Doce años después: vuelve la fibrilación auricular

En medicina, la verdadera sabiduría no está en cantar victoria, sino en seguir escuchando al cuerpo cuando creemos que ya lo hemos entendido.

Ilustración de un médico atendiendo a un paciente. / Mundiario.
Ilustración de un médico atendiendo a un paciente. / Mundiario.

Ha sido un artículo publicado en este mismo periódico – Mundiario – el que me ha incitado a escribir este artículo. El título es – más o menos – que para Iberoamérica, la sanidad española es un referente. En mi experiencia, en Iberoamérica (sobre todo en Paraguay, Brasil, Colombia...) es relativamente frecuente realizar radio-ablaciones en fibrilación auricular inmediatamente de suceder el primer acceso. Y eso no debería ser así.

UN RETORNO INESPERADO

Cuando en 2012 realicé una ablación por radiofrecuencia en un paciente con fibrilación auricular (FA) por vía cubital, él y yo celebramos el éxito. No era un caso aislado: miles de pacientes en todo el mundo recibían por aquel entonces ese tratamiento con la esperanza, fundada, de que sus accesos de fibrilación quedaran atrás para siempre. Y durante años así fue casi siempre.

Pero hoy, en 2025, ese mismo paciente me llama y me dice: “Doctor, vuelven los episodios. Me falta el aire. El corazón se me dispara sin aviso”. Tras estudios, el diagnóstico es inequívoco: fibrilación auricular recurrente. Doce años después de una ablación exitosa.

Desde mi posición como profesor de cardiología clínica y experimental, debo decir algo tan incómodo como necesario: los accesos de FA están creciendo incluso en quienes fueron tratados con éxito hace más de una década. No se trata de una excepción. Es un patrón emergente, un fenómeno que estamos empezando a entender y que obliga a replantear muchas certezas en medicina cardiovascular.

¿QUÉ ES LA FIBRILACIÓN AURICULAR?

A grandes rasgos, la fibrilación auricular es una alteración del ritmo del corazón. En condiciones normales, las aurículas (las cavidades superiores del corazón) se contraen de manera ordenada gracias a señales eléctricas muy precisas. En la FA, esas señales se desorganizan, las aurículas tiemblan en vez de contraerse, y el corazón late de forma irregular y, a menudo, demasiado rápido (> de 180 ppm).

Las consecuencias no son menores: mayor riesgo de accidente cerebro-vascular, insuficiencia cardíaca, disminución de la calidad de vida y mayor mortalidad.

¿QUÉ ES UNA ABLACIÓN POR RADIOFRECUENCIA?

La radio-ablación es un procedimiento mínimamente invasivo que se realiza introduciendo un catéter en el corazón. Este catéter emite una corriente que destruye (ablaciona) los pequeños focos eléctricos que provocan la arritmia. En la mayoría de los casos, esos focos están en las venas pulmonares, unas estructuras que desembocan en la aurícula izquierda.

El procedimiento tiene tasas de éxito elevadas, especialmente en casos de FA paroxística (episodios intermitentes). Durante años, muchos pacientes permanecen sin síntomas ni recurrencias, lo que llevó a muchos —médicos y pacientes por igual— a hablar de “cura”.

LA HISTORIA NO TERMINA A LOS CINCO AÑOS

Los estudios clínicos más citados sobre ablación suelen tener un seguimiento de entre 12 y 60 meses. Esto crea una ilusión estadística: si un paciente no tiene FA en ese periodo, se le considera exitoso y se le deja de seguir.

Como investigador, decidí mirar más allá. Junto con un grupo de colegas de distintos países, revisamos el estado de salud de un grupo de pacientes que habían sido sometidos a ablación hacía más de 10 años. Para nuestra sorpresa —y preocupación— cerca del 35% de ellos presentaban nuevos accesos de fibrilación auricular, algunos leves, otros francamente sintomáticos.

Esta cifra es demasiado significativa como para atribuirla a la casualidad o a sesgos aislados. Nos está hablando de algo más profundo.

¿Por qué regresa la fibrilación auricular? Existen múltiples factores, y todos convergen con el tiempo:

1. El corazón sigue envejeciendo.
Aunque la ablación detiene la arritmia, no detiene el proceso biológico del envejecimiento cardíaco. La aurícula izquierda, como cualquier tejido del cuerpo, sufre desgaste, fibrosis (formación de tejido cicatricial) y cambios estructurales. Esto crea un terreno fértil para que nuevos focos eléctricos aparezcan.

2. No todo está en las venas pulmonares.
La técnica tradicional de ablación se centra en las venas pulmonares porque allí están los focos más comunes. Pero con el tiempo, pueden surgir focos arrítmicos en otras regiones del corazón: la aurícula derecha, el seno coronario, incluso en zonas cercanas al nodo sinusal. Estos focos no fueron eliminados en la intervención original, y pueden activarse años más tarde.

