¿Son esenciales los nuevos fármacos contra la obesidad? La OMS apunta que sí
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reconocido oficialmente el papel central de los nuevos fármacos contra la obesidad y ha decidido incorporarlos a su Lista Modelo de Medicamentos Esenciales, un catálogo que define qué tratamientos deben estar disponibles en cualquier sistema sanitario básico. Con esta decisión, el organismo da la señal más clara hasta ahora de que la lucha contra la obesidad debe abordarse con las mismas herramientas, recursos y planificación que otras enfermedades crónicas de gran impacto.
Lejos de presentarse como una guía práctica de uso, el documento publicado por la OMS revisa toda la evidencia científica disponible y concluye que las terapias basadas en agonistas del GLP-1, como Ozempic, Wegovy o Mounjaro, cuentan con respaldo suficiente para ser consideradas eficaces y seguras, siempre bajo supervisión médica y en tratamientos sostenidos en el tiempo.
Una enfermedad crónica y millones de vidas en juego
El director general del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, subrayó que la obesidad no es un problema estético ni una condición transitoria, sino “una enfermedad crónica que debe tratarse de por vida”. En 2024, la obesidad estuvo relacionada con 3,7 millones de muertes, un dato que convierte esta patología en una de las mayores amenazas sanitarias del siglo XXI.
Los nuevos medicamentos han supuesto una auténtica revolución en esta área. Sin embargo, su irrupción ha ido acompañada de profundas desigualdades: solo uno de cada diez potenciales beneficiarios tiene acceso a ellos, un desequilibrio que la OMS considera alarmante.
Pese a su impacto global, el acceso a estas terapias sigue siendo profundamente desigual. Estados Unidos acaparó entre el 65% y el 71% del mercado mundial en 2024, un fenómeno que se explica por su capacidad adquisitiva y su mercado altamente competitivo. Allí, la expansión ha sido vertiginosa: el porcentaje de ciudadanos que utilizan fármacos GLP-1 para adelgazar se duplicó en pocos meses, y la tasa de obesidad, por primera vez en una década, dejó de crecer.
Pero esa realidad no es extrapolable al resto del mundo. En países de ingresos medios y bajos, donde la obesidad se expande rápidamente, la mayoría de pacientes ni siquiera puede plantearse estos tratamientos. Y en Europa, su coste continúa fuera del alcance de muchas familias: un mes de Mounjaro puede superar los 400 euros, un precio difícil de sostener en tratamientos crónicos.
Una brecha económica que amenaza con profundizarse
Expertos ven de forma positiva que la OMS reconozca la necesidad de tratamiento crónico. Pero advierten de un problema creciente: la proliferación de usos inadecuados, mercado negro y clínicas digitales, que promueven un consumo sin supervisión médica, incompatible con la eficacia y la seguridad a largo plazo.
La OMS, en su guía, insiste en que estos fármacos deben integrarse dentro de un enfoque integral que incluya ejercicio físico, intervenciones dietéticas y seguimiento clínico regular. Sin embargo, también reconoce que existen pocos estudios que demuestren la eficacia añadida de estas intervenciones cuando se combinan con terapias GLP-1, lo que convierte sus recomendaciones en “condicionales” hasta disponer de datos más robustos.
El panorama podría cambiar en los próximos años. La patente de la semaglutida expirará en China e India en 2026, lo que abre la puerta a la llegada de genéricos a precios reducidos. También se espera que los primeros comprimidos orales —menos efectivos, pero más baratos de producir y distribuir— lleguen al mercado europeo en breve. Aun así, las previsiones de la OMS son prudentes: incluso con un crecimiento acelerado de la producción, menos del 10% de los pacientes que los necesitan tendrán acceso a estos tratamientos en 2030.
En su análisis global, la OMS lanza una advertencia que trasciende lo sanitario y alcanza lo político y social: la forma en que los países gestionen esta oportunidad marcará “si estamos ante el inicio de una era más equitativa” o ante una “oportunidad perdida para lograr un avance histórico en salud pública”.
La lucha contra la obesidad entra así en una nueva fase: una en la que la ciencia ha abierto una puerta, pero la capacidad —o la voluntad— de los sistemas de salud para democratizar su acceso determinará el rumbo de una pandemia silenciosa que afecta ya a más de 1.000 millones de personas y que podría duplicarse en solo cinco años. @mundiario


