Wellness con testosterona: el multimillonario negocio de la optimización masculina
Durante décadas, cuidarse fue cosa de mujeres. Hacer dieta, ir a terapia, meditar o tomarse un batido verde eran gestos femeninos, asociados a la vanidad o la sensibilidad. Los hombres, mientras tanto, presumían de no dormir, de beber más que comer y de no necesitar ayuda. Pero algo ha cambiado. El autocuidado, antes visto como debilidad, ha mutado en una carrera por la optimización. Se le ha puesto otro nombre —biohacking— y una estética más viril. El resultado: una nueva industria del bienestar para machotes que mezcla testosterona, neurociencia de TikTok y mucha, muchísima pseudociencia.
El mercado lo tenía claro. Según el Global Wellness Institute, el negocio global del bienestar alcanzó los 5,5 billones de euros en 2023, y se prevé que roce los 8 billones en 2028. Un crecimiento tan ambicioso necesitaba nuevos consumidores. Así nació el wellness masculino: una versión rebrandeada del autocuidado, revestida de lenguaje técnico y estética estoica. Nada de spas ni yoga con velas. Aquí se trata de duchas heladas, ayuno intermitente, suplementos de testosterona y rutinas que prometen productividad, éxito sexual y longevidad.
El fenómeno tiene un rostro —y un nombre propio—: Andrew Huberman. Profesor de neurobiología en Stanford, su pódcast Huberman Lab acumula más de 140 millones de visitas en YouTube. Es el nuevo gurú del bienestar masculino, o, como lo apodó The New York Times, “el Goop para ellos”. Esta habla de neuroplasticidad, dopamina y cortisol sérico con una mezcla de rigor académico y espectáculo motivacional. Pero detrás de sus teorías científicas se esconden consejos tan pintorescos como mirar al sol al despertar o sumergirse en agua helada para “aumentar la concentración”.
Un bienestar que se vende con testosterona
El fenómeno no termina con Huberman. Lo acompañan figuras como Joe Rogan, Tim Ferriss o el extravagante Liver King, que promueve comer vísceras crudas para “recuperar la masculinidad perdida”. Todos forman parte de un mismo movimiento cultural conocido como bro science: una mezcla de pseudociencia, ego y masculinidad performativa que convierte el cuerpo en un campo de batalla ideológico.
En España también han surgido versiones locales del fenómeno: desde coaches que aseguran poder revertir las canas “reprogramando el subconsciente” hasta gurús que mezclan transhumanismo, criptomonedas y yoga facial en un mismo discurso. Lo que empezó como un interés por la salud se ha transformado en un paquete completo que incluye productividad extrema, éxito financiero y sexualidad optimizada. La promesa es la misma: convertirte en la mejor versión de ti mismo, aunque eso implique tratar tu cuerpo como un algoritmo que hay que depurar.
Lo más irónico es que este wellness para hombres repite los mismos errores que la cultura de la dieta femenina. Emily Contois, socióloga y autora de Comensales, chicos y dietas, explica que “hay razones de mercado claras para crear una cultura de la dieta para los hombres”. En otras palabras: no se trata de salud, sino de negocio. Los batidos detox y las dietas keto son los nuevos cosméticos masculinos. Detrás de la retórica de la optimización hay el mismo pesocentrismo y las mismas inseguridades que se explotaron con las mujeres durante décadas.
Un modelo corporal imposible
El nuevo ideal masculino ya no es el hombre natural, sino el superhéroe de Marvel. Cuerpos hiperdefinidos, piel perfecta, testosterona al límite. Los estudios alertan de una creciente dismorfia corporal entre hombres jóvenes, impulsada por redes sociales repletas de torsos imposibles. “Este tipo de contenido no solo está disponible, es ineludible”, apunta Contois. Y así, el bienestar deja de ser autocuidado para convertirse en una nueva forma de control y exigencia.
Quizá, al final, todo esto no sea más que una forma sofisticada de lidiar con el miedo a la decadencia. De mantener la ilusión de control en un mundo incierto. La bro science vende longevidad y vitalidad, pero también ansiedad y frustración. Promete que puedes biohackear tu cuerpo, dormir mejor, rendir más, durar más. Pero lo que subyace es lo mismo de siempre: el miedo a envejecer, a fallar, a ser insuficiente. @mundiario