3. Plasticidad autonómica.
El sistema nervioso autónomo (el que regula funciones involuntarias como el latido cardíaco) también se ve afectado por la ablación. Algunas terminaciones nerviosas se lesionan, otras se regeneran de forma anómala. Esto puede desestabilizar el equilibrio eléctrico del corazón a largo plazo (me inclino por este factor, sin afirmarlo rotundamente)

4. Enfermedades nuevas, nuevos riesgos.
Pacientes que hace una década eran relativamente sanos pueden hoy padecer hipertensión, diabetes, apnea del sueño o insuficiencia renal. Estas condiciones afectan directamente el corazón y aumentan el riesgo de que vuelva la FA.

LA FALSA SEGURIDAD DEL “ÉXITO”

Uno de los problemas más preocupantes es la falsa sensación de seguridad que puede generarse tras una ablación exitosa. Algunos pacientes suspenden la anticoagulación demasiado pronto. Otros dejan de consultar, convencidos de estar “curados”. Incluso algunos médicos generalistas retiran el seguimiento especializado. Esta desconexión tiene un costo: el diagnóstico tardío de nuevos episodios, y con ello, mayor riesgo de complicaciones.

Hoy sabemos que incluso cuando los pacientes no perciben síntomas, pueden tener episodios “silenciosos” de fibrilación auricular. Estos accesos asintomáticos siguen siendo peligrosos: pueden formar coágulos en la aurícula y llevar a un accidente cerebro-vascular sin previo aviso.

LECCIONES PARA MÉDICOS Y PACIENTES

Como profesor, considero que esta situación obliga a una revisión crítica de nuestras prácticas clínicas. No basta con mirar los primeros años tras la ablación. Necesitamos una vigilancia más prolongada, más personalizada.

Estas son algunas recomendaciones que propongo con base en nuestra experiencia:

Monitoreo continuo. La tecnología actual permite colocar dispositivos portátiles o implantes subcutáneos que detectan FA silenciosa. Usarlos en pacientes con factores de riesgo puede evitar complicaciones graves.

Evaluaciones estructurales periódicas. Un ecocardiograma cada ciertos años puede alertar sobre cambios en el tamaño o la función de las aurículas.

Seguimiento combinado. El paciente debe ser seguido por su cardiólogo general y, periódicamente, por un electrofisiólogo. La sinergia entre especialistas mejora el pronóstico.

Educación. Los pacientes deben saber que la ablación es un tratamiento eficaz, pero no infalible. Y que el tiempo puede cambiar las reglas del juego.

LO QUE LA INVESTIGACIÓN EXPERIMENTAL ESTÁ MOSTRANDO

Desde el laboratorio también llegan pistas. En modelos animales —particularmente en cerdos y perros— se ha observado que la zona donde se realizó la ablación puede sufrir un proceso llamado “reentrada eléctrica”: un tipo de alteración que permite que la arritmia regrese por caminos nuevos. También se ha visto que la fibrosis auricular no solo persiste, sino que puede progresar incluso sin actividad arrítmica evidente.

Estudios con resonancia magnética cardíaca y marcadores moleculares también sugieren que hay un componente inmunológico: tras la ablación, algunos pacientes generan una respuesta inflamatoria que podría activar la formación de tejido arrítmico años después.

¿Y ahora qué? ¿Fracaso o evolución? ¿Significa todo esto que la ablación no sirve? En absoluto. La ablación sigue siendo uno de los tratamientos más eficaces para la FA. Pero debemos entenderla como parte de un proceso, no como su punto final. Es una intervención que puede “reiniciar” el ritmo del corazón, pero no garantiza que el problema esté resuelto de forma definitiva.

Más bien, debemos verla como un hito en una enfermedad crónica. Igual que el paciente hipertenso no se cura con una pastilla, sino que necesita controles continuos, el paciente con FA tratada con ablación requiere vigilancia sostenida.

Doce años después de lo que parecía una victoria definitiva, la fibrilación auricular ha vuelto a tocar la puerta de muchos de nuestros pacientes. Como profesor y clínico, no puedo quedarme en silencio ante este fenómeno. Hay que decirlo con claridad, con evidencia y sin alarmismo: la fibrilación auricular puede regresar, y lo está haciendo.

Pero no todo es malo. Saberlo nos permite actuar. Nos obliga a construir sistemas de seguimiento más robustos, a dialogar con los pacientes con honestidad y a investigar con más profundidad los mecanismos que aún no comprendemos del todo.

En medicina, la verdadera sabiduría no está en cantar victoria, sino en seguir escuchando al cuerpo cuando creemos que ya lo hemos entendido. Porque a veces, como ocurre con el corazón, vuelve a hablar cuando menos lo esperamos. @mundiario

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