Hasta 12.000 jabalíes menos: el plan de la Generalitat para contener la peste porcina
La peste porcina africana ha abierto un escenario inédito en el corazón metropolitano de Barcelona: una campaña masiva para reducir drásticamente la población de jabalíes. La Generalitat ha diseñado un plan que contempla la eliminación de hasta 12.000 animales en un radio de 20 kilómetros alrededor del punto donde se detectó el primer ejemplar infectado. La operación no tiene un calendario cerrado, pero sí un objetivo claro: evitar que la enfermedad se propague y termine afectando al sector porcino catalán.
La decisión se ha tomado después de que esta semana apareciera en el parque natural de Collserola el cadáver de un jabalí contagiado de peste porcina africana (PPA). El hallazgo ha obligado a cerrar completamente el acceso al medio natural del parque y a activar una estrategia sanitaria que combina trampas, redes, cazadores y tecnología avanzada para reducir la población de suidos salvajes.
El inspector jefe de los Agentes Rurales, Antoni Mur, ha puesto cifras a la magnitud del desafío. Según sus cálculos, en el área afectada viven miles de jabalíes y el plan es rebajar esa presencia hasta niveles mínimos. “El objetivo es llegar al cero absoluto de jabalíes en la zona. Es imposible, pero el máximo que podemos admitir es un animal por kilómetro cuadrado”, ha admitido.
En el núcleo más cercano al foco inicial —un radio de seis kilómetros— se calcula que viven cerca de un millar de jabalíes, muchos de ellos habituados a moverse entre urbanizaciones y barrios periféricos. Más allá de esa zona, hasta los 20 kilómetros, la estimación se dispara: entre 8.000 y 12.000 ejemplares. Todos ellos forman parte de la población que las autoridades quieren reducir de forma drástica. La campaña ya ha comenzado y, según los Agentes Rurales, más de mil jabalíes han sido capturados desde que apareció el primer caso el pasado noviembre.
Una guerra silenciosa en la periferia de Barcelona
La estrategia para controlar la enfermedad combina métodos tradicionales con tecnología. En las zonas agrícolas, los equipos utilizan drones y visores térmicos para localizar animales durante la noche. En las áreas boscosas, en cambio, el método principal son las trampas de redes, que permiten capturar grupos enteros de jabalíes sin provocar estampidas.
Una vez atrapados, los animales son sacrificados en el mismo lugar siguiendo protocolos sanitarios estrictos. Después, los cadáveres son retirados y analizados en laboratorio para confirmar si estaban infectados. De acuerdo con EL PAÍS, hasta ahora se han examinado cerca de 1.800 muestras procedentes tanto de animales capturados como de cadáveres hallados en el entorno natural.
El despliegue tiene también una dimensión logística poco visible. Los agentes necesitan localizar rápidamente cadáveres en el bosque para evitar que otros jabalíes se alimenten de ellos, ya que la especie puede contagiarse al ingerir restos infectados. Para esa tarea se utilizan perros entrenados, aunque los equipos disponibles siguen siendo insuficientes y se ha solicitado apoyo a unidades de otras comunidades e incluso de Andorra.
El problema de los jabalíes urbanos
La expansión de la peste porcina africana coincide con un fenómeno que lleva años preocupando a las administraciones: la explosión demográfica del jabalí en el entorno urbano de Barcelona. En zonas como Collserola, la densidad llegó a alcanzar cerca de diez animales por kilómetro cuadrado, una cifra muy superior a la considerada sostenible.
La presencia de comida fácil en ciudades y urbanizaciones ha transformado el comportamiento de estos animales, cada vez más habituados a convivir con humanos. Esa adaptación ha convertido el control poblacional en un desafío complejo: muchas áreas no permiten realizar batidas de caza tradicionales por razones de seguridad.
De ahí que el plan de captura recurra principalmente a trampas y redes, un método más lento pero que evita que los animales huyan en masa hacia otras zonas, lo que podría favorecer la expansión del virus.
Collserola cerrado para evitar la dispersión
La Generalitat ha tomado además una medida excepcional: el cierre del acceso al medio natural del parque de Collserola. La restricción afecta a caminos de tierra, senderos y zonas forestales, aunque se mantienen abiertos los accesos a viviendas, escuelas y actividades económicas.
El argumento de las autoridades es claro: la presencia humana altera el comportamiento de los jabalíes y puede dispersarlos, dificultando las capturas. Además, existe el riesgo de que el virus se transporte de forma indirecta en suelas de zapatos o neumáticos.
Collserola es uno de los pulmones verdes más visitados del área metropolitana. En su interior viven unas 15.000 personas y cada año recibe alrededor de cinco millones de visitantes, con jornadas en las que se concentran hasta 15.000 excursionistas. Ese flujo humano es precisamente lo que las autoridades quieren detener temporalmente para ganar la batalla contra el virus.
Detrás de esta ofensiva sanitaria hay un temor mayor: que la peste porcina africana llegue a las explotaciones ganaderas. La enfermedad no afecta a los humanos, pero es devastadora para los cerdos y puede provocar el cierre de mercados internacionales para la carne.
Cataluña es una de las regiones porcinas más importantes de Europa, y un brote en granjas tendría consecuencias económicas enormes. Por eso, aunque el sacrificio de miles de jabalíes genera controversia, la administración defiende que se trata de una medida preventiva imprescindible. @mundiario

