esto sucede se crea un entorno intimidatorio, degradante y ofensivo para la víctima”, advierte.

Además, la psicóloga considera que el machismo cotidiano es una forma encubierta de demostrar una posición de superioridad hacia las mujeres. “Hay un momento en que las conductas se acentúan y dejan de ser implícitas. Pero no hay que olvidar que el sometimiento ya ha existido, y que ese abuso por parte de los hombres genera mucho desgaste en la autoestima de las víctimas”.

En este sentido, Luz Andreu afirma que en situaciones en las que el perpetrador del abuso tiene mucho poder, las víctimas son más reacias a confesar su testimonio porque piensan que no será creído. “La probabilidad de que el testimonio de una mujer sea puesto en duda es muy alta. Hemos visto muchas veces a víctimas que han tenido el coraje de denunciar a sus agresores y han sido revictimizadas”. Además, declara que existe un importante componente emocional cuando se produce una situación de acoso sexual, y por ello las víctimas pueden desarrollar sentimientos de culpa y vergüenza que las frenan para denunciar y acabar con estas situaciones.

A continuación recogemos el testimonio de dos actrices que, de algún modo u otro, han llegado a sufrir situaciones incómodas:

Eva Marciel

Madrid, 1977. Ha protagonizado el largometraje Mi gitana y ha formado parte del elenco de El ministerio del tiempo, Amar es para siempre u Hospital Central, entre otros. Su infancia la pasó en Valladolid, pero en Andalucía se siente como en casa.

—¿Cómo fueron sus inicios en la profesión?

Mis inicios fueron muy locos y divertidos. Yo era muy joven, lo vivía como un juego más que como una profesión. Me gustaba bailar y actuar a partes iguales, y además tenía la suerte de poder hacerlo profesionalmente.

—¿Ha sufrido alguna vez acoso sexual?

No he sufrido "acoso" en el sentido extremo de la expresión, pero me he tenido que enfrentar a situaciones incómodas y machistas. He sufrido abuso de poder, y eso también lo considero acoso. Recuerdo que en un casting, primera prueba, me pidieron que hiciera “top less”. En otro tenía que hacer una escena en bikini. También he sufrido insinuaciones de directivos y hombres con poder en el sector. Pese a todo, estoy muy orgullosa de cómo he reaccionado en estas situaciones, negándome o marchándome sin más. Pero hubiera preferido no tener que estar nunca en esa tesitura…

—¿Ha tenido miedo de confesar esa situación de acoso?

No, porque no considero haber llegado a sentirme como una víctima. He tenido que enfrentarme a situaciones incómodas en la que me he sentido agredida como mujer, pero me siento orgullosa de no haber traicionado mis principios.

—Entonces nunca ha claudicado…

Jamás. Nunca he hecho nada forzada ni en contra de mis principios. En aquellas propuestas en que estaban implícitas esas insinuaciones las he desechado. He huido literalmente.

—¿Ha perdido algún papel por mantenerse fiel a sus principios?

No lo sé, pero imagino que sí. De todos modos, no me importa en absoluto. Siento que esos papeles no son para mí?

—¿A qué cree que se debe ese acoso?

Yo lo achaco a una mezcla entre el machismo y el abuso de poder. Es una mezcla explosiva.

—Entonces usted denunciaría cualquier abuso…

Por supuesto. Un sí rotundo. Es la única forma que tenemos de acabar con él. 

—¿Considera que la situación de las mujeres en el mundo audiovisual es más favorable que hace unos años?

Quiero creer que sí. Yo estoy en otro momento profesional y en otra edad. Los acosadores suelen abusar de las víctimas más débiles, es decir de las más jóvenes. Para lograr la igualdad hace falta un cambio de mentalidad global que afecte a la educación. También es necesario conseguir más apoyo del gobierno y las instituciones.

—¿Es optimista?

 Sí, soy optimista y peleona. Me niego a tener un rol pasivo en cualquier asunto que afecte a los derechos de la mujer. No aspiro a ser más que nadie, sino que aspiro a ser tratada igual que los hombres en todos los sentidos. Y esta aspiración se convierte en lucha.

Noemí Ruiz

Málaga, 1985. Es actriz por impulso y no por vocación. Lo suyo tiene más que ver con una forma de sentir y vivir que ha acabado manifestándose. “Sentí ese impulso de jovencita y me dejé llevar”, relata esta actriz conocida por su papel de Trini en Allí Abajo.

—¿Cómo fueron sus primeros pasos en el oficio?

Bueno, yo empecé a estudiar teatro con 14 años y a los 17 ya estaba en la Escuela Superior de Arte Dramático. Un año más tarde ya trabajaba en un Compañía profesional y con 22 monté mi propia compañía junto a dos compañeras. Caramala cumple en 2018 diez años y es de las cosas que más orgullosa me hacen sentir. En el mundo audiovisual hice mis pinitos en Arrayán, pero realmente mi carrera se ha forjado en  las tablas. Hace ya casi cuatro años me vino la oportunidad de Allí abajo y estoy aprendiendo muchísimo. Me siento una afortunada.

—¿Se siente en desventaja con respecto a un hombre?

No me siento en desventaja, sino que me hacen sentir.

—¿Ha sufrido acoso sexual alguna vez en su vida?

Sí. Las mujeres estamos continuamente sometidas a ese acoso de una forma u otra. No podemos negar que vivimos en una sociedad patriarcal donde los abusos hacia la mujer se manifiestan constantemente en diversas formas, aunque sea en forma  de piropos por la calle. Es algo que socialmente es considerado bonito y divertido para mí no lo es, para mí es incómodo y a veces hasta violento. En mi caso he tenido la suerte de no pasar por ninguna situación extrema de acoso, pero sí he vivido episodios donde me he sentido ultrajada y violada.

—¿Como cuáles?

Recuerdo una vez en el metro de Madrid que un chico empezó a mirarme de una forma muy lasciva. Era verano y yo llevaba un vestido muy corto. Cuando salimos del metro empezó a seguirme y llegó un momento en que me enfrenté a él. Tuve que llamar a la policía y les pedí que me acompañaran a casa porque tenía miedo. Lo peor de todo es que durante mucho tiempo me culpé a mí misma por llevar ese vestido y evité ponerme ropa sexy. Ese es para mí el problema más grave, que la sociedad culpa a la mujer del acoso que sufre. El estigma de la religión nos ha marcado desde hace siglos y la culpa de Eva aún nos persigue. Creo que nos queda mucho trabajo por delante para cambiar esto.

—¿Tiene la sensación de haber perdido alguna oportunidad laboral por no transigir?

No. Pero sí es cierto que creo que las actrices nos vemos obligadas a aguantar determinados comentarios machistas que no siempre agradan. Existe ese miedo a rebelarte y esa obligación a quedar bien y gustar.

—Entonces, ¿dónde cree que está el problema?

Pienso que todo viene de un mismo origen: la sociedad patriarcal y la educación que recibimos.

—¿Considera que se ha avanzado?

Sí, hemos avanzado mucho en muchos aspectos, pero creo que la situación sigue siendo difícil. En el momento que una sola mujer se siente atacada la lucha debe ser la misma. No podemos relajarnos. Las formas están cambiando, pero el pensamiento hacia la mujer sigue siendo parecido porque lo que puede cambiar esto, la educación, no está cambiando. Incluso diría que está retrocediendo. Le repito que es un asunto complicado. Todo está en la educación.

—¿Piensa en el futuro de forma optimista?

Sí, porque mi lucha y la de otras mujeres es muy activa, pero soy consciente del trabajo que nos queda por hacer.

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