Cuando la ciencia vence al cáncer: 84 remisiones con un anticuerpo humanizado
En el convulso y doloroso mapa del cáncer, donde millones de personas siguen enfrentando diagnósticos devastadores, emerge una historia que desafía el pesimismo habitual. La llaman terapia inmunoablativa, y su nombre, aunque técnico, encierra una revolución silenciosa: extirpar tumores con las propias defensas del cuerpo, sin bisturí ni veneno. El protagonista de esta historia no es un cirujano ni un superordenador, sino un anticuerpo de ratón, modificado para trabajar como si fuera humano. Su nombre, dostarlimab, ya resuena como el nuevo símbolo de esperanza.
No es ciencia ficción. En el Centro Oncológico Memorial Sloan Kettering de Nueva York, un equipo de investigadores ha logrado lo impensable: hacer desaparecer el cáncer en 84 de 103 pacientes que compartían una mutación genética concreta. No se trata de un ensayo anecdótico. La mutación —deficiencia en la reparación de errores de emparejamiento— hace que ciertos tumores sean especialmente vulnerables a este tipo de inmunoterapia. Los resultados, publicados en la prestigiosa New England Journal of Medicine, son inequívocos: el 80% de los pacientes respondió con una remisión completa.
Detrás de estos números hay personas como Maureen Sideris, una jubilada de 71 años que habló con alegría a El País y sin rastro del cáncer gastroesofágico que estuvo a punto de arrebatarle la voz —y la vida—. “Me siento como si me hubiese tocado la lotería”, dice. No es exageración. Lo que esta terapia ha evitado —una operación de esófago, posible pérdida del habla, efectos secundarios agresivos— es el pan de cada día en los tratamientos convencionales.
Un cambio de paradigma
Pero ¿qué significa esto para el presente y el futuro? En primer lugar, que estamos ante un cambio de paradigma. Como bien dice la oncóloga Ana Fernández Montes, ajena al estudio, los pacientes se libran de tratamientos mutilantes y devastadores. La inmunoterapia, que empezó como una promesa teórica, ya no es una apuesta de laboratorio: es una realidad clínica que ofrece curación en algunos casos y calidad de vida en muchos más.
Por supuesto, el entusiasmo no debe cegar la cautela. El seguimiento en algunos tipos de tumor aún es corto, y el tratamiento no es barato: unos 50.000 euros por paciente. Pero como señala el oncólogo Luis Alberto Díaz, uno de los líderes del ensayo, evitar cirugías, quimioterapia y hospitalizaciones prolongadas no solo mejora la vida del paciente: también abarata a largo plazo el coste global de tratar el cáncer.
Dostarlimab no es un milagro, pero se le parece. No será una cura universal ni inmediata, pero marca el rumbo de lo que está por venir. Nos recuerda que, cuando la ciencia y la biotecnología trabajan al servicio del ser humano, los límites se diluyen. Y que, a veces, hasta un ratón puede salvarnos la vida. @mundiario


