Se imponen las ruedas de prensa sin preguntas que revelan la pérdida de calidad democrática

Tal como están las cosas, la objeción del profesional podría suponer su inmolación laboral. La política y el periodismo, tan cerca y tan lejos.
Se imponen las ruedas de prensa sin preguntas que revelan la pérdida de calidad democrática

 Únicamente dos preguntas en la rueda de prensa de Berlín

La pérdida de calidad democrática en este país tiene un fiel reflejo en las actuaciones que vienen protagonizando los políticos en sus comparecencias teniendo como sujetos pasivos a los periodistas. Estos días de atrás veíamos como saltaba el debate en las redes sociales sobre la actitud que deberían de tomar los profesionales de la comunicación ante el anuncio de que Rajoy haría su discurso en abierto, pero sin posibilidad de interacción de los periodistas.

Muchos tuiteros instaron al boicot y animaron desde sus cuentas a la inasistencia. Era una reacción de rabia alimentada por las circunstancias especiales que vive España, envuelta en el manto de la corrupción y herida de ala por la crisis económica que ahoga a las capas trabajadoras y deja intocables a los que nadan en la abundancia. El propio Rajoy, en su visita a Berlín, sólo permitió a los periodistas dos preguntas. No hace mucho, hemos sido testigos todos los españoles como se llevaba a cabo una entrevista supuestamente pactada con el Jefe del Estado, el Rey Juan Carlos I, al que Jesús Hermida ¡vaya! maestro de periodistas, se prestó inexplicablemente a bailarle el agua, ignorando en el diálogo los temas de candente actualidad como el proceso que se sigue contra el yerno Urdangarín o el escándalo de Botsuana a raíz del cual S.M. invocó un histórico perdón al pueblo español. 

Escribir al dictado 

Y, por redondear este rosario de malas prácticas, las ya habituales ruedas de prensa sin preguntas, que son la negación del periodismo y la cara más dura de un despotismo que no tienen rubor alguno en exhibir tanto tirios como troyanos, es decir, dirigentes del PP como del PSOE. Citar a los periodistas para dictarles el discurso poniéndoles la mordaza no es más que -disculpen la metáfora- una reminiscencia onanista de quien gusta de escucharse a si mismo en presencia de profesionales del periodismo que, en definitiva, son llamados para escribir al dictado o para que actúen de meros copistas como alguna asociación de prensa los ha calificado en el contexto de la denuncia de estos reprobables hábitos.

Para terminar, volvemos al principio con el objetivo de romper una lanza en favor de estos compañ[email protected] a los que en algunos casos se les atribuye la facultad de asistir o no a estas comparecencias y sobre esa hipótesis se les critica por el hecho de que concurran. 

La responsabilidad 

Quien tiene la responsabilidad es el medio. Tal como están las cosas, la objeción del profesional podría suponer su inmolación laboral. Otra cosa es como se ponen de acuerdo los editores para boicotear un acto de las características mencionadas. Hay que hacer constar, no obstante, que en el último caso de la comparecencia en abierto de Rajoy hubo medios digitales, que constituyen la honrosa excepción, que no acudieron y, además, hicieron público su posicionamiento.  

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