Venezuela entra a un nuevo campo político tras las legislativas

El partido de gobierno en Venezuela ha perdido la mayoría legislativa por primera vez en su historia, cambiando los parámetros de la competencia político-partidista en ese país.

Nicolás Maduro.
Nicolás Maduro.

En una pasada contribución a MUNDIARIO, mencioné que la democracia ha sido definida una vez como un régimen en donde los partidos pierden elecciones. Se sobreentiende que los partidos que pierden son los de gobierno, como el de Venezuela. El pasado 6 de diciembre ocurrió exactamente eso, cuando el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) quedó desbancado de la mayoría legislativa de la que disfrutaba con creces durante 16 años, cediéndosela a la coalición de partidos de oposición conocida como Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Y el juego político en Venezuela ha cambiado sorpresivamente.

Con esta hazaña, la bancada opositora se pone ahora en posición de asumir potestades legislativas que los chavistas jamás pensaron que iban a tener que ceder. A cuáles de ellas la nueva mayoría tendrá acceso dependerá de cuántos legisladores la conformarán finalmente, pero incluso aquellas facultades que una mayoría simple de 99 diputados puede invocar y que ahora pasan a manos de la MUD – convocar referéndums sobre asuntos de interés nacional, censurar las decisiones del gobierno y ejercer funciones de control sobre este – no pasan desapercibidas para el sistema político chavista. La MUD ha dicho que ha elegido una mayoría calificada de dos tercios de la unicameral Asamblea Nacional (113 diputados de un total de 167), con lo cual podría además nombrar a los rectores electorales, sancionar leyes habilitantes, nombrar a los jueces del Tribunal Supremo de Justicia y hasta convocar una asamblea constituyente.

Pero sean cuales sean los números finales, si estas elecciones fueron un referéndum sobre Nicolás Maduro y su gobierno, como se ha dicho, es igualmente obvio que el juicio de los electores fue tajante y negativo. Los rencores ideológicos de siempre hicieron acto de presencia en la demanda, transmitida por las urnas, de que se liberen los presos políticos, pero el tema central ha sido cómo Maduro y su gobierno se han comportado en materia de seguridad y sobre todo en materia económica. Porque mientras los venezolanos votaban, la tasa de inflación se estima en 159% (la más alta del continente), el producto interno bruto disminuyó un 10% este año, el porcentaje de parados se proyecta en un 18.1% para el próximo año y las finanzas del estado todavía dependen de la siempre fluctuante renta petrolera. Y todo esto mientras esos mismos votantes continúan haciendo colas para comprar leche, arroz y otros alimentos básicos, de los cuales hay poco o nada en los anaqueles. Las injerencias imperialistas y/o la oligarquía reaccionaria continúan siendo los culpables de siempre e incluso se les responsabiliza por esta derrota electoral del PSUV. Sobre la verdadera razón, que es la incompetencia del gobierno, el PSUV ha ordenado siempre que se haga silencio, pero esta vez los votantes no le hicieron caso.

Es inevitable hacer comparaciones con la victoria de Mauricio Macri y el (aparente) final de la “era Kirchner” en Argentina. Las semejanzas son claras porque las historias de Macri y de la MUD representan una historia de agrupaciones políticas que antes estaban en desventaja ante gobiernos de la nueva izquierda latinoamericana y ahora han logrado ponerse al mismo nivel que ellos. Los gobiernos en cuestión no han sido barridos del mapa, pero ahora que sus oponentes en ambos países han logrado romper lo que era básicamente un monopolio controlado por la izquierda por más de una década, los gobiernos argentino y venezolano ya no pueden menospreciar a la oposición como antes. Los votantes que no comulgan con el peronismo y el chavismo existen. Y cuentan.

Sin embargo, existe una diferencia entre ambos casos: en Venezuela, la izquierda sigue en la jefatura del estado. Está por verse exactamente cómo Maduro y el PSUV jugarán el nuevo juego político que se avecina, pero considerando el historial de casuística legal por parte del gobierno venezolano, particularmente evidente en los últimos meses de vida de Hugo Chávez, no nos debe sorprender si el presidente Nicolás Maduro y los suyos logran conseguir algún subterfugio para escapar de los controles parlamentarios o mantener en sus puestos a los funcionarios que presumiblemente serán cesados por la nueva mayoría parlamentaria. Como mínimo, Telesur ha dicho ya que la MUD tiene una agenda legislativa que representa “un sustancial retroceso en materia de derechos para el pueblo”. En fin, si el chavismo se sintió asediado durante sus 16 años de control ininterrumpido del sistema político venezolano, ahora debe sentirse arrinconado y querrá defenderse como gato de espaldas. Una cosa es decir en cadena nacional que el gobierno reconoce los resultados de esta elección y otra muy diferente es compartir el poder con unos opositores a quienes no respeta. Los hechos siempre valen más que las palabras.

La MUD sabe que tiene que mantener su cohesión interna para poder mantener su impulso

La MUD puede ahora afrontar el próximo ciclo electoral con nuevos bríos y la confianza que le da saber que puede ganar elecciones importantes. No obstante, también tiene que demostrar que puede y quiere gobernar. Con la economía en situación precaria, la bancada de la MUD no puede limitarse a purgar al sistema político. También tiene que promover soluciones eficaces e inmediatas al problema de las carestías y la inflación, los cuales tienen un impacto más directo y cotidiano en los ciudadanos que el conflicto ideológico, aun teniendo relación con él. En adición, la MUD sabe que tiene que mantener su cohesión interna para poder seguir siendo una fuerza política y mantener su impulso. Por algo se denominan Mesa de Unidad Democrática. Y cabe señalar que la vía electoral defendida por la MUD tuvo un éxito mayor ante el chavismo que la vía de la confrontación promovida por Leopoldo López, María Corina Machado y “La Salida”. Por eso nos preguntamos si unos y otros podrán sumar sus fuerzas de cara al futuro.

Pero de que ahora Maduro y su gobierno han sido forzados a tratar de tú a tú con sus opositores es indudable. Y esta no será una feliz Navidad para los que siguen creyendo en el chavismo.

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