Los secretos que esconden los gases: lo que tu intestino intenta decirte

Mujer se toca el estómago. Freepik
El olor, la frecuencia y el sonido de las flatulencias ofrecen pistas sobre la microbiota, la dieta y posibles trastornos digestivos, según especialistas en nutrición y gastroenterología.

Hablar de gases sigue incomodando a muchos adultos, aunque sea una experiencia tan cotidiana como respirar. Sin embargo, detrás de cada episodio de flatulencia hay procesos complejos que ocurren en el intestino y que, en determinados casos, pueden funcionar como señales tempranas del estado del sistema digestivo.

Los gases se generan cuando las bacterias intestinales fermentan restos de alimentos que no se digieren por completo. Parte de ese aire proviene también de la deglución al comer o beber. En la mayoría de los casos se trata de un fenómeno fisiológico normal: un adulto expulsa gases entre 15 y 25 veces al día sin que ello implique enfermedad.

Lo que despierta curiosidad y a veces alarma es cuando cambian su olor, su frecuencia o la sensación corporal que los acompaña.

El olor: una pista química

La mayor parte de los gases intestinales son inodoros. El aroma desagradable aparece cuando entran en juego compuestos que contienen azufre, generados durante la digestión de ciertos alimentos, como carnes, huevos, coles, brócoli o coliflor.

Los especialistas señalan que variaciones ocasionales en el olor entran dentro de la normalidad. Sin embargo, cuando los gases se vuelven persistentemente fétidos y se acompañan de hinchazón, diarrea o estreñimiento, podrían sugerir desequilibrios en la microbiota o problemas de absorción de nutrientes.

En algunos casos, ese patrón se asocia con intolerancias alimentarias como a la lactosa o la fructosa o con un crecimiento excesivo de bacterias en el intestino delgado, una alteración que suele requerir evaluación médica.

El sonido: más físico que clínico

Las flatulencias ruidosas no son, por sí mismas, un indicador de enfermedad. El sonido depende sobre todo de la cantidad de gas acumulado, la presión con la que se libera y el tono de los músculos del recto y del suelo pélvico.

El estreñimiento, las hemorroides o ciertas tensiones musculares pueden modificar la forma en que el gas sale y volverlo más audible. Solo cuando el ruido se acompaña de dolor intenso o calambres frecuentes podría apuntar a una digestión lenta o a un intestino especialmente sensible.

La frecuencia: lo normal y lo excesivo

Expulsar gases varias veces al día es habitual. También lo es que aumenten tras comidas ricas en legumbres, fibra, edulcorantes o hidratos de carbono fermentables los conocidos FODMAP. Incluso los cambios dietarios saludables, como incrementar el consumo de cereales integrales o verduras, pueden provocar un período transitorio de hinchazón que suele resolverse en pocas semanas.

La preocupación aparece cuando la frecuencia es extrema, persistente y se acompaña de otros síntomas: dolor abdominal, diarrea crónica, adelgazamiento involuntario o pérdida del apetito. En esos casos, los médicos recomiendan descartar intolerancias, infecciones, trastornos inflamatorios o problemas de absorción.

Cómo se manifiestan los gases

Además de la flatulencia, el exceso de aire puede provocar eructos, distensión abdominal y sensación de presión. En ocasiones aparece dolor localizado, causado por burbujas que quedan atrapadas en el intestino.

Una molestia leve es común. En cambio, los episodios de dolor intenso, los calambres persistentes o la sensación de bloqueo deberían ser motivo de consulta, sobre todo si se repiten con frecuencia.

Señales que no conviene ignorar

Los especialistas coinciden en que ciertos síntomas requieren evaluación médica:

  • presencia de sangre en las heces,
  • empeoramiento progresivo de la hinchazón o los dolores,
  • pérdida de peso sin causa aparente,
  • cambios duraderos en el tránsito intestinal,
  • dolor abdominal severo.

Aunque hablar de gases siga siendo un tabú social, los expertos subrayan que prestar atención a estos “mensajeros intestinales” puede ayudar a detectar a tiempo problemas digestivos y ajustar hábitos alimentarios. En la mayoría de los casos no hay nada alarmante, pero el cuerpo incluso en sus funciones menos elegantes suele tener algo que decir. @mundiario