Cremas, mentiras y cintas de vídeo en el caso Cristina Cifuentes

Cristina Cifuentes. / Mundiario
Cristina Cifuentes. / Mundiario

Quizá la conducta de Cristina Cifuentes sea el claro ejemplo de una vida en política basada en la ansiedad permanente.

Cremas, mentiras y cintas de vídeo en el caso Cristina Cifuentes

El caso Cifuentes demuestra una vez más en lo que se ha convertido la política española desde los últimos años del felipismo, en los que el socialismo dejó de ser la utopía de los desclasados para revelarse como una militancia inspirada en las corruptelas.

El PP siguió imitando un modelo de administración de las instituciones donde la partitocracia estaba por encima de la gestión política y no exenta de otras podredumbres. Como decía el maestro Umbral en tiempos de Aznar: "Parecen socialistas".

El final de Cristina Cifuentes ha sido el más morboso que hayamos conocido hasta ahora. "Morboso" proviene del latín "morbidus" que significa "enfermedad" o "que causa enfermedad".

Es difícil asimilar que la adalid de un PP que luchaba contra los corruptos de antaño, extremadamente pijo y coqueto en las formas, y en los escenarios, sea la misma mujer que hemos visto en una cinta de vídeo, amonestada por un guarda jurado en un supermercado de periferia.

 Aunque lo más grave, por parte de la Presidenta del PP de Madrid, sigue siendo la acreditación de pruebas falsas sobre un máster que nunca cursó, considero que el supuesto robo de las cremas no se queda a la zaga.

La conducta de Cifuentes es el reflejo de una vida sometida a una ansiedad permanente y a un estrés difícilmente superable, cuando se sobrevive dentro de un partido a la espera de ser erradicado y  a la espera también de dar caza a quien puede depredarte.

Están machacados. Se les ve en la cara, aunque lo disimulen. Envejecen antes de tiempo. Son carne de Orfidal y Tranquimazin. Pero siguen adelante. Porque el poder es adictivo y llevan años persiguiéndolo a fuerza de la extorsión y el chantaje.

Los excesos, el exhibicionismo, las adicciones, las parafilias, las mentiras, las cintas de vídeo  o el robo "involuntario" de dos cremas son el resultado de unas psicologías que, desde su más tierna infancia, se han ido erosionando por luchas y aquelarres fratricidas.

¿Quién nos gobierna? No es el primer sociólogo que habla de la psicopatía en los políticos.

Siento vergüenza ajena al ver una y otra vez esas imágenes. Pero siento miedo al pensar en quién ha podido ser el responsable de esa canallada. Posiblemente alguien que roba bisutería en El Corte Inglés o ese concejal que alguna vez hemos visto echar monedas a una tragaperras con el fervor y entusiasmo de un niño.

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