La OMS levanta la emergencia por la mpox, pero advierte de que “la amenaza no ha terminado”
El anuncio de Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), marca un punto de inflexión en la lucha contra la mpox, también conocida como viruela símica. Tras más de un año bajo el paraguas de la emergencia sanitaria internacional, la enfermedad deja de estar en la lista de máximas alertas globales. La razón: la reducción significativa de contagios en países como la República Democrática del Congo, Uganda, Burundi o Sierra Leona, epicentros de los últimos brotes. Sin embargo, el alivio viene acompañado de una advertencia: la amenaza no ha desaparecido, y la historia reciente de pandemias demuestra que bajar la guardia puede salir caro.
La decisión llega después de que un comité de expertos revisara trimestralmente la evolución de la epidemia. En su última reunión, recomendaron al organismo poner fin a la emergencia. Ghebreyesus aceptó el consejo, aunque matizó con cautela: “el levantamiento de la emergencia no significa que nuestra respuesta vaya a detenerse”. El mensaje es claro: no se trata de un “punto final”, sino de un paréntesis que debe aprovecharse para reforzar la prevención, especialmente en África, donde la enfermedad ha mostrado su rostro más letal.
La mpox no es una desconocida para la OMS. Entre 2022 y 2023 ya fue declarada emergencia internacional cuando se propagó con fuerza por Europa y América, generando alarma sanitaria y social. En la actualidad, los brotes se han circunscrito sobre todo a África, pero las cifras siguen siendo contundentes: desde 2022 se han confirmado más de 150.000 casos en el mundo, con al menos 377 muertes. Solo en 2024 se registraron 18.000 contagios; mientras que en 2025, la cifra asciende a 31.000.
Más allá de los números, la lectura política y social es inevitable. El levantamiento de la emergencia puede interpretarse como un triunfo de la salud pública, pero también plantea la incómoda pregunta de si la atención mediática y financiera se reducirá de golpe. Y eso sería un error. Como recordó Ghebreyesus, “este no es el momento de reducir inversiones, colaboración y solidaridad”.
África, el epicentro olvidado
En los últimos meses, la República Democrática del Congo ha concentrado la mayor carga de la enfermedad: unos 29.000 casos y 28 muertes desde 2024. Uganda y Sierra Leona también figuran entre los países más golpeados, con miles de contagios y decenas de fallecimientos. La fotografía revela una realidad incómoda: mientras el foco internacional se encendió cuando la mpox cruzó a Occidente en 2022, hoy que se concentra en África, corre el riesgo de ser olvidada.
Hasta seis millones de dosis de vacunas contra la mpox han sido distribuidas en los últimos años. Sin embargo, la capacidad de acceso sigue siendo desigual. Los grupos más vulnerables —niños y personas con VIH— continúan en riesgo, lo que refleja que la lucha contra el virus no es solo epidemiológica, sino también social. El avance científico choca con la cruda realidad de la inequidad sanitaria global.
Una amenaza con memoria
Si algo enseña la experiencia reciente con la Covid-19 es que declarar el fin de una emergencia no significa declarar el fin de un problema. La mpox, al igual que otros virus emergentes, tiene la capacidad de reaparecer con fuerza si se relajan los sistemas de vigilancia. La OMS mantiene sus recomendaciones de prevención al menos hasta 2026, consciente de que los brotes pueden reactivarse en cualquier momento.
El verdadero desafío empieza ahora: transformar el fin de la emergencia en una oportunidad para consolidar la preparación global, en lugar de una excusa para recortar fondos. El mundo no puede permitirse olvidar que la salud pública es una inversión a largo plazo. @mundiario


