Pedro Sánchez reorganiza el partido mientras la coalición se resquebraja
Pedro Sánchez encara, quizá sin margen de maniobra, una tormenta política que amenaza con sacudir los cimientos de su liderazgo. El Comité Federal del PSOE convocado para este sábado podría haberse concebido como una cita de relanzamiento, pero ha terminado convertido en una operación de contención. Los cambios que se aprobarán en la dirección del partido —ya comunicados a varios miembros de la actual Ejecutiva— responden tanto a imperativos estatutarios como a una necesidad apremiante de distanciar al PSOE del escándalo que ha supuesto el ingreso en prisión de Santos Cerdán, hasta hace poco secretario de Organización y figura clave en las negociaciones con los socios de Gobierno.
Lejos de ser un ajuste administrativo, esta reestructuración desnuda las tensiones internas del socialismo español. Los dirigentes regionales, especialmente desde Andalucía, llegan a la cita con el gesto torcido, entre la desilusión y el escepticismo. El descrédito provocado por el caso Cerdán no es solo reputacional: desvela la fragilidad de un proyecto político que ha basado parte de su estabilidad en una red de interlocutores ahora cuestionada. La incapacidad para ofrecer un horizonte claro —ni elecciones, ni congreso extraordinario, ni presupuestos sólidos— es síntoma de un liderazgo encerrado en sí mismo.
El núcleo más próximo a Santos Cerdán se despide de la cúpula del PSOE, en concreto del área de Organización, tradicionalmente el centro de poder más influyente dentro del partido. Pedro Sánchez ha decidido adelantar la renovación de la dirección socialista apenas dos días antes del comité federal convocado tras el estallido del caso que salpica a Cerdán, una presunta trama de corrupción en la que también figuran los nombres de José Luis Ábalos y Koldo García. El ex secretario de Organización ingresó el lunes en la prisión de Soto del Real.
Entre los dirigentes que abandonarán sus cargos están Juan Francisco Serrano, mano derecha de Cerdán en Ferraz, y Javier Cendón, líder del PSOE en León y miembro del reducido grupo de diputados que se mantuvo fiel al ex número tres del partido en el Congreso. Según varias fuentes consultadas por El País, estos movimientos forman parte de la remodelación que Sánchez prevé proponer este sábado por la mañana, justo antes de que el comité federal se reúna para ratificar los cambios.
El PP toma medidas
Mientras tanto, el Partido Popular, lejos de limitarse a observar el desgaste del adversario, reestructura su organigrama con movimientos simbólicos: Feijóo ha nombrado a la eurodiputada Alma Ezcurra como nueva vicesecretaria de Coordinación Sectorial, una designación que refuerza el perfil tecnocrático y europeo del PP en contraste con el lodo en el que chapotea la política nacional.
Miguel Tellado, secretario general del PP, ha dado por concluidas sus conversaciones con los socios de Sánchez con una frase que resuena con fuerza: “Nadie se mueve”. Pero lejos de ser una muestra de solidez, lo que transmite es la sensación de un bloque de Gobierno atrapado en su propia aritmética parlamentaria. Cada aliado mantiene su apoyo, sí, pero a cambio de un precio político que no deja de subir. Lo sabe Tellado, lo sabe Sumar y lo sabe especialmente Pedro Sánchez.
¿Qué hacen los socios del Gobierno?
La líder de Sumar, Yolanda Díaz, ha elevado el tono y la exigencia: o hay medidas antes del 9 de julio, o Sánchez no contará con el respaldo del espacio que ella representa. Sus declaraciones, aunque envueltas en retórica regeneracionista, dibujan una fractura difícil de ocultar: Sumar comienza a tomar distancia del PSOE y a marcar perfil, consciente de que el coste de seguir apareciendo como escudero del presidente puede ser alto.
El caso Cerdán ha sido la gota que ha colmado el vaso. Arnaldo Otegi, desde EH Bildu, no ha dudado en reconocer que el exsecretario de Organización fue el interlocutor más importante de su formación con el PSOE. Un reconocimiento que, más que un halago, actúa como advertencia: la arquitectura parlamentaria construida con precisión desde Ferraz pende ahora de un hilo. Sin Cerdán, no está claro que el mecanismo de pactos y apoyos pueda seguir funcionando con la misma eficacia.
En este contexto, Pedro Sánchez se enfrenta a una paradoja cruel: los cambios que emprende en el partido para cumplir con los estatutos y lavar la imagen del PSOE pueden debilitar aún más su autoridad interna. El Comité Federal del sábado será, en el mejor de los casos, una tregua temporal. En el peor, el inicio de un lento desmoronamiento.
España asiste así a un momento de inflexión en su política nacional. La expectativa de regeneración democrática, tantas veces anunciada, no se ha traducido aún en decisiones que rompan con la opacidad, el clientelismo o el inmovilismo. Y mientras los votantes observan con creciente desafección, la clase política sigue instalada en sus rutinas de poder.
El problema ya no es solo la corrupción o la debilidad institucional. Es también la falta de relato, la erosión del liderazgo y la pérdida de credibilidad. Pedro Sánchez aún tiene margen para reaccionar. Pero el tiempo, cada vez más, juega en su contra. @mundiario