El fageoma: los virus intestinales que controlan nuestro ecosistema digestivo

Los científicos apenas empiezan a descifrar su enorme diversidad y su posible impacto en la salud humana, abriendo la puerta a terapias innovadoras.
Bacteriófagos o comedores de bacterias. / RR SS.
Bacteriófagos o comedores de bacterias. / RR SS.

Probablemente ha oído hablar del microbioma, las bacterias que pueblan nuestro intestino y desempeñan un papel crucial en la digestión y la salud en general. Sin embargo, lo que quizá no sepa es que esas bacterias también tienen sus propios virus: los bacteriófagos, o simplemente fagos, que infectan a las bacterias y forman parte del llamado "fageoma". Esta relación entre bacterias y fagos es más compleja de lo que se pensaba, y los científicos están empezando a desvelar su importancia.

Según Breck Duerkop, bacteriólogo de la Facultad de Medicina Anschutz de la Universidad de Colorado, la ciencia del fageoma ha experimentado un gran auge. La base de datos actual sobre fagos intestinales cuenta con más de 140.000 especies identificadas, aunque esta cifra podría ser una subestimación. El CrAss-fago, por ejemplo, es uno de los más comunes y tiene una estructura peculiar que le permite infectar a las bacterias Bacteroides, un tipo frecuente en el intestino humano.

Los fagos no solo matan bacterias, como se pensaba originalmente, sino que también pueden beneficiarlas. En ocasiones, durante el proceso de infección, transfieren accidentalmente genes útiles que podrían ayudar a las bacterias a sobrevivir, resistir antibióticos o digerir nuevas sustancias. Esta relación simbiótica ha sido descrita como un "baile" entre los fagos y las bacterias, que constantemente cambian y se adaptan, tal como explica Colin Hill, microbiólogo de la Universidad de Cork.

Los fagos actúan como depredadores

Los fagos también mantienen bajo control a las bacterias, evitando que ciertas especies dominen el ecosistema intestinal. Tal y como los lobos regulan la población de ciervos en un bosque, los fagos actúan como depredadores, impidiendo que las bacterias se descontrolen. Cuando esta delicada relación se altera, pueden surgir problemas de salud como el síndrome inflamatorio intestinal o el cáncer colorrectal, enfermedades donde se han observado alteraciones en el fageoma.

Aunque todavía queda mucho por descubrir, los investigadores creen que entender mejor el fageoma podría conducir a nuevas terapias. Por ejemplo, los fagos podrían ser utilizados para combatir bacterias patógenas que provocan úlceras o para reequilibrar el microbioma en enfermedades intestinales.

El fageoma, esa vasta y desconocida red de virus intestinales, es esencial para el bienestar de nuestro ecosistema digestivo. Sin ellos, nuestro microbioma podría desequilibrarse, afectando nuestra capacidad para digerir ciertos alimentos y generando síntomas como hinchazón o gases. Mientras los científicos continúan desentrañando los misterios de este "mundo oculto", los fagos permanecen como guardianes invisibles de nuestra salud intestinal. @mundiario

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