El turno nocturno y el costo del sueño: la factura invisible del trabajo a deshora

El descanso insuficiente y de mala calidad afecta a millones de trabajadores nocturnos, con consecuencias físicas y mentales preocupantes.
Un trabajador dormido en la oficina. / Freepik.
Un trabajador dormido en la oficina. / Freepik.

Carlos O. N. tiene 44 años y trabaja en Metro de Madrid. Su rutina está marcada por la oscuridad: diez años en el turno de noche y otros cinco en el de tarde-noche, con jornadas que terminaban a las dos de la madrugada. Su experiencia es reflejo de una realidad que comparten muchos trabajadores nocturnos: un sueño fragmentado y menos reparador. “Da igual las horas que duermas, nunca es lo mismo que hacerlo de noche”, afirmó al diario El País.

El testimonio de Carlos ilustra un problema que va más allá de la percepción individual. Juan Antonio Madrid, catedrático de Fisiología y director del Laboratorio de Cronobiología y Sueño de la Universidad de Murcia, advierte que vivimos en una sociedad “cronodisruptora”, en la que factores como el exceso de luz nocturna, el uso de pantallas y los turnos irregulares alteran los ritmos biológicos, afectando el descanso.

Un estudio reciente revela que los horarios de trabajo no convencionales elevan un 66% la necesidad de “recuperar el sueño” mediante siestas frecuentes o prolongando el descanso los fines de semana. La psicóloga Claire Smith, autora principal de la investigación, subraya que un sueño saludable no solo implica dormir ocho horas, sino también lograr un descanso continuo y a horarios regulares.

Alteran los ritmos circadianos

Los efectos del trabajo nocturno y sedentario sobre el sueño están ampliamente documentados. María José Martínez Madrid, coordinadora del grupo de trabajo de Cronobiología de la Sociedad Española de Sueño, confirma que los turnos nocturnos reducen la calidad del sueño y alteran los ritmos circadianos. De hecho, existe un trastorno del sueño reconocido específicamente por el trabajo a turnos, que provoca insomnio y somnolencia excesiva. Esta condición surge porque los horarios laborales entran en conflicto con el reloj biológico interno, generando una deuda de sueño que nunca se recupera del todo.

El sedentarismo también juega un papel crucial. Según el neurofisólogo Manuel de Entrambasaguas, del Hospital Clínico de Valencia, la falta de actividad física prolongada se asocia con un aumento del 37% en los síntomas de insomnio. Pasar horas sentado en entornos cerrados y con poca luz natural altera el sistema circadiano y dificulta la conciliación del sueño. En contraste, la exposición a la luz natural y el movimiento ayudan a regular el reloj biológico.

Insomnio por tensión

El impacto del trabajo en el descanso nocturno no se limita al turno de noche. Daniel Madero, de 42 años, trabaja en una multinacional tecnológica y relata cómo el estrés laboral ha afectado su sueño con jornadas maratón, insomnio por tensión acumulada y pesadillas relacionadas con problemas del trabajo. Estudios recientes corroboran que el estrés laboral incrementa los trastornos del sueño y afecta negativamente la salud cardiovascular.

Los expertos coinciden en la urgencia de adoptar estrategias para mitigar estos efectos. Entre las recomendaciones están el diseño de turnos que respeten los ritmos biológicos, la creación de espacios de descanso en los lugares de trabajo y la promoción de pausas activas durante la jornada. Asimismo, se destaca la importancia de establecer límites a la hiperconectividad laboral, evitando la invasión del tiempo personal con correos o mensajes fuera del horario de trabajo.

La evidencia es clara: la falta de sueño reparador no solo impacta en la productividad y el bienestar laboral, sino que también tiene serias repercusiones para la salud física y mental. En un mundo que nunca duerme, garantizar el derecho al descanso de los trabajadores se convierte en un desafío imprescindible. @mundiario

Comentarios