¿Se puede ayunar de dopamina? La ciencia dice que es un falso mito

La ciencia sugiere que el detox dopaminérgico es una estrategia “simplista” para combatir la hiperestimulación de la sociedad.
Una mujer con un libro. / Pexels.
Una mujer con un libro. / Pexels.

Basta con navegar unos minutos por TikTok o Instagram para encontrarse con gurús del bienestar recomendando lo que ellos llaman “ayuno de dopamina”. Una práctica que va desde apagar el móvil un día hasta encerrarse en una habitación sin comida, sin música y sin contacto humano. Suena extremo porque lo es. Pero lo preocupante no es solo el radicalismo de algunas versiones, sino la enorme confusión científica que encierra esta moda: no, no es posible ayunar de dopamina.

El concepto fue acuñado en 2019 por el psicólogo Cameron Sepah como una forma de ayudar a reducir comportamientos impulsivos mediante herramientas de la terapia cognitivo conductual. No pretendía que las personas se abstuvieran de sentir placer, ni mucho menos que dejaran de socializar, comer o moverse. Su propuesta apuntaba a distanciarse temporalmente de conductas que nos dominan —como mirar compulsivamente el teléfono o comer por ansiedad— para tomar conciencia de ellas y reeducar nuestra relación con los estímulos.

Pero la idea se viralizó, y con ella, el mensaje se pervirtió. Influencers, medios sensacionalistas y legiones de seguidores interpretaron que lo sano era desconectarse de todo estímulo placentero. El problema es que esta interpretación, además de peligrosa, parte de una profunda ignorancia sobre cómo funciona el cerebro.

Un neurotransmisor fundamental

La dopamina no es un enemigo que haya que eliminar. Es un neurotransmisor fundamental para la motivación, el aprendizaje, el placer e incluso la toma de decisiones. Según explica el catedrático Ignacio Morgado, no se libera a voluntad ni se puede controlar como un grifo. No marca que algo sea placentero en sí, sino que señala la expectativa de placer. Es, en cierto modo, el motor del deseo.

Decir que uno puede "ayunar de dopamina" es tan absurdo como pretender desintoxicarse del oxígeno. El cuerpo necesita dopamina para funcionar. De hecho, su déficit está relacionado con enfermedades graves como el párkinson. Y, como recuerda la investigadora Gabriela López, es precisamente la dopamina la que nos ayuda a aprender a evitar peligros. Suprimirla sería, más que saludable, temerario.

La clave está en el equilibrio

El auge del ayuno dopaminérgico revela algo más profundo: el deseo de encontrar soluciones rápidas a un problema complejo. Vivimos hiperestimulados, sí. La sobrecarga sensorial y digital es real y nos afecta. Pero el camino no es castigar al cerebro ni someterlo a privaciones extremas. Como señala el neurólogo Pablo Villoslada, la clave está en el equilibrio: ni hiperconectados ni aislados.

La neurociencia ha caído en una peligrosa simplificación. Se han convertido conceptos sofisticados en lemas de autoayuda vacíos. Y, en este proceso, se ha perdido el matiz, el rigor y el contexto. Como bien denuncia Morgado, la dopamina se ha vuelto el nuevo chivo expiatorio de todos los males, aunque nadie sepa exactamente qué es ni cómo actúa.

¿Queremos vivir menos dominados por la tecnología? Perfecto. Apaguemos las notificaciones, dediquemos tiempo a actividades más significativas, aprendamos a aburrirnos sin ansiedad. Pero dejemos de usar la palabra “ayuno” para disfrazar lo que, en esencia, no es más que sentido común mal etiquetado. @mundiario

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